Descartes: Metafísica, Método Cartesiano y la Demostración de la Realidad y Dios

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El Método Cartesiano y la Metafísica de Descartes: La Búsqueda de la Realidad

La cuestión fundamental que se plantea Descartes es: ¿Cómo demostrar la existencia de una realidad extramental, exterior al pensamiento? ¿Cómo estar seguros de que existe algo aparte de mi pensamiento y exterior a él? Descartes se ve obligado a deducir la existencia de una realidad externa, que hasta ahora se le presenta como totalmente dudosa y engañosa, a partir de la existencia del pensamiento.

Para demostrar la existencia de realidades extramentales, de un mundo exterior al pensamiento, ha de partir de la única verdad que tiene a su alcance: el pensamiento, que manifiesta su indudable existencia.

El Método Cartesiano: Fundamento de la Certeza

Todo esto lo lleva a cabo Descartes aplicando su método, cuyas reglas son:

  • Evidencia: Aceptar solo lo que se presenta a la mente de forma clara y distinta.
  • Análisis: Dividir cada dificultad en tantas partes como sea posible para resolverla mejor.
  • Síntesis: Conducir ordenadamente los pensamientos, empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco al conocimiento de los más complejos.
  • Enumeración: Realizar revisiones completas para asegurarse de no omitir nada.

Este método tiene una función fundamental en el descubrimiento de nuevas verdades deducidas a partir de una primera verdad: el cogito ergo sum ("Pienso, luego existo"), intuida clara y distintamente y que supone el criterio de certeza a partir del cual poder deducir nuevas verdades. Y así es como va a descubrir la estructura de la realidad, que anteriormente se le mostraba dudosa.

Las Ideas y su Contenido: Clave para la Realidad

El hecho de que yo piense que el mundo existe, hasta ahora, forma parte de mi pensamiento. El pensamiento genera ideas; es decir, las ideas no tienen un contenido real per se, sino que son meras representaciones mentales. Sin embargo, poseen un determinado contenido objetivo diferente del mero acto de pensar o representación mental, lo cual precisa de un análisis exhaustivo de ese contenido objetivo de las ideas, puesto que su contenido subjetivo, como acto de pensamiento, es igual en todas ellas.

De esta forma, Descartes va a establecer un análisis de todas sus ideas, distinguiendo tres tipos según su contenido objetivo, ya que, como se ha señalado anteriormente, como actos mentales son todas iguales:

  • Ideas adventicias: Aquellas que, al provenir de nuestra experiencia (sensaciones, percepciones), no nos otorgan ninguna garantía para afirmar la existencia de un mundo exterior extramental.
  • Ideas facticias: Aquellas que construye la mente a partir de otras anteriores (como un centauro o una sirena) y que, por tanto, tampoco sirven para demostrar la existencia de un mundo exterior.
  • Ideas innatas: Aquellas que no provienen de un supuesto mundo externo ni son elaboradas por el pensamiento, sino que son poseídas por el pensamiento en sí mismo; es decir, no provienen de la experiencia ni son producidas por el pensamiento. Para Descartes, estas ideas son muy pocas, pero son las más importantes, las más claras y distintas. Ejemplos de ideas innatas son la idea de pensamiento y la de existencia, que le permiten establecer la primera verdad: «Pienso, luego existo».

La Demostración de la Existencia de Dios

Entre las ideas innatas, Descartes descubre la idea de infinito o de perfección, a través de la cual es capaz de llegar a una realidad diferente del yo, del pensamiento, que es instantáneamente identificada con la de Dios.

Una vez que se cree en posesión de esta idea, Descartes comienza a preguntarse por su origen: ¿De dónde puede provenir semejante idea?

  1. En primer lugar, no puede provenir de la nada, pues de la nada absoluta nada surge.
  2. En segundo lugar, no es una idea adventicia, porque no puede provenir de la realidad exterior, ya que no se ha experimentado ni percibido lo infinito ni la perfección.
  3. En tercer lugar, tampoco es facticia. Pues, si yo soy finito y limitado y, por tanto, imperfecto, de lo finito o imperfecto no puede surgir lo perfecto e infinito, sino más bien al revés: la idea de lo finito solo puede proceder de lo infinito.

Por tanto, Descartes concluye que la idea de infinito o de perfección solo puede ser una idea innata, debe estar en mí desde el principio. Y a partir de ahí, solo le resta demostrar la existencia de esa idea.

El Argumento Causal de la Existencia de Dios

La idea de perfección no puede provenir de mí, que soy un ser imperfecto y que dudo, sino que solo puede haber sido puesta en mí por un ser que posea esta cualidad: un Ser Perfecto. Con ello, se demuestra la necesaria existencia del Ser Infinito o Perfecto, que es Dios.

Esto se logra aplicando el principio de causalidad a Dios: la realidad de una idea solo puede ser causada por algo que al menos posea el mismo grado de realidad de modo proporcionado. La idea de infinito exige una causa infinita, por lo que ha tenido que ser puesta en mí —que en absoluto soy infinito— por un ser infinito. Por lo tanto, el ser infinito existe, y ese es Dios.