Lenguaje, Sentido y Mundo en Wittgenstein
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Wittgenstein entiende la filosofía como crítica al modo kantiano, pero aquí como crítica del lenguaje. Si Kant pretendió delimitar con precisión lo que puede conocerse, frente a lo que sólo puede pensarse, Wittgenstein pretende delimitar lo que puede ser dicho con sentido, frente a lo que no puede decirse y que, en todo caso, puede sólo mostrarse. El lenguaje sólo posee significado en su función descriptiva, cuando describe hechos del mundo y en este respecto se da un perfecto isomorfismo entre la estructura lógica del lenguaje y la realidad.
Los límites del lenguaje
El ámbito del sentido de la vida, de la ética y de la estética queda fuera del ámbito de lo decible, lo que, como en Kant, conduce a superar todo dogmatismo, pero, al mismo tiempo, abre el camino a cualquier forma de irracionalismo. Insistiendo en el paralelismo con Kant, los únicos datos que tenemos del mundo son los datos de la experiencia, a partir de ellos y mediante el lenguaje construimos el mundo gracias a su estructura lógica, que precisamente por ello es trascendental, porque perteneciendo al lenguaje tiene valor cognoscitivo sólo cuando se aplica a interpretar los datos de experiencia construyendo con las proposiciones los hechos del mundo y entre todos ellos el mundo, mi mundo, cuyos límites coinciden, por tanto, con los límites de mi lenguaje. Del mismo modo que el ojo no puede verse a sí mismo, el lenguaje no puede decir la forma lógica. En otras palabras, no se puede decir o demostrar qué constituye la forma lógica y por qué ésta es común a los hechos del mundo, esto es, por qué una proposición tiene sentido, es lógica o no lo es, o por qué un hecho ilógico es imposible. Para ello tendríamos que salirnos de la lógica y juzgarla desde fuera de ella, pero ello es imposible. La lógica es el límite, es la condición del lenguaje y del mundo, es trascendental. La lógica no puede decirse a sí misma, se muestra en lo dicho. En este sentido el Tractatus niega la posibilidad de todo metalenguaje, es decir, de un lenguaje que hable acerca del lenguaje, con las consiguientes repercusiones en el mismo. Las proposiciones del Tractatus son sinsentidos, como los de la metafísica. Cumplen, sólo, una función aclaratoria, sirven como peldaños de una escalera, que tras subir por ella, una vez llegado arriba, debe tirarse. Para poder representar la forma lógica, deberíamos situarnos con la proposición fuera de la lógica, es decir, fuera del mundo.
Ética, estética y metafísica
¿Qué decir de disciplinas filosóficas tan importantes como la estética, la ética o la metafísica? A las cuestiones referidas al sentido de la vida y a las cuestiones relativas a la estética y a la ética, que son las que verdaderamente interesaban a Wittgenstein, dedica muy brevemente las últimas páginas del Tractatus, ya que estas cuestiones están más allá de lo que puede expresarse con el lenguaje, de lo que puede ser considerado verdadero o falso. La ética y la estética no describen el mundo, tratan sobre valores, y, por tanto, pretenden establecer, en todo caso, cómo debería ser; la cuestión del valor, y por tanto, de la ética y la estética no puede expresarse, pues no se trata de hechos que acaecen. Estas cuestiones pertenecen al ámbito de la voluntad, pero no al de la voluntad como fenómeno, aspecto que sólo interesa a la psicología, sino al de la voluntad como sujeto de la ética, al ámbito de la voluntad buena o mala que afecta, en todo caso, al modo en que cada uno vive el mundo, pero no a los hechos, a “lo que puede expresarse mediante el lenguaje”.
Lo místico
En este contexto aparece lo que necesariamente queda fuera del ámbito de lo decible y, en consecuencia, de lo pensable, el ámbito de lo místico. Aunque no explica qué quiere significar con este concepto, parece, por una parte, que lo místico es aquello de lo que carecería de sentido manifestarse, lo que no puede ser descrito ni pensado, porque desborda los límites del lenguaje, y que, por otra parte, está asociado al sentimiento, un sentimiento que el lenguaje puede mostrar, pero no decir. Las cuestiones últimas que tradicionalmente habían sido objeto de la metafísica caen bajo el indeterminado campo de lo místico. Lo extraordinario no es el que el mundo sea de éste o de aquel modo, sino el que exista en absoluto, es decir, la vieja y radical pregunta: ¿por qué existe algo y no más bien nada? Para poder contemplar el mundo como un todo limitado tendríamos que salirnos de los límites del mundo, pero los límites de éste son los de la lógica y éstos son infranqueables. No puede haber pensamiento del mundo como un todo, sólo puede pensarse lo que puede decirse. La imposibilidad del deseo metafísico de conocer el mundo como un todo radica en la estructura lógica del lenguaje. Ahora bien, si el pensamiento, y con él el lenguaje (la razón), no pueden salirse de los límites de la lógica, existe el sentimiento, el ámbito de la voluntad, que puede mostrar, más allá del lenguaje, el enigma de la vida.