Dualismo Platónico y Teología Agustiniana: Alma, Creación y Existencia Divina
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Platón: Dualismo y la Naturaleza del Alma
De la misma manera que Platón establece el dualismo metafísico de los dos mundos, el de las Ideas y el de las Cosas (siendo las segundas un reflejo de las primeras), también nos presenta un dualismo en el hombre. Platón defendió el dualismo: alma y cuerpo, afirmando que son dos sustancias distintas y forman una unión accidental. Ambos están en continua lucha, pues el alma pertenece al Mundo de las Ideas, siendo inmortal y espiritual, mientras que el cuerpo es propio del mundo sensible, mortal y material. Así, el cuerpo es una cárcel para el alma.
Esta alma racional es la esencia del hombre y el principio del conocimiento racional, pues nos permite llegar a conocer las ideas del mundo trascendente. El alma se transmite de cuerpo en cuerpo hasta que consigue purificarse para acceder de nuevo al Mundo de las Ideas. Platón presenta varias demostraciones de la inmortalidad del alma, destacando la de la reminiscencia (solo podemos conocer el Mundo de las Ideas por la preexistencia del alma en él) y la de la simplicidad (el alma es simple, pues no es material, y por lo tanto no puede descomponerse y morir).
Las Tres Partes del Alma
Además, distinguió tres partes del alma en el hombre:
- La racional: esencial y propia del hombre, que posibilita el conocimiento racional, debiendo gobernar el desarrollo de las otras dos y siendo inmortal.
- La irascible: proporciona la capacidad del esfuerzo, la voluntad y el vigor, y es mortal.
- La concupiscible: ofrece la capacidad del deseo y las pasiones sensuales, y también es mortal.
Las Virtudes Platónicas y la Justicia
La virtud se fundamenta en el desarrollo del bien propio del hombre, su esencia racional, y, por lo tanto, es universal. Es decir, la tendencia del alma racional es a hacer el bien y su misión es controlar las otras dos partes, desarrollando una serie de virtudes. Distingue tres virtudes de acuerdo con la división del alma:
- La sabiduría o prudencia: se consigue con el desarrollo del alma racional.
- La valentía: se realiza con el desarrollo prudente del alma irascible.
- La templanza: se realiza con el desarrollo prudente del alma concupiscible.
Con el desarrollo armonioso de las tres virtudes se consigue la Justicia, el orden estable y perfecto de las tres partes del alma, cuando cada parte cumple su función específica.
San Agustín: Creación, el Problema del Mal y la Existencia de Dios
San Agustín defiende el Creacionismo: el mundo y el tiempo han sido creados por Dios desde la nada. Esta creación se explica por cómo Dios ha realizado en la materia los seres concretos a partir de aquellas ideas eternas que están en su mente divina (los arquetipos). Además, Dios depositó en la materia los gérmenes de todos los seres futuros para que fueran apareciendo progresivamente en el tiempo. Todo ser creado se constituye, pues, de materia (que puede ser corpórea o espiritual) y forma (la esencia que le hace ser lo que es).
Esta creación no es abandonada por Dios una vez creada, sino que la cuida y gobierna. Para ello, ha concebido un plan para el mundo, y este plan se expresa en la ley eterna. Por ello, le surge a San Agustín el problema del mal, pues si el mal existiera, sería algo creado por Dios, siendo Él mismo malo. La solución, para San Agustín, es considerar que todo lo creado por Dios es bueno, siendo el mal o la imperfección no algo real, sino carencia de ser o perfección. Además, el mal solo lo es en tanto individual y concreto, pero no para la totalidad de la creación, donde siempre resulta de él un bien mayor. Explicará así igualmente el mal moral humano, que es fruto de un bien mayor: la libertad.
Demostraciones de la Existencia de Dios
Si bien para San Agustín la existencia de Dios está clara, se esforzará por hacer una demostración de la misma. Admitirá varios argumentos como la propia grandeza de la creación (la realidad es demasiado compleja para no haber sido creada por una inteligencia) o el argumento del consenso (la mayoría de los hombres creen en Dios).
Pero el argumento preferido por San Agustín es el derivado del carácter eterno e inmutable de ciertas ideas que tenemos en nuestra alma, que contrasta con la naturaleza humana, mutable y finita, y, por lo tanto, deben tener como causa un ser eterno e inmutable: Dios. A este se le conoce imperfectamente a través de las huellas que ha dejado en las criaturas.