Guerra de Independencia Española: Patriotas, Afrancesados y el Proceso Revolucionario
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Tras la batalla de Ciudad Rodrigo y Los Arapiles, en las que Wellington derrotó a los franceses, las Cortes españolas nombraron al inglés comandante en jefe de los ejércitos españoles.
La guerra se inclinó desde entonces del lado angloespañol. La derrota francesa en Vitoria y en San Marcial provocó el abandono del territorio español de José I. Napoleón, al borde de la derrota en Europa, firmó con Fernando VII el Tratado de Valençay, por el que finalizaban las hostilidades en España y Fernando VII era repuesto en el trono, dándose por concluida la Guerra de Independencia.
Patriotas Liberales y Afrancesados
La evolución política de la España ocupada generó un proceso revolucionario y una confrontación entre afrancesados y patriotas, y dentro de estos últimos, entre liberales y absolutistas. El proceso revolucionario que vivió el país de forma paralela a la guerra tuvo 3 centros de acción: las juntas, la guerrilla y las Cortes. Las juntas se formaron en muchas localidades ante el vacío de poder producido por la invasión. Estas juntas locales dieron lugar a las provinciales y estas a la Junta Central.
Las juntas estuvieron integradas por militares, periodistas, escritores y abogados.
Esa diversidad se veía en todas las juntas e incluso en la Junta Central, presidida por antiguos ministros de la monarquía como Jovellanos. La iniciativa casi siempre estuvo del lado de los sectores más avanzados, partidarios de las reformas políticas y sociales.
La guerrilla fue el instrumento que canalizó la aparición del pueblo llano en la lucha contra el invasor. La base social de estas guerrillas era sobre todo campesina, y algunas partidas cayeron en el bandolerismo.
Por último, la revolución adoptó forma jurídica con la convocatoria de Cortes por la Junta Central. Quienes defendían las reformas optaron por unas Cortes generales, elegidas por sufragio universal masculino indirecto y en las que la representación fuera la de la nación (y no por estamentos), como en el Antiguo Régimen. Esta forma de convocatoria triunfó y abrió la puerta a los grandes cambios que impulsaron las Cortes de Cádiz.
Durante la ocupación francesa, el pueblo español se dividió en patriotas y afrancesados.
Los patriotas eran defensores de la monarquía borbónica y contrarios a Napoleón, pero había dos grupos:
Unos vieron en la invasión la oportunidad para reformar la monarquía, adoptando el liberalismo.
Otros patriotas eran absolutistas, valedores del viejo orden y que veían en la invasión francesa la justificación para mantener el sistema anterior.
El bando afrancesado también era heterogéneo, habiendo afrancesamiento cultural, político y de conveniencia.
sociales.
La guerrilla fue el instrumento que canalizó la aparición del pueblo llano en la lucha contra el invasor. La base social de estas guerrillas era sobre todo campesina, y algunas partidas cayeron en el bandolerismo.
Por último, la revolución adoptó forma jurídica con la convocatoria de Cortes por la Junta Central. Quienes defendían las reformas optaron por unas Cortes generales, elegidas por sufragio universal masculino indirecto y en las que la representación fuera la de la nación (y no por estamentos), como en el Antiguo Régimen. Esta forma de convocatoria triunfó y abrió la puerta a los grandes cambios que impulsaron las Cortes de Cádiz.
Durante la ocupación francesa, el pueblo español se dividió en patriotas y afrancesados.
Los patriotas eran defensores de la monarquía borbónica y contrarios a Napoleón, pero había dos grupos:
Unos vieron en la invasión la oportunidad para reformar la monarquía, adoptando el liberalismo.
Otros patriotas eran absolutistas, valedores del viejo orden y que veían en la invasión francesa la justificación para mantener el sistema anterior.
El bando afrancesado también era heterogéneo, habiendo afrancesamiento cultural, político y de conveniencia.