Filosofía de Descartes: Duda Metódica, Ideas y las Tres Sustancias Fundamentales

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La Búsqueda de la Certeza en Descartes: Duda, Ideas y Sustancias

En ‘Meditaciones Metafísicas’, René Descartes se plantea la situación en la que se encuentra con respecto al conocimiento, y se propone investigar si hay algo verdadero en el mundo o, en caso contrario, aceptar la ausencia de toda verdad. El método que aplica se basa en la duda, la ‘duda metódica’.

Considera que un conocimiento debe poseer la característica de la certeza, entendida como la seguridad en la verdad de nuestros conocimientos. Por tanto, en primer lugar, Descartes dedicará la primera meditación a examinar los principales motivos de duda que pueden afectar a todos sus conocimientos.

La Duda sobre los Sentidos y la Realidad

La primera fuente de conocimiento son los sentidos, pero estos en ocasiones nos engañan; por ejemplo, cuando introducimos un bolígrafo en un vaso de agua, parece doblarse, aunque no sea así. Por tanto, es necesario someterlos a duda y considerar dudosos todos los conocimientos que provienen de los sentidos.

Aunque pueda parecer exagerado dudar de todo lo que procede de los sentidos, Descartes extiende la duda al ámbito de los pensamientos que no derivan de ellos, haciendo que todos sus conocimientos parezcan inciertos. Sin embargo, esto también parece exagerado, ya que conocimientos como los matemáticos parecen razonables e indudables. Pero si Dios permitiera que siempre nos equivoquemos, todos los conocimientos serían dudosos. Para no ofender a los creyentes, Descartes plantea la opción de que exista un genio maligno que nos haga tomar lo falso por verdadero. (La duda se extiende a todo).

La Primera Verdad: "Pienso, Luego Existo" (Cogito, Ergo Sum)

En la segunda meditación, Descartes se da cuenta de que para ser engañado, uno debe existir. Por ello, la proposición ‘pienso, luego existo’ (Cogito, ergo sum) debe ser cierta al menos mientras se está pensando.

Esta proposición supera todos los motivos de duda; incluso si existe un genio maligno que lo hace equivocarse, para que se equivoque, debe existir. Goza, por tanto, de absoluta certeza. Tal evidencia se presenta con claridad y distinción, características que debe reunir toda proposición para ser considerada como verdadera (la Primera Verdad). A partir de esta primera verdad, Descartes comienza a reconstruir todo el edificio del saber, siguiendo el modo en que operan los matemáticos: por deducción.

La Naturaleza del Yo: La Sustancia Pensante (Res Cogitans)

La siguiente meditación trata de responder a la pregunta: ‘¿Qué soy yo?’. Descartes afirma que es una cosa que piensa, es decir, una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina y que siente. Descartes atribuye al pensamiento las características de una sustancia.

La duda sigue vigente con respecto a las cosas externas a él, de tal forma que para seguir avanzando deductivamente, debe partir de ese ‘yo pienso’ (res cogitans), al que Descartes caracteriza como sustancia pensante.

Clasificación de las Ideas Cartesianas

En el pensamiento hay contenidos mentales, es decir, ideas. Para avanzar deductivamente, Descartes debe analizar esos contenidos mentales. Descartes distingue tres tipos de ideas:

  • Adventicias: Aquellas que parecen provenir de los objetos externos a nosotros (por ejemplo, la idea de un árbol o de un sonido).
  • Facticias: Aquellas que la mente construye o inventa a partir de otras ideas (por ejemplo, la idea de un centauro o de una sirena).
  • Innatas: Aquellas que la mente posee por sí misma, sin derivar de la experiencia ni ser construidas (por ejemplo, la idea de Dios, de infinito, de perfección, o los principios lógicos y matemáticos).

La Demostración de la Existencia de Dios

Las ideas adventicias, en la medida en que parecen proceder de objetos externos a él, están sometidas a la duda sobre la existencia de dichos objetos. Por tanto, a partir de estas no se puede seguir avanzando en el proceso deductivo. Lo mismo ocurre con las ideas facticias, ya que son producidas por el propio sujeto.

Por tanto, solo queda continuar a partir de las ideas innatas. Llegado a este punto, Descartes debe eliminar la posibilidad de que esas ideas hayan sido producidas por él mismo. Una vez asegurado esto, Descartes toma dos de estas ideas —la de infinito y la de perfección— y argumenta que no pueden haber sido causadas por él, dado que él es un ser finito e imperfecto. Por consiguiente, deben haber sido puestas en él por un ser infinito y perfecto. De este modo, demuestra la existencia de Dios.

Dado que Dios no puede ser imperfecto, elimina la posibilidad de que lo haya creado de tal forma que se engañe o sea engañado por un ser maligno. Puede creer, por tanto, en la existencia del mundo exterior.

Las Tres Sustancias Cartesianas

Como resultado de la deducción, Descartes puede estar seguro de la existencia de tres sustancias:

  • Res Infinita (Sustancia Infinita): Dios, que es la causa de las otras dos sustancias y posee atributos de infinitud y perfección.
  • Res Cogitans (Sustancia Pensante): El alma o la mente, de carácter no corpóreo, no extenso e inmaterial. Es la sede del pensamiento, la voluntad y la imaginación.
  • Res Extensa (Sustancia Extensa): Las realidades corpóreas o el mundo material, cuya característica principal es la extensión en el espacio.

Las sustancias Res Cogitans y Res Extensa son finitas, mientras que la Res Infinita es la única sustancia verdaderamente independiente y autosuficiente.