Europa tras la caída de Napoleón: Restauración, Revoluciones Liberales y Nacionalismos en el Siglo XIX

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Europa tras la caída de Napoleón: Restauración y Reajuste Territorial

Las potencias vencedoras de Napoleón (Austria, Gran Bretaña, Rusia y Prusia) acordaron reunirse en el llamado Congreso de Viena, donde se estableció el nuevo orden político y el reajuste territorial de Europa. El ideario de dichas potencias era restaurar el Antiguo Régimen, basado en los principios de legitimismo, solidaridad entre los estados y la búsqueda de un equilibrio de poder. Rusia, Prusia y Austria firmaron el acuerdo de la Santa Alianza, que otorgaba a sus miembros el derecho de intervenir en cualquier país donde surgieran movimientos revolucionarios.

El Nuevo Mapa Europeo

El nuevo mapa europeo sufrió algunas alteraciones:

  • Imperio Austríaco: Se anexionó Lombardía-Véneto, Módena y Toscana, Tirol, Iliria y Dalmacia, junto con los Estados Pontificios en el centro de Italia.
  • Rusia: Se extendió hacia el oeste.
  • Holanda, Bélgica y Luxemburgo: Formaron el Reino de los Países Bajos.
  • Suecia: Se incorporó Finlandia y Noruega.
  • Dinamarca: Se anexionó los ducados de Holstein y Laurenburgo.
  • Alemania: Se estableció la Confederación Germánica.

Las consecuencias de dichos cambios territoriales generaron futuras tensiones entre los países por la recuperación de sus territorios.

Las Revoluciones Liberales del Siglo XIX

Las revoluciones liberales del siglo XIX se pueden agrupar en tres oleadas:

La Revolución de 1820

En los países donde se pretendía restablecer el Antiguo Régimen en su totalidad, surgieron estallidos revolucionarios. Estos fueron los casos de Nápoles y España (1820), Portugal, Nápoles, Piamonte y Grecia (1821).

Los primeros movimientos fracasaron. El sistema de congresos propuesto por la Santa Alianza autorizó la intervención de Austria en Nápoles y la de Francia en España. Grecia, sometida al Imperio Turco, despertó la simpatía de las potencias europeas, que impusieron a Turquía la independencia de esta en 1830.

La Oleada Liberal Revolucionaria de 1830

La oleada liberal revolucionaria de 1830 fue más intensa que la de 1820. Se extendió por Francia, Bélgica, Polonia, Italia y Alemania. Demandaban libertades políticas o la independencia nacional.

  • Francia: Carlos X se enfrentó a un parlamento de mayoría liberal moderada y utilizó medidas reaccionarias: suprimió la libertad de prensa y disolvió la Cámara de los Diputados. El pueblo de París se sublevó y derrotó al ejército real. La oposición política aprovechó la situación y nombró rey a Luis Felipe de Orleans, de ideología burguesa.
  • Bélgica: Se inició una revuelta liberal y nacionalista contra el dominio holandés. Bélgica se consideraba diferente a Holanda por ser católica. Se declaró independiente y redactó una constitución liberal en 1831.
  • Polonia: Hubo alzamientos liberales y nacionalistas que fueron reprimidos por las tropas rusas.
  • Estados italianos: En Módena, Parma y en los dominios Pontificios se produjeron movimientos liberales que fueron reprimidos por Austria. Estos movimientos fueron el germen de la futura unificación italiana.
  • España: La muerte de Fernando VII en 1833 dio lugar a una guerra civil por la sucesión entre los partidarios del hermano del rey, Don Carlos, defensor del Antiguo Régimen, y los partidarios de su hija Isabel, liberales moderados.

Las Revoluciones de 1848

El ideario liberal expandido por la Revolución Francesa no se extinguió con la Restauración, sino que evolucionó del liberalismo doctrinario a uno democrático, acompañado de una serie de nacionalismos. Las revoluciones de 1848 fueron de carácter democrático y nacional en toda Europa, a excepción de Gran Bretaña, Holanda y Rusia. Las dos primeras tenían formas políticas avanzadas, mientras que Rusia estaba anclada en el Antiguo Régimen y reprimía a los liberales.

