Hacia la paz perpetua: El proyecto cosmopolita de Immanuel Kant
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La paz perpetua: Fundamentos para una convivencia global
Solo una Constitución Republicana permite que los hombres vivan en paz; en los Estados despóticos, los hombres se enfrentan necesariamente porque los intereses de unos chocan con los de los otros. La paz no consiste simplemente en el cese de las hostilidades; esa forma de concebir la paz está, en realidad, hablando de guerra. Por eso afirma Immanuel Kant que la paz debe ser continua, perpetua, o no es paz.
Kant se pregunta qué podemos hacer para que la paz perpetua no sea un lema inscrito en las losas de los cementerios, ni una idea loca de filósofos soñadores, sino una realidad sobre la Tierra. Su respuesta es que la paz no es el resultado de la reforma de los corazones, ni mucho menos de la intervención divina, sino la consecuencia de las siguientes medidas políticas:
1. La Constitución Republicana frente al Despotismo
Cada uno de los Estados del mundo ha de tener una constitución republicana, no despótica. Hay una relación directa entre la república y la paz. En una república, los legisladores hacen las leyes teniendo en cuenta lo que conviene a los ciudadanos, es decir, lo que los ciudadanos decidirían para sí mismos.
En una guerra, lo que se decide es sufrir, morir, costear enormes gastos para destruir y emplear ingentes energías en reconstruir lo devastado. Por ello, antes de decretar un estado de guerra, el legislador de una república lo medita profundamente. En un despotismo, en cambio, una guerra la decide el jefe del Estado, que no es un miembro más de la sociedad sino su dueño, y la decide con base en sus intereses personales. Esos intereses son propiedades, banquetes, cacerías, palacios y fiestas cortesanas que no peligran con la guerra, por lo que al jefe de un Estado despótico le resulta muy sencillo declarar conflictos bélicos.
2. La Federación de Estados y el Derecho de Gentes
Es necesario crear un "Estado de Estados", una federación de Estados o República mundial, o al menos tender hacia ello. Si cada Estado se rige por el Derecho Político, según el cual los miembros de ese Estado no pueden dañarse, la federación de Estados se regiría por el Derecho de Gentes, que es lo que entendemos hoy por Derecho Internacional.
Según el Derecho de Gentes, los Estados son en el mundo como los ciudadanos en el seno de un Estado y, como a estos, les está prohibido hacerse mutuamente daño. Los Estados, dice Kant, se encuentran hoy entre sí como se encontraban los individuos antes del pacto, cuando regía para ellos el Derecho Natural que les permitía una libertad ilimitada sin restricción alguna a su agresividad. Por ello, los Estados deben hacer un pacto o contrato, no ya mítico e hipotético, sino jurídico y real. En virtud de ese pacto, deben renunciar a su libertad ilimitada, declararse miembros de una comunidad de Estados y regirse por un derecho universal supranacional llamado Derecho de Gentes. Sin este pacto explícito y de obligado cumplimiento para todos los Estados del mundo, la paz nunca será otra cosa que un interludio entre dos guerras.
3. El Derecho Cosmopolita y la Hospitalidad Universal
Instaurar un Derecho Cosmopolita constituye la base de una ciudadanía mundial según la cual los individuos se consideran como ciudadanos del mundo. Este Derecho Cosmopolita está fundamentado en que la Tierra es de todos, es propiedad común; en ella todos formamos parte de un mismo colectivo, todos pertenecemos a la comunidad humana. Desde el punto de vista de una única Tierra donde todos habitamos, no existe el "nosotros" y el "ellos": todos somos ciudadanos del mundo.
Ser conscientes de esto y construir la realidad política mundial desde estas bases implica instaurar una hospitalidad universal. Esta hospitalidad conlleva, a su vez:
- El derecho a visitar cualquier país del mundo en son de paz.
- El derecho a ser tratado sin la hostilidad y la desconfianza con que suele recibirse a los extranjeros.
- El derecho a circular libremente por el mundo.
El Derecho Cosmopolita derroca el Derecho de Conquista, que entonces estaba vigente, ya que cualquier Estado podía invadir a otro para extender su territorio y su jurisdicción sin más argumentos que su fuerza. El Derecho de Conquista viola la ley de la hospitalidad, pues convierte la visita a otro Estado en apropiación y violencia.
4. Transparencia y Publicidad en la Vida Política
La vida política debe ser transparente y pública. El secreto de Estado es ilegítimo. Todo secreto procede de que hay algo que esconder y, por lo tanto, es un síntoma de que se está ejerciendo una injusticia. Las acciones que no resisten la luz y la publicidad son necesariamente injustas para alguien. Otros filósofos después de Kant pensaron en la igualdad entre los hombres y en su libertad; uno de ellos fue Karl Marx.