Economía Española Siglo XVIII: Auge Comercial y Desarrollo Manufacturero
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Comercio
El comercio fue el sector que experimentó un mayor crecimiento en el siglo XVIII. Para los reformistas, era su principal preocupación, ya que el comercio era fundamental para cubrir las necesidades de la economía, fortalecer el Estado, recuperar una posición destacada en Europa y lograr una balanza comercial favorable. La actividad comercial se vio favorecida por la recuperación económica de la primera mitad del siglo XVIII y el pensamiento mercantilista e ilustrado, que trató de mejorar las comunicaciones y las relaciones comerciales con el exterior.
Comercio interior
Apenas existía debido a las numerosas trabas existentes. Existían aduanas interiores, peajes y un fuerte autoconsumo local. El principal problema era la dificultad del transporte. En 1717 se suprimieron algunas aduanas interiores, a excepción de las del País Vasco y Navarra. Esta medida favoreció a Cataluña, que pudo introducir sus productos en Castilla. También mejoraron las comunicaciones interiores, pero esto no evitó el aislamiento de algunas ciudades; resultaba más fácil que llegara el algodón de América que el trigo de Palencia a Barcelona. El escaso desarrollo agrario y ganadero, debido a la limitada capacidad de consumo, también conllevaba fuertes dificultades.
Comercio exterior
Experimentó avances muy importantes debido a la abolición del monopolio de la Casa de la Contratación en el comercio con las Indias. Se dictaron los Decretos de Libertad de Comercio de 1765 y 1778, lo que supuso la apertura de numerosos puertos peninsulares al comercio con América, dejando de ser este un monopolio exclusivo del puerto sevillano (y posteriormente Cádiz). Se crearon compañías privilegiadas para fomentar los intercambios con América, Juntas de Comercio y Consulados de comerciantes en las ciudades más importantes; se reforzó también la Junta General de Comercio y Minas. El comercio con América proporcionó capital a manos privadas, utilizado en bienes de lujo y en la compra de las escasas tierras que salían al mercado, y recursos a una Hacienda siempre necesitada.
Sistema Bancario
La debilidad de la burguesía comercial e industrial explicaba el limitado peso del crédito y de la banca. Resultaba innecesaria una red bancaria debido al tamaño reducido de las empresas comerciales y a la ausencia de grandes inversiones agrarias. Fue el problema del endeudamiento del Estado el que impulsó la fundación del primer banco nacional durante el reinado de Carlos III: el Banco Nacional de San Carlos.
Manufacturas
El aumento de la población elevó la demanda de productos artesanales, pero no fue suficiente para impulsar un gran despliegue comercial, ya que la renta campesina era baja. La producción artesanal se caracterizaba por su dispersión en numerosas pequeñas ciudades, así como por la pervivencia de talleres gremiales (contra los que luchaban los pensadores ilustrados), pequeños y con tecnología arcaica.
En la segunda mitad del siglo, se observan intentos de adaptar a España el modelo francés de manufactura. Existían manufacturas reales (bajo el control técnico y financiero del gobierno) que fabricaban:
- Artículos de lujo para satisfacer la demanda de los más acomodados (tapices, sedas).
- Productos destinados al abastecimiento del ejército (como armas).
- Materiales para la construcción naval.
En el terreno de los tejidos, la Corona instaló fábricas laneras en Segovia, Guadalajara, San Fernando, etc. Otra importante industria fue la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Estas empresas se caracterizaron por su baja rentabilidad y, a menudo, fueron una carga para los presupuestos del Estado.
Algunos particulares se interesaron por el modelo de manufactura debido a las posibilidades que ofrecía para escapar del control gremial. En la iniciativa privada, destaca el caso de Goyeneche en Nuevo Baztán (producción de aguardiente, tejidos de seda, gamuzas) y la burguesía comercial catalana, que organizó a partir de los años 40 una serie de industrias textiles de indianas (tejidos de algodón estampados) que no estaban sometidas al control gremial por ser de nueva implantación. Estas industrias fueron el verdadero origen de la potente industria textil catalana del siglo XIX.