Los logros de estas revoluciones fueron la liquidación del feudalismo (excepto en Rusia). La mayor parte de Europa adoptó regímenes parlamentarios con constituciones moderadas y sistemas electorales censitarios (excepto en Francia). Sin embargo, los trabajadores y las clases populares, que habían luchado junto a los burgueses, salieron perdiendo. Posteriormente, lucharían contra la burguesía para conseguir cambios sociales y políticos.

Los Nacionalismos y las Unificaciones de Alemania e Italia

Los nacionalismos adquirieron más fuerza después de las revoluciones de 1848. Se manifestaron en dos escenarios principales:

  • Como fuerzas centrípetas en pueblos disgregados en diferentes entidades que querían formar una sola nación, como en el caso de Alemania e Italia.
  • Como fuerzas centrífugas en pueblos bajo dominio extranjero que buscaban independizarse y crear sus propios estados, como en el caso de los polacos, eslavos y magiares bajo el dominio del Imperio austrohúngaro, y los pueblos balcánicos bajo el Imperio otomano.

Solo tuvieron éxito las unificaciones de Alemania e Italia entre 1850 y 1870.

La Unificación Alemana

Después del Congreso de Viena, Alemania quedó constituida en una Confederación Germánica, formada por 38 estados. La confederación estaba sometida a la influencia del reino de Prusia en el norte y la presencia de Austria en el sur. La dirección del proceso de unificación la llevó el reino de Prusia, bajo el reinado de Guillermo I. Prusia era el territorio con mayor desarrollo económico y pasó por tres guerras antes de su unificación, las cuales ganó todas. Arrebató Alsacia y Lorena a los franceses, y Holstein y Schleswig a Dinamarca. Finalmente, se proclamó a Guillermo I como emperador del Imperio alemán.

La Unificación Italiana

Desde 1815, Italia estaba dividida en ocho estados: el reino de Piamonte-Cerdeña, Lombardía-Véneto, los ducados de Toscana, Módena y Parma, los Estados Pontificios y el Reino de las Dos Sicilias.

A lo largo del siglo XIX, se produjo una afirmación cultural y política, llamada Risorgimento, que condujo a la unificación y a la creación de un nuevo estado liberal en Italia. Los sectores conservadores querían una federación de estados presididos por el Papa, mientras que las clases populares aspiraban a una república democrática. Víctor Manuel II, rey de Piamonte-Cerdeña, y su primer ministro, Cavour, tomaron la iniciativa. Cavour consiguió la ayuda de Napoleón III y conquistó Lombardía al Imperio austríaco. Parma, Módena y Toscana derrocaron a sus regímenes absolutos y se unieron a Piamonte-Cerdeña, al igual que hicieron algunos estados de la Iglesia. En 1860, Garibaldi tomó Nápoles y el Reino de las Dos Sicilias, que también se unieron a Piamonte-Cerdeña. Un año después, se reunió en Turín un Parlamento que proclamó rey de Italia a Víctor Manuel II. Venecia también aprovechó para unirse a Piamonte-Cerdeña. En 1870, se estableció la capital en Roma, respetando al Papa un territorio: el Estado del Vaticano.

Los Balcanes

Los pueblos balcánicos organizaron una revolución nacionalista contra Austria en el norte y contra Turquía en el sur. Rusia protegía a los pueblos eslavos del sur. Por el contrario, Gran Bretaña, Austria y Francia se oponían al expansionismo ruso y a su predominio en los Balcanes. Esto desembocó en la Guerra de Crimea (1853-1856). En 1853, comenzaron las hostilidades entre Rusia y Turquía. Francia, Austria y Gran Bretaña frenaron la expansión rusa. En 1856, el Tratado de París reconoció la independencia de Rumanía y Serbia.