El Límite del Lenguaje y la Realidad: Conceptos Clave en la Filosofía de Wittgenstein
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LUDWIG WITTGENSTEIN: El Mundo, el Lenguaje y lo Inexpresable
I. La Realidad y los Límites del Lenguaje
En “lo que hay”, distinguimos dos regiones fundamentales:
- El conjunto de cosas de las que se puede hablar.
- El conjunto de “cosas” de las que no se puede hablar.
A esta segunda región pertenece la estructura lógica del mundo. De ella no se puede hablar, pero se muestra en el lenguaje (las proposiciones no pueden figurar su propia forma lógica, ya que tendrían que estar fuera de la lógica). Además, en esta región se encuentran los objetos tradicionales de la metafísica: el sujeto o yo metafísico, los valores morales y estéticos, y lo místico (Dios).
Si intentamos expresar estos objetos metafísicos mediante el lenguaje, obtenemos proposiciones sin sentido. El lenguaje y el pensamiento no son el medio adecuado para acceder a ellas; se nos hacen presentes mediante una experiencia directa no verbal, al modo en que captamos la “verdad” o el “mensaje” estético en las obras de arte.
El Ámbito de lo Expresable
En cuanto al conjunto de cosas de las que se puede hablar, podemos decir que su límite coincide con el límite del lenguaje. La Realidad es el ámbito de lo que se puede hablar o el conjunto de hechos posibles a los que corresponde el conjunto de proposiciones con sentido. De esta manera, el Mundo es el conjunto de hechos que acaecen.
Los hechos son realidades complejas y a ellos se refieren las proposiciones complejas, las cuales constan de estados de cosas o hechos atómicos (simples), que se expresan mediante las proposiciones atómicas. Los objetos son los componentes últimos de la realidad, y el lenguaje los expresa mediante los nombres.
Wittgenstein llama hecho a “lo que acaece”, a todo lo que se da en el tiempo. Sin embargo, en el mundo no existen vínculos causales, solo hay meras sucesiones de hechos. Los hechos atómicos son lógicamente independientes: de la existencia de un hecho no se puede deducir lógicamente la existencia de otro (son contingentes).
II. Lo Trascendental y la Experiencia Mística
Más allá del mundo, en su límite, encontramos ciertas “entidades” como la estructura lógica del mundo, el yo o sujeto metafísico, y los valores morales y estéticos. Ya fuera del mundo se encuentra “lo místico”, es decir, Dios.
Lo Trascendental
Al conjunto de “entidades” que son condiciones de posibilidad no empíricas, Wittgenstein lo llama lo Trascendental. Estas son:
- La Lógica y la Estructura Lógica: Es el marco en el que está presente el mundo y su límite.
- El Yo o Sujeto Metafísico: No coincide con el yo que se ofrece en nuestra experiencia (el yo empírico), ya que es el sujeto ante el que se hace presente el mundo.
- Los Valores Morales y Estéticos: No se pueden describir con enunciados empíricos.
Del mundo moral y estético no se puede hablar; sin embargo, dicho mundo existe y se muestra en nuestra vida. Por ejemplo, la ética no cambia los hechos del interior del mundo, sino sus límites: la buena voluntad sitúa al sujeto ante un mundo con un significado distinto.
Lo Místico (Dios)
Wittgenstein llama “lo místico” al sentimiento que nos vincula con el mundo de la religión, los valores absolutos y Dios. Este no se revela en el mundo, no es una experiencia cognoscitiva, sino un sentimiento. Aunque lo místico no se puede demostrar ni describir con el lenguaje, existe y se muestra por sí mismo.
III. La Filosofía como Actividad Delimitadora
La filosofía, entendida de un modo correcto, no es una doctrina, sino una actividad. Las tesis filosóficas legítimas (por ejemplo, las del Tractatus) no tienen sentido ni quieren decir nada sobre la realidad, pues la única realidad es la empírica, y de ella solo cabe el conocimiento empírico o el científico.
El límite de lo que se puede conocer es el límite del sentido. Por lo tanto, el mundo empírico es el ámbito de la realidad con sentido, y lo que se puede pensar se puede expresar mediante el lenguaje.
La única tarea legítima de la filosofía es delimitar lo pensable y, con ello, lo impensable. En Wittgenstein encontramos una actitud más parecida a la kantiana que a la de la corriente neopositivista. Lo metafísico se muestra, pero no se puede contar. De lo metafísico solo cabe el silencio:
“De lo que no se puede hablar, mejor es callarse.”