Filosofía de Platón: ideas, alma, justicia y la organización de la polis

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Filosofía platónica: el problema del hombre, las ideas y la polis

Introducción

La filosofía platónica es una filosofía centrada en el hombre, en sus elementos constitutivos, en su comportamiento en el mundo sensible, en la posibilidad de acceder con su parte inmortal al mundo de las ideas, en la adquisición del conocimiento de estas y, sobre todo, en la virtud, que guarda tanta relación con la posibilidad de alcanzar un Estado más justo, cuestión de suma importancia en su pensamiento. Por eso, se podría decir que el problema del hombre en Platón abarca, directa o indirectamente, la totalidad de su pensamiento.

Teoría de las ideas

Podemos partir para su exposición de la teoría de las ideas, en la que se afirma la existencia independiente y absoluta de unas entidades inmutables y universales, que constituyen la auténtica realidad. Las ideas, perfectas y eternas, se encuentran jerarquizadas: la más elevada es la idea del Bien, causa y fin de las demás ideas; de ahí que su conocimiento, que solo unos pocos (los filósofos) alcanzan, permita apreciar el orden de las cosas.

El demiurgo y el mundo sensible

En el mundo de las ideas se basa el demiurgo, un artesano divino, para crear el mundo sensible. Sin embargo, la materia utilizada impide que se alcance la perfección del modelo. En ese mundo, con sus inconvenientes, desarrolla su vida el ser humano.

El alma y el cuerpo

El hombre es, para Platón, un compuesto de cuerpo y alma, donde el cuerpo es concebido como una cárcel de la que el alma, casi divina, desea liberarse. Mientras permanece en el mundo sensible, el alma racional, parte inmortal del alma, debe dirigir a las otras dos partes, la irascible y la concupiscible, para que sus pasiones no se desborden.

Felicidad y justicia

Así pues, el hombre solo puede llegar a ser feliz si la parte racional del alma impone su superioridad sobre las demás y hace que desempeñen la labor que les corresponde. Esto proporciona al hombre la vida armoniosa que tanto desea, la cual nunca será completa si no se extiende, en forma de justicia, a la polis a la que pertenece.

La polis y el orden social

Así pues, el Estado debe alcanzar en el orden social el equilibrio que debe existir en el individuo. Para ello, es necesario que gobernantes, guerreros y trabajadores, que representan el predominio de cada una de las partes del alma, cumplan con su función. Sus cualidades respectivas (prudencia, valor y templanza) lograrán una polis justa donde todos vivan en armonía bajo la dirección de los filósofos que, por conocer la idea del Bien, están en las mejores condiciones para realizarla.

  • Gobernantes: prudencia (parte racional).
  • Guerreros: valor (parte irascible).
  • Trabajadores: templanza (parte concupiscible).

Conocimiento: cuerpo, alma y anamnesis

También el conocimiento está vinculado al dualismo cuerpo-alma. El cuerpo, incapaz de elevarse más allá de lo sensible, utiliza los sentidos, pero con ello no sobrepasa el nivel de la opinión, que no ofrece seguridad alguna en sus afirmaciones. Por el contrario, el alma, que olvida lo visto en el mundo de las ideas al reencontrarse en el cuerpo, con esfuerzo y a partir del contacto de las cosas del mundo sensible, se apoya en el recuerdo (anamnesis) de lo contemplado (las ideas) para elaborar el conocimiento científico.

Ciencia y opinión: grados y niveles

Ciencia y opinión son, por lo tanto, dos tipos de conocimiento muy diferentes. La opinión, propia del mundo físico, precisamente por su falta de fundamento o vínculo con las ideas, no es un conocimiento estricto, sino una creencia extendida, y posee dos grados: la conjetura, de escasa fiabilidad, y la convicción más o menos aceptada, más verosímil que la conjetura. La ciencia tiene también dos niveles: las matemáticas, por su contacto con lo sensible, son inferiores a la dialéctica, que se sirve de ellas para alcanzar el conocimiento de las ideas y, dentro de estas, para elevarse a la idea del Bien.

Conclusión

El pensamiento platónico articula antropología, epistemología y política en una visión coherente: el conocimiento de las ideas orienta la vida del alma, que a su vez debe estructurar la vida social para lograr la justicia y la felicidad colectiva.