Escepticismo Filosófico: Orígenes, Principios y Legado Histórico
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El Escepticismo: Orígenes, Principios y Legado Filosófico
El escepticismo fue fundado por Pirrón de Elis, a quien le sucedió Timón. Sin embargo, cabe atribuir a Sexto Empírico el mérito de haber sistematizado, ampliado y difundido el legado del escepticismo pirrónico a través de su gran obra Esbozos Pirrónicos.
Escepticismo Pirrónico vs. Académico
Hablamos deliberadamente de escepticismo pirrónico para diferenciarlo del académico, que emergería en la Academia de Platón cuando Arcesilao se hizo cargo de ella y retomó la embrionaria actitud socrática de búsqueda e irresolución aporética que había animado a la escuela en sus inicios. El pirronismo estaba llamado a desempeñar un papel muy importante en la historia de las ideas. Al redescubrirse la obra de Sexto Empírico, se generó la "crisis pirrónica" en la época moderna, marcando indeleblemente a autores tan variados como Lutero, Erasmo, Montaigne, Sánchez, Pascal, Descartes, Spinoza, Hume o Kant.
La Búsqueda de la Serenidad Escéptica
El escepticismo también anhelaba poner un paño caliente en las heridas abiertas durante el periodo helenístico. Esa anhelada serenidad la encontraron por casualidad, pues, como dice Sexto, al escéptico le sucedió lo que al pintor Apeles: intentando reproducir la baba de un caballo en el cuadro que estaba pintando, y ante su frustración por no lograrlo, arrojó contra el cuadro una esponja que tenía a mano y, al golpear contra el lienzo, quedó pintada por accidente la baba deseada.
Fundamentos y Práctica del Escepticismo
Así, Sexto menciona:
"El fundamento del escepticismo es que a cada proposición se le opone otra proposición de igual validez."
Si este es el caso, acerca de toda cuestión hay pros y contras, y lo propio del escéptico será guardar una cauta reserva, examinar e investigar, y quedar sumido en la duda y la perplejidad. Un escéptico consecuente examina, duda, suspende el juicio, guarda silencio, nada determina y sigue investigando. No afirma que la verdad exista ni que no exista; sus expresiones son autolimitantes.
Se enfrenta así a los dogmáticos, quienes piensan que el ser humano puede lograr un conocimiento en sí de las cosas, bien por la razón o bien por los sentidos. Los escépticos minan de raíz las posibilidades de ambas fuentes de conocimiento con argumentos contundentes, y de ese desencanto y desfascinación, de esa irresolución y equilibrio, obtienen la ataraxia y la felicidad. No dicen que no exista nada; dicen que hay cosas, pero es, cuando menos, dudable que las representaciones que nos hacemos de ellas se ajusten a lo que las cosas son. No hay modo de determinar si nuestras representaciones se ajustan o adecuan a lo que las cosas en sí mismas son.
Las Cuatro Exigencias Vitales del Escéptico
Siendo esto así, lo sensato, para no perdernos en problemas y debates estériles que nos aparten de la meta a la que tiende todo ser humano —la felicidad—, hay que ceñirse a observar las exigencias vitales, que pasan por ser las cuatro siguientes:
- Seguir la guía natural, según la cual somos capaces de sentir y de pensar, manteniéndonos en suspenso y examinando todas las cuestiones.
- Seguir el apremio de las pasiones, según el cual el hambre nos incita a la comida y la sed a la bebida.
- Asumir las costumbres y leyes propias de nuestra sociedad, siendo piadosos y respetuosos.
- Aprender las artes y ser útiles en aquellas para las que nos instruimos.
En suma, el escepticismo invita a mecerse en la duda para encontrar la paz interior.