El movimiento obrero en España en el siglo XIX: huelgas, asociacionismo y la Primera Internacional
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El movimiento obrero en España durante el siglo XIX
Los primeros movimientos obreros. Mientras que para algunos el crecimiento industrial y agrario compartió grandes beneficios, para otros no. En consecuencia, las luchas sociales se intensificaron a lo largo del siglo XIX.
El nacimiento del movimiento obrero
La primitiva legislación liberal no contemplaba ningún tipo de normativa que regulara las relaciones laborales y prohibía explícitamente la asociación obrera, porque se consideraba contraria a la libertad de contratación. Ante esta situación, las primeras manifestaciones de protesta obrera contra el nuevo sistema industrial adquirieron un carácter violento.
En 1820, el ludismo fue la primera rebeldía obrera contra la introducción de nuevas máquinas, a las que se responsabilizó de la pérdida de puestos de trabajo y descenso de jornales. El incidente más relevante fue en 1835, el incendio en la fábrica Bonaplata de Barcelona, el primer vapor que funcionó en España. Sin embargo, los trabajadores comprendieron que el origen de sus problemas no eran las máquinas, sino las condiciones de trabajo que imponían sus propietarios.
Por tanto, la protesta obrera se fue centrando en las relaciones laborales, y en la lucha hacia la defensa del derecho de asociación y la mejora de las condiciones de vida y trabajo. Surgió así un primer embrión de asociacionismo obrero para defender sus intereses. A partir de entonces, el movimiento asociacionista obrero se extendió, creando sociedades mutualistas, a las que los obreros asociados entregaban una cuota para asegurarse una ayuda en caso de desempleo, enfermedad o muerte.
El asociacionismo se expandió por muchas lugares de España y significó la extensión de las reivindicaciones obreras, sobre todo referidas al aumento salarial y a la disminución del tiempo de trabajo.
Las huelgas
Las huelgas fueron un instrumento usado cada vez más para presionar ante los patronos. Por ello, las sociedades obreras crearon un fondo para ayudar a los obreros en huelga, llamadas cajas de resistencia.
Los conflictos huelguísticos proliferaron entre 1840 y 1850, tanto en las ciudades como en el campo, y se produjeron movimientos reivindicativos en Madrid, etc. Pero el hecho de mayor trascendencia fue la primera huelga general en 1855. Su origen fue en Barcelona como reacción a unas nuevas máquinas hiladoras que dejaron a muchos sin trabajo.
Las revueltas agrarias
Los conflictos y revueltas agrarias fueron constantes en el siglo XIX. El aumento de la población agraria asalariada, sin un crecimiento paralelo del trabajo y los recursos, provocó un grave problema social.
En 1840, unas manifestaciones y ocupaciones de tierras agitaron el campo andaluz, donde el jornalerismo era mayoritario y los años de malas cosechas provocaban situaciones de hambre crónica y sumían en la miseria a miles de campesinos. Ante esto, se produjeron quemas de cosechas y matanzas de ganado.
El problema se agravó en 1855, con la desamortización de los bienes comunales de los municipios, pues estas tierras de aprovechamiento común pasaron a manos privadas. Como consecuencia se produjeron más levantamientos campesinos, que fueron duramente reprimidos por el ejército y la Guardia Civil.
Socialismo utópico y republicanismo
El movimiento obrero y jornalero primitivo se vio potenciado cuando sus reivindicaciones fueron apoyadas por doctrinas como el socialismo, en sus diversas manifestaciones. La primera de ellas fue el llamado socialismo utópico, que pretendía crear sociedades igualitarias, con propiedad colectiva y reparto equitativo de la riqueza, y acabar con las injusticias de la sociedad liberal.
Esas ideas prendieron con fuerza entre los círculos más concienciados de los asalariados españoles, tanto en la ciudad como en el campo. La entrada de las doctrinas socialistas en España se produjo gracias a la difusión del pensamiento de los socialistas utópicos franceses. La figura más notable del socialismo español fue Joaquín Abreu. Desde Andalucía, el socialismo llegó a Madrid y Barcelona, donde surgió un núcleo de saintsimonianos alrededor de Felipe Monlau y otro de cabetianos.
Hubo bastantes escritores, sobre todo republicanos, que difundieron el socialismo y el cooperativismo mediante libros y prensa. En cuanto a la política, el primitivo obrerismo español estuvo muy ligado al republicanismo federal. Cuando a partir de 1868 se concedió el sufragio universal masculino, los obreros votaron sistemáticamente por el republicanismo, al considerarlo la opción más favorable a sus aspiraciones sociales. Por la falta de un respaldo político y la insatisfacción de una buena parte de sus reivindicaciones, condujeron a importantes sectores del obrerismo hacia las nuevas ideologías internacionalistas.
El nacimiento del internacionalismo
La AIT
La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) fue una organización creada en 1864 en defensa de la emancipación de la clase obrera, que agrupaba diversas asociaciones obreras, tanto de signo socialista como anarquista.
La llegada de la Internacional a España
Tras el triunfo de la Revolución de 1868, llegó a España un enviado de la AIT, Fanelli, que viajó a Madrid y Barcelona para crear los primeros núcleos de afiliados a la Internacional, en los que tomaron parte dirigentes sindicales. Fanelli, que era miembro de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, difundió los ideales anarquistas como si fuesen los de la AIT. Así, los primeros afiliados españoles a esta organización pensaron que el programa de la Alianza se basaba en los principios generales de la Primera Internacional, fenómeno que ayudó a la expansión y arraigo de las ideas anarquistas entre el proletariado catalán y el campesinado andaluz.
A partir de 1869, las asociaciones obreras se expandieron por toda España. Los núcleos de mayor importancia fueron los de Madrid, Barcelona, Levante y Andalucía.
El primer congreso de la Federación Regional Española de la AIT se celebró en Barcelona, y allí se adoptaron acuerdos claramente concordantes con la línea anarquista del obrerismo. Se definió la huelga como el arma fundamental del proletariado, así como su apoliticismo y la realización de la revolución social por la vía de la acción directa.
La crisis y escisión en la FRE
En 1871, impulsaron al grupo de internacionalistas madrileños favorables a las posiciones marxistas. Este grupo desarrolló una amplia campaña a favor de la necesidad de la conquista del poder político por la clase obrera. Las discrepancias entre las dos corrientes internacionalistas culminaron en 1872 con la expulsión del grupo madrileño de la FRE y con la fundación de la nueva Federación Madrileña, de carácter netamente marxista. El núcleo socialista escindido fue minoritario debido a que la mayoría de las organizaciones integradas en la AIT mantuvieron su primitiva orientación bakuninista.
El internacionalismo tuvo su momento álgido durante la Primera República, cuando diversos grupos de anarquistas adoptaron una posición insurreccional para provocar la revolución y el derrumbe del Estado. Tras el fracaso de estos levantamientos, la FRE de la AIT perdió fuerza, y su declive definitivo tuvo lugar a partir de 1874, cuando el nuevo régimen de la Restauración la declaró ilegal, obligándola a organizarse en la clandestinidad.