El Mito de la Caverna: Interpretación Ontológica, Antropológica y Política
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Los prisioneros y las sombras
Para interpretar correctamente esta pareja de nociones, debemos acudir a los diferentes niveles de significación que suscita el propio mito de la caverna.
Perspectiva ontológica
Desde la perspectiva ontológica, la caverna nos remite al mundo sensible, un escenario de segundo orden, una copia de la auténtica realidad que está fuera de la caverna y representa el mundo inteligible. Los prisioneros representan a los seres humanos que viven en la realidad sensible, sin saber que esta no es más que un mundo de sombras.
Concepción antropológica
Este dualismo ontológico se corresponde con la concepción antropológica platónica, que entiende al hombre formado por cuerpo y alma, siendo el alma lo que propiamente es el hombre. Los prisioneros nos remiten al alma atrapada en el cuerpo (como ellos lo están en el interior de la caverna), representando las sombras el mundo de la sensibilidad, impuro y material, en el que se encuentra como arrojada el alma durante su vida terrenal, lejos del mundo de las ideas, su auténtica morada.
Consideración gnoseológica y política
Atendiendo a la consideración gnoseológica, lo único que pueden ver los prisioneros, las sombras, simbolizan el conocimiento sensible, en el que hay más engaño y ocultación que verdad, por lo que no pueden tener auténtico conocimiento (ciencia), sino solo opinión, el falso saber de las apariencias representado por los sofistas.
- Las cadenas: se refieren a la ignorancia que nos esclaviza a lo puramente sensible.
- La liberación: es entendida como un arduo y esforzado proceso educativo, en el que el prisionero, partiendo de esas sombras, pasará por las percepciones de los objetos sensibles y, una vez fuera de la caverna, intuirá los conceptos matemáticos hasta llegar al conocimiento de las ideas, lo que supondrá la auténtica liberación.
Esto nos lleva a la pasión de Platón: la política. Los prisioneros representan a los ciudadanos de Atenas, que son engañados y seducidos por la demagógica persuasión sofística, a la que se refieren las sombras de la caverna. Frente a esta situación se erige la figura de Sócrates, que guía a los hombres hacia la verdad, liberándolos del engaño, siendo esta la sagrada misión del filósofo: continuar la tarea que emprendió, aun a riesgo de perder la vida.