Hispania Antigua: La Profunda Huella de Roma y el Legado Visigodo en la Península Ibérica

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La Romanización en la Península Ibérica: Un Proceso Transformador

Por romanización se entiende la asimilación de la cultura y las formas de vida romanas por parte de los pueblos conquistados.

La Conquista Romana de Hispania

La conquista de la Península Ibérica por Roma forma parte de las luchas que Roma y Cartago sostenían por la hegemonía comercial en el mundo antiguo y por el control del Mediterráneo central y occidental. Durante la II Guerra Púnica (218-206 a.C.), la Península se transformó en el campo de batalla. Cartago perdió la guerra y la República Romana se anexionó parte del territorio peninsular.

La penetración al interior chocó con una fuerte resistencia, como las guerras celtíberas. En la segunda etapa de la conquista, los romanos se hicieron con toda la Península, excepto la cornisa cantábrica. La tercera y última etapa fue la que Augusto protagonizó en el norte, durante las llamadas guerras cántabras (29-19 a.C.). Los romanos llamaron a la Península Hispania.

Aspectos Clave de la Romanización

Desde el principio del dominio romano, la creación de ciudades fue constante. La región más urbanizada fue la Baética. En la costa mediterránea destacaban ciudades como Cartago Nova y Saguntum. Esta red urbana estaba enlazada con numerosas calzadas.

Organización Social y Jurídica

Desde el punto de vista jurídico, la población estaba dividida en:

  • Libres y esclavos
  • Ciudadanos y no ciudadanos

Esta última diferencia terminó en el año 212 d.C., cuando el emperador Caracalla concedió la ciudadanía a todos los súbditos del imperio.

Economía y Cultura

Desde el punto de vista económico, se cultivaba el olivo, el trigo, entre otros productos. Se adoptó la lengua latina y gran parte del Derecho Romano.

Es importante destacar que la romanización no fue homogénea. El norte de la Península conservó su lengua, costumbres y creencias.

Las Invasiones Bárbaras y la Entrada de los Visigodos en Hispania

Desde mediados del siglo III, importantes contingentes de personas procedentes de fronteras exteriores del Imperio Romano fueron penetrando en su seno. Francos, germanos, ostrogodos y hunos se establecieron en algunas provincias imperiales; mientras, vándalos, alanos, suevos y visigodos recorrían la Península Ibérica.

Unos grupos buscaban tierras donde establecerse, mientras que otros, los visigodos, penetraban en Hispania como pueblos federados o aliados de los emperadores romanos. Hacia mediados de aquel siglo, ya no quedaban ni tropas ni funcionarios en Hispania, y los visigodos actuaban por cuenta propia contra suevos, vándalos y alanos.

El Establecimiento del Reino Visigodo

En el año 509, los visigodos fueron expulsados de Tolosa por los francos (Batalla de Vouillé) y pasaron en masa a Hispania.

Monarquía Visigoda y Unificación

El rey Recaredo abrazó la confesión católica (eran arrianos) en el III Concilio de Toledo del 589. Posteriormente, Recesvinto promulgó la primera ley para todo el pueblo, tanto visigodo como hispanorromano.

Los reyes (era una monarquía electiva, no hereditaria) accedían al poder mediante complots y luchas internas. El rey gobernaba con el apoyo del Aula Regia y los Concilios de Toledo.