Fundamentos Epistemológicos: De la Creencia Justificada al Desafío Escéptico de Descartes

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Epistemología y Escepticismo

La Naturaleza del Conocimiento: Creencia Verdadera Justificada (CVJ)

El conocimiento es una creencia, pero una creencia no es conocimiento porque puede haber creencias falsas. El conocimiento es siempre una creencia verdadera. Sin embargo, una creencia verdadera sin más no es conocimiento, porque se puede acertar por casualidad. De manera que el conocimiento sería una creencia verdadera y justificada, es decir, basada en buenas razones.

Además, el conocimiento ha de ser un conocimiento de causas; es decir, no basta con saber qué o cómo es algo, sino que el conocimiento obliga a saber por qué es así o por qué no podría ser de otra manera. Si se exige esto, se elimina por completo la posibilidad de error. Una prueba proporciona una base muy sólida para suponer que mi creencia es verdadera, pero se puede tener una prueba muy buena para creer algo y, sin embargo, estar en un error.

Si el conocimiento solo es posible en aquellos casos en los que somos inmunes al error, en los que podemos estar plenamente seguros de que es imposible el error, entonces son muy pocas las cosas que podemos saber realmente fuera del ámbito de la lógica y la matemática. Cuando emitimos un juicio sobre el mundo, aunque dispongamos de una base excelente para suponer que algo es cierto, cabe la posibilidad de estar equivocados. Por ejemplo, deberíamos estar plenamente seguros de que nuestros sentidos funcionan perfectamente, pero ¿y si todo es una simulación o un súper ordenador nos engaña?

Este y otros problemas son los que han hecho que, desde el mismo comienzo de la filosofía, haya filósofos que niegan la posibilidad del conocimiento, lo que se conoce como escepticismo.

El Escepticismo y la Duda Cartesiana

Definición y Origen del Escepticismo

El término escepticismo viene del griego, que significa examinar minuciosamente. Los primeros filósofos se denominaban así porque querían decir que examinaban minuciosamente las cosas, a diferencia de los que llamaban dogmáticos. Pero, al final, como lo que concluían es que no podían saber nada con certeza, el término escepticismo pasó a significar que no podemos conocer nada.

El escepticismo afirma que no podemos establecer con seguridad un conocimiento cierto sobre el mundo. Según ellos, no tenemos más fundamento para creer que el mundo que nos rodea es real que para creer que es una ilusión. Podemos dudar de lo que nos transmiten los sentidos o de la memoria.

René Descartes y la Duda Metódica

En el siglo XVII, hay un filósofo que resume muy bien las razones de la duda de los escépticos: es Descartes. Aunque él no es un escéptico, la duda cartesiana tiene por objeto llegar a una primera verdad evidente, y él cree que se puede llegar a esa verdad.

Los Tres Pasos de la Duda Metódica

Según Descartes, la duda debe aplicarse de forma sistemática:

  1. Primer Paso: La Duda de los Sentidos

    El primer objeto de duda son los datos de los sentidos, porque a veces los sentidos engañan y él no tiene un criterio infalible para saber cuándo le engañan. Entonces, lo mejor es dejar esas informaciones a un lado. Pero, aun prescindiendo de los datos de los sentidos, parece que hay dos cosas de las que no podemos dudar, aunque se supongan por los sentidos: 1) que existe el mundo, y 2) que existe el cuerpo.

  2. Segundo Paso: La Hipótesis del Sueño

    El segundo paso es dudar de la existencia del mundo y del cuerpo, porque, por fantástico que pueda parecer, podría ser que sea un sueño, y no tenemos un sistema infalible para distinguir el sueño de la vigilia. En cualquier caso, parece que, aun dudando de esto, hay algo de lo que es imposible dudar: las verdades matemáticas.

  3. Tercer Paso: La Hipótesis del Genio Maligno

    El tercer paso de la duda se extiende a dudar incluso de la razón. Este tercer paso se conoce con el nombre de la hipótesis del genio maléfico. Supongamos que existe un ser todopoderoso y burlador que emplea todas sus artimañas en engañarnos, de manera que no podemos estar seguros ni siquiera de las verdades matemáticas elementales.

Descartes cree que, llegados a este punto, de lo que no puedo dudar es de que dudo, y dudar es pensar, y pensar supone ser algo. Por lo tanto: “Pienso, luego soy” (COGITO ERGO SUM).