Evolución y Estado Actual del Gallego: Conflicto Lingüístico, Normalización y Desafíos

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El Conflicto Lingüístico del Gallego

El conflicto lingüístico surge cuando dos lenguas en contacto compiten por desempeñar todas las funciones posibles. Esta fricción se produce cuando un idioma ajeno a un territorio comienza a usurpar funciones. Las causas pueden ser varias: procesos de expansión y unificación política (como el caso de los Reyes Católicos), presión cultural y económica, o movimientos migratorios. La principal consecuencia es la diglosia, es decir, la convivencia de dos lenguas en un mismo territorio en situación de desigualdad, de modo que cada una de ellas desempeña unas funciones distintas y se usa en diferentes contextos. Podemos distinguir una lengua A y una lengua B.

Funciones Sociales de las Lenguas

Las funciones sociales más importantes de las lenguas son:

  • Función de identidad: relacionada con el pensamiento de los individuos.
  • Función familiar: se refiere a la relación entre los individuos.
  • Función laboral: comunicación en el mundo del trabajo.
  • Función institucional: entre el ciudadano y los estamentos políticos.
  • Función cultural: expresar y recibir conocimientos.

Cuando se produce una situación de diglosia, estas funciones son desarrolladas por lenguas diferentes, según tengan prestigio. Los prejuicios lingüísticos son juicios de valor que consisten en presentar rasgos negativos sobre una lengua o sobre sus hablantes, y tienen como objetivo provocar su rechazo. Son discriminatorios y están basados en la idea de que existen idiomas "buenos" y otros que no lo son. Algunos prejuicios que se le aplicaron al gallego son que es una lengua con pocos hablantes, primitiva o incluso que es un dialecto, que es un idioma vinculado a la pobreza y al mundo rural.

La Variedad Estándar del Gallego

Las lenguas que pretenden ser vehículo de expresión cultural deben contar con una variedad lingüística uniformizada, de uso escrito en ámbitos como la prensa, la ciencia, la filosofía o la literatura, denominada variedad estándar. Esta variedad es imprescindible en las sociedades modernas, permite transmitir información de modo neutro y sirve como modelo de referencia para la alfabetización. Los hablantes perciben la variedad estándar como algo natural y asumen, sin dificultad, la tradición escrita. En el caso del gallego, esto se vio dificultado porque se desconocía la escritura medieval y no se era consciente del enorme prestigio del que gozó nuestra lengua en el pasado.

La consolidación de un modelo estándar para el gallego fue un proceso lento, favorecido por la creación de la Real Academia Galega (RAG) o la constitución del Seminario de Estudos Galegos. En 1982, la RAG y el Instituto da Lingua Galega (ILG) publicaron las Normas ortográficas e morfolóxicas do idioma galego.

Formas no Estándar

Se trata de expresiones adecuadas a determinados contextos que suponen un enriquecimiento y que, aunque no sean correctas, no se consideran erróneas. Entre las formas no estándar destacan los dialectalismos, los vulgarismos y los arcaísmos. Otro conjunto de formas lingüísticas que no coinciden con el modelo estándar son las llamadas interferencias, como los castellanismos, los hiperenxebrismos y los lusismos.

Lenguas Minorizadas: El Caso del Gallego

Las lenguas minorizadas son aquellas que están sometidas a un desprestigio social, de modo que ven restringidas sus funciones, y algunas de ellas son desarrolladas total o parcialmente por otra lengua foránea. El concepto de lengua minorizada se opone al de lengua hegemónica o dominante, y no debemos confundirlo con el de lengua minoritaria, porque no está relacionado con el número de hablantes. Dadas las condiciones sociales que sufren, lo más habitual es que las lenguas minorizadas se mantengan en los ámbitos rurales y entre las clases bajas. De este modo, la lengua autóctona va perdiendo prestigio frente a la lengua foránea. El proceso por el que una lengua llega a convertirse en minoritaria no es natural y obedece a causas históricas.

