Filosofía de Thomas Hobbes: Materialismo, Mecanicismo y el Leviatán
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Los temas de la filosofía de Hobbes
La naturaleza y el hombre
Hobbes entendió la realidad como un conjunto de tres tipos de cuerpos: cuerpo natural, cuerpo humano y cuerpo político.
El autor inglés concibió el universo como una gran máquina corpórea, en la que todo sigue las estrictas leyes del mecanicismo. Cualquier fenómeno ha de explicarse a partir de elementos meramente cuantitativos: la materia y el movimiento local.
La visión hobbesiana del mundo es determinista, ya que todos los sucesos de la naturaleza están ocasionados por una cadena de causas mecánicas y necesarias, que no dejan lugar al azar.
El materialismo de Hobbes encontró absurdo el concepto de sustancia incorpórea. Afirmó que, cuando hablamos de espíritu, nos referimos a algo corporal, pero de una naturaleza tan sutil que los sentidos no lo perciben.
Hobbes insistió en que el ser humano no es más que un cuerpo, semejante al resto de cuerpos del universo. Se distingue de ellos por poseer pasiones o emociones. Estas pasiones, para Hobbes, son movimientos de atracción hacia los objetos que deseamos o de aversión hacia aquellos que rechazamos.
Según Hobbes, las pasiones impulsan al ser humano a la autoconservación y a la satisfacción individual, y determinan su modo de actuar. La razón humana, sometida a la pasión, está imposibilitada para deliberar sobre lo que le conviene hacer o evitar. La única libertad posible es la del movimiento.
El ser humano también se define por su capacidad de conocer. Hobbes sostuvo que el pensamiento no difiere del cuerpo. Todo conocimiento proviene de la sensación y a ella se reduce. Esta sensación resulta del movimiento local de los cuerpos.
La política
La filosofía política de Hobbes se sustentó en que el ser humano no es un ser social por naturaleza. Antes de vivir en sociedad, solo existirían los individuos en estados de naturaleza, inmersos en una guerra de todos contra todos. Hobbes afirma que "el hombre es un lobo para el hombre".
Mientras que unas pasiones, como el deseo de conservación y satisfacción, se encuentran en el origen de esa guerra de todos contra todos, otras apremian a alcanzar la paz. El miedo a la muerte o el deseo de seguridad empujan a los seres humanos al uso de la razón y al descubrimiento de que el único modo de superar la violencia es un pacto o contrato social, a partir del cual surgiría la sociedad. Todos los individuos acordarían renunciar a sus derechos y libertades naturales, sometiéndose a un poder común: el Estado.
Hobbes utilizó la figura del Leviatán como símbolo del Estado. Solo un poder absoluto puede obstaculizar la tendencia de los hombres a su propio beneficio y garantizar la supervivencia de todos.
Este pensamiento político suponía el rechazo de las teorías medievales sobre el origen divino del poder; el poder político quedaba situado en la voluntad racional de los individuos.
Hobbes defendió la monarquía absoluta como forma óptima de gobierno, ya que representaba adecuadamente el poder absoluto del Estado y suponía una mayor armonía social. Desaconsejó la división del poder en partes: legislativo, ejecutivo y judicial.