Fundamentos de la Metafísica de Descartes: El Cogito y la Existencia de Dios

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El Cogito y la Teoría de las Ideas

Tras llegar al cogito ergo sum, Descartes ha conquistado la primera certeza y un modelo al que debe adecuarse todo conocimiento que pretenda ser sólido. Sin embargo, se encuentra encerrado en su propia conciencia, ya que solo ha conseguido demostrar su propia existencia como ser pensante y sus contenidos mentales. Esta situación hipotética se denomina "solipsismo".

Tenía que superarlo demostrando que no está solo, que existe algo más, y lo hizo partiendo de los contenidos de su propia mente y una especie de pirueta mental, demostrando la existencia de Dios. Descartes es uno de los primeros filósofos que estudiamos que utiliza y define el término idea en un sentido psicológico: como sinónimo de pensamiento o representación mental. Hasta entonces, el término seguía arrastrando el sentido platónico de esencia. Para él, la idea es el contenido de un pensamiento humano.

Clasificación de las Ideas

Una vez definido el concepto de idea, hace la siguiente distinción:

  • 1. Ideas adventicias: parecen proceder de fuera de la mente, es decir, venir de la experiencia sensible.
  • 2. Ideas facticias: no proceden de la experiencia, sino que resultan de la combinación de ideas adventicias.
  • 3. Ideas innatas: proceden de la propia razón.

Las tres sustancias: Hombre, Mundo y Dios

La existencia de Dios

Descartes demuestra la existencia de Dios partiendo de las ideas de su mente, como plasma en el "Discurso del método". Allí resume tres argumentos que son desarrollados con más profundidad después en las "Meditaciones metafísicas":

Argumentos para la demostración de la deidad

  1. Primer argumento: considera que su propia conciencia es limitada e imperfecta y necesita tener en su mente la idea de un ser perfecto con la que compararse. La causa de una idea debe ser tan perfecta como la idea misma. Esa idea de perfección tiene que haber sido puesta en ella por un ser perfecto, y ese ser perfecto es Dios.
  2. Segundo argumento: aplicación del principio de causalidad a su propia existencia. No se puede haber creado a sí mismo, ya que, si lo hubiera hecho, se habría dado a sí mismo todas las perfecciones, y es obvio que no lo ha hecho. Tampoco puede proceder de un ser imperfecto, ya que este se habría dado a sí mismo todas las perfecciones que conoce. En última instancia, él existe gracias a Dios.
  3. Tercer argumento: variante del argumento ontológico de San Anselmo que viene a culminar y a reforzar sus demostraciones anteriores. Este ser perfecto, Dios, que es necesario reconocer como la causa de su idea de perfección, tiene que existir, porque de no ser así no sería perfecto.