La situación de las lenguas es muy preocupante. Cuando se habla del proceso de normalización del gallego, de lo que se trata es de conseguir que se recupere su implementación en todos los ámbitos de la vida y en todos los estamentos sociales. En los últimos tiempos hubo avances, como el reconocimiento del carácter oficial de nuestra lengua, el aumento de su uso en la administración y las instituciones públicas o su indiscutible presencia en los medios de comunicación. Sin embargo, el gallego sigue retrocediendo como primera lengua.

El Gallego en el Siglo XX: Etapa de Preguerra

En el siglo XX se fue consolidando el proceso de normalización del gallego. En estos años, nuestro idioma accedió a nuevos ámbitos de uso, pero hubo un proceso de desgalleguización social favorecido por los medios de comunicación y la escolarización en castellano, lo que provocó un descenso considerable en el número de hablantes. Se distinguen tres etapas: preguerra, posguerra y finales del siglo XX.

En la etapa de preguerra, destacamos el papel de las Irmandades da Fala, el Grupo Nós y el Seminario de Estudos Galegos. Las Irmandades da Fala aparecieron en las principales villas y ciudades del país, y tenían como objetivo la defensa y difusión del gallego. La Xeración Nós consiguió consolidar nuestra lengua. En general, fue una etapa positiva para nuestro idioma. Destacamos la creación de la RAG, aunque no había una gramática normativa ni diccionario.

El Gallego en el Siglo XX: Etapa de Posguerra

La Guerra Civil tuvo consecuencias negativas para la lengua y la cultura gallegas. El proceso normalizador que comenzara en el Rexurdimento se vio interrumpido por la violencia de la guerra y por la cruel represión. Favorecido por la dictadura, el castellano pasó a ser lengua oficial para la Iglesia, la escuela, la Administración y los medios de comunicación. Los textos en gallego fueron excepcionales, aunque el gallego seguía siendo la lengua más hablada en Galicia.

Buenos Aires se convirtió en la capital de la cultura galega en el exilio. Aparecieron editoriales y se desarrollaron actos como conferencias en gallego y emisiones radiofónicas. Pero en 1950 las cosas cambiaron considerablemente en nuestro país. Se creó la editorial Galaxia y comenzaron a surgir revistas, colecciones de poesía y premios literarios. En 1963, con motivo del centenario de Cantares Galegos, la RAG puso en marcha una iniciativa que tendría mucho éxito: la creación del Día das Letras Galegas, que se celebraría de modo ininterrumpido desde aquella fecha. Con todo, en el año 1965 se introdujeron la Lengua y Literatura Gallegas en los planes de estudio de la Facultad de Filosofía y Letras y, poco después, el Instituto da Lingua Galega.

Por lo que se refiere a esta última cuestión, la etapa de posguerra se conoce como el período protoestándar, ya que se trata de un momento en el que fue aumentando la preocupación por la creación de un modelo culto, común a todos los hablantes. Las principales características del gallego en esta etapa son la simplificación ortográfica, la vacilación entre la aparición de dialectalismos y la búsqueda de formas comunes, y la tendencia a un léxico purista que huye de los castellanismos y de los hiperenxebrismos, incorporando neologismos y cultismos.

El Gallego a Finales del Siglo XX

Se inició una nueva etapa en la historia de la lengua gallega, con el fin de la dictadura y la recuperación de la organización democrática del Estado. La aprobación de la Constitución de 1978 constituyó un paso adelante para el gallego, pasando a ser considerado como “un patrimonio cultural que será objeto de respeto y protección”. Además, la Constitución y el Estatuto de Autonomía de Galicia otorgaron al gallego el estatus de lengua oficial en nuestra Comunidad Autónoma.

Después de un acuerdo entre la RAG y el ILG, se publicaron las Normas ortográficas e morfolóxicas do idioma galego, y salió adelante la Lei de Normalización Lingüística. Se incorporó al sistema educativo la materia de Lengua Gallega y Literatura. Se creó la RTVG. Podemos destacar la refundación del semanario A Nosa Terra y la salida a la luz del primer diario íntegramente en gallego, O Correo Galego. Se produjo una gran actividad editorial. A pesar de esto, hubo una importante disminución del número de hablantes, pero para intentar solucionarlo se creó la Mesa pola Normalización Lingüística. Se produjo la consolidación de la variedad estándar del gallego en los nuevos ámbitos sociales y en los nuevos contextos de uso.