Kant: Crítica de la Razón Pura — Sensibilidad, Entendimiento y Razón

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Crítica de la Razón Pura

Conocemos gracias a la unión de la sensibilidad, el entendimiento y la razón. En la obra se explica el funcionamiento de cada una de estas facultades en los tres apartados principales, llamados estética trascendental, analítica trascendental y dialéctica trascendental.

a) La sensibilidad: espacio y tiempo

La estética trascendental estudia las formas puras de la sensibilidad. Explica cómo son a priori —o sea, puros, sin mezclarse con los datos de la experiencia—; no son propiedades de las cosas, sino condiciones que necesitamos para poder percibirlas. Es posible percibir de dos maneras:

  • La sensibilidad externa permite que tengamos percepciones del mundo exterior.
  • La sensibilidad interna nos permite captar intuiciones sucesivas internas, en las que percibimos estar localizados en un punto concreto del espacio y situados en un momento concreto del tiempo.

El espacio y el tiempo son estructuras mentales previas a cualquier forma de conocimiento. Nuestro conocimiento sensorial procede de la materia prima y del elemento formal de la sensibilidad. Los fenómenos son el resultado de la manera en que los humanos ordenan sus impresiones sensibles. Nunca relacionamos el color, el volumen y la forma que tenemos delante como características propias de la cosa en sí, por ejemplo del libro que vemos, aunque lo viésemos miles de veces. Kant aplica su análisis de la sensibilidad a las matemáticas: la geometría estudia el espacio y la aritmética el tiempo.

b) El entendimiento: las categorías

La analítica trascendental explica cómo, mediante intuiciones empíricas, se produce el fenómeno como resultado de unir el caos de sensaciones del espacio y del tiempo. Los fenómenos son así representaciones creadas por nuestra sensibilidad, que el sujeto recibe pasivamente, pero que no puede comprender por sí sola. Esta es la función del entendimiento: pensar los fenómenos.

El entendimiento trabaja a partir del producto de la sensibilidad: los fenómenos. Este elemento material se ordena gracias al elemento formal: las categorías o conceptos puros. Las categorías son la estructura lógica que el entendimiento emplea para conocer las leyes del pensamiento. Para comprender los fenómenos, tenemos que ser capaces de referirlos a un concepto mediante un juicio.

El concepto es la síntesis de todas las representaciones que tenemos de un objeto. Pero los conceptos no se refieren directamente al objeto, sino a una intuición o a otro concepto; por eso decimos que son mediatos. Las intuiciones se refieren directamente al objeto, son inmediatas, y por eso no pueden pensarse, al carecer de conceptos. Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas.

El conocimiento surge como resultado de unir un contenido empírico de las intuiciones con una categoría o concepto que permite comprenderlo. El resultado de asignar a los fenómenos una categoría es el concepto empírico. Existen dos tipos de conceptos: categorías o conceptos puros, y los conceptos empíricos (por ejemplo: vegetal, lápiz). Los conceptos empíricos son la imagen de las cosas. El noúmeno, lo que la cosa es en sí misma, no es comprensible.

No podemos pensar sin unir fenómenos y conceptos: conocer el noúmeno sería pensar sin conceptos, algo imposible. Las categorías se aplican a los distintos fenómenos para ordenar todos sus datos y existe una por cada tipo de juicio lógico. Las categorías son necesarias para poder comprender los fenómenos; permiten unificarlos y ordenarlos. Pero hay algo en común: la persona es la que piensa; las categorías ordenan los fenómenos, pero la conciencia les da unidad.

La física posee un conocimiento elaborado a partir de juicios a priori; analiza la naturaleza gracias a conceptos puros. El conocimiento de causa, por ejemplo, es crucial para la física, ya que es imprescindible para relacionar los fenómenos que acontecen.