Fundamentos del Empirismo de Hume: Criterios de Verdad y Clasificación del Conocimiento

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Criterio de verdad para verificar la validez de las ideas

Al clasificar los elementos del conocimiento en impresiones e ideas, Hume estaba sentando las bases del empirismo más radical. Con este planteamiento, en efecto, se introduce un criterio tajante para decidir acerca de la verdad de nuestras ideas: ¿Queremos saber si una idea cualquiera es verdadera? Muy sencillo: comprobemos si tal idea procede de alguna impresión.

Si podemos señalar la impresión correspondiente, estaremos ante una idea verdadera; en caso contrario, estaremos ante una ficción. Puesto que las ideas son conocimientos válidos si provienen de la experiencia, es decir, si son copias de impresiones (principio de copia), el origen y límite de nuestros conocimientos es, pues, el de nuestras impresiones, es decir, la experiencia. Nada podemos conocer que no provenga de la experiencia ni podemos construir conocimientos que sobrepasen la experiencia.

Tipos de conocimiento y clasificación de las ciencias

  • Relaciones de ideas: Este tipo de relaciones se formulan en proposiciones tautológicas (analíticas y necesarias). Su verdad puede ser conocida a priori. Pueden descubrirse por la mera operación del entendimiento. Es el ámbito propio de las ciencias formales deductivas (aritmética, álgebra y geometría) y se rigen por el principio de no contradicción.
  • Cuestiones de hecho: La verdad de estas proposiciones sólo es conocida a posteriori y no pueden tener otra justificación que las impresiones. Representan el mundo de los hechos; a él pertenecen las ciencias empíricas o ciencias naturales inductivas: las ciencias naturales, la filosofía moral y la ciencia del hombre. No existe demostración, sino prueba y probabilidad. Las ciencias físicas o naturales se ocupan de cuestiones de hecho y sólo tienen valor en la medida en que se limitan a las experiencias pasadas. Nada garantiza (ni siquiera el principio de causalidad) que el porvenir deba ser idéntico al pasado. Por otro lado, lo contrario a cualquier cuestión de hecho es siempre posible, y por ello no pueden conducirnos a la certeza sino tan sólo a la probabilidad; es decir, partimos de evidencias de hechos sobre los que aventuramos interpretaciones.