Descartes: el cogito, el método y la existencia de Dios frente a Santo Tomás

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Descartes: el cogito, el método y la existencia de Dios

El texto que se comenta pertenece a René Descartes, quien, al igual que las demás geometrías, trata la idea de un ser perfecto que se demuestra por sí sola; es decir, Dios es evidente. El texto argumenta varias tesis:

  1. La geometría y sus características.
  2. Aunque se piense que la certeza de la geometría es evidente, Descartes afirma que no hay nada que lo asegure.
  3. La existencia de la idea de un ser perfecto está comprendida en nuestra misma idea: son ideas innatas.

1. El método cartesiano

1.1 Las reglas del método

La primera idea del texto es el cogito, pero antes de explicarlo conviene exponer las reglas del método cartesiano, relacionadas también con el texto. Las ventajas y carencias del método cartesiano no pueden explicarse sin atender a la importancia de la investigación sobre el método. Descartes intenta conseguir todo ello mediante cuatro reglas:

  1. Regla de evidencia: expone el criterio de la verdad, es decir, la evidencia. No acepta como verdadero nada que no sea evidente. Lo que no sea evidente es rechazado como falso.
  2. Regla del análisis: comienza las reglas de procedimiento y analiza las dificultades y problemas a investigar, dividiéndolos en partes en cuanto sea posible.
  3. Regla de la síntesis: establece un orden en los razonamientos para ir de lo más simple a lo más complejo, relacionándolo con lo anterior, y hacer una relación explicativa deductiva y rigurosa entre las diferentes partes del problema.
  4. Regla de la enumeración y revisión: una vez acabado el proceso se establecen enumeraciones y revisiones para no olvidar nada ni equivocarse en nada.

1.2 El cogito

El cogito es el momento en el que Descartes descubre su primera verdad indudable, que toma como primer principio de su filosofía. Esta es la afirmación «pienso, luego existo» (cogito, ergo sum), la verdad a la que nos referimos como el cogito.

Descartes quiere decir con esto que, cuando duda, se da cuenta de que existe como un ser que piensa y duda. Si deja de pensar, no deja de existir, sino que deja de serle evidente su propia existencia.

Esta primera verdad es subjetiva, porque descubre la existencia del yo que piensa: el cogito es verdad solo de forma subjetiva. El cogito no dice «pienso», sino el yo de cada uno, que es lo que nos descubre el cogito.

Después, Descartes se propone reconstruir sobre ella el saber a modo de la deducción matemática, para sacar todas las consecuencias que se siguen de ella. Descartes extrae tres consecuencias:

  1. Y 2. La naturaleza del yo recién descubierto.
  2. La tercera es su decisión de convertir la primera verdad en modelo de verdad, es decir, no aceptar ninguna verdad que no sea tan evidente como el cogito.

Descartes atribuye al pensamiento las características de una sustancia, haciendo que el «yo pienso» sea una «cosa» que tiene que tener ciertos atributos. La segunda consecuencia lo lleva a identificar al yo como el alma y a distinguirlo del cuerpo, pues el yo seguiría existiendo sin el cuerpo.

Como la duda sigue, Descartes analiza ese «yo pienso» y lo caracteriza como una sustancia pensante, una cosa que piensa «ideas». La única forma de progresar es analizando esas ideas. Distingue tres tipos:

  • Ideas adventicias: proceden del exterior de mí.
  • Ideas facticias: producidas por mí.
  • Ideas innatas: no proceden de ninguna de las anteriores.

Las dos primeras ideas no pueden ser válidas, porque cuando proceden de objetos están sometidas a las mismas dudas que la existencia de objetos externos. Solo es válida la tercera.

2. La demostración de la existencia de Dios

Descartes relaciona este texto con la demostración de la existencia de Dios. Analiza dos ideas, la de infinito y la de perfección, pero argumenta que no pueden ser causadas por mí, sino solo por un ser proporcionado a ellas y propuesto por un ser infinito y perfecto. A partir de ellas demuestra la existencia de Dios y utiliza tres tipos de pruebas:

  1. Prueba gnoseológica: se basa en el concepto. Teniendo la idea de un ser perfecto, se pregunta de dónde viene. No puede ser invento mío, ni puede proceder de lo imperfecto ni del mundo, porque no es perfecto. Por tanto, solo puede estar en mí si ha sido puesta por un ser perfecto, que es Dios.
  2. Prueba causal: se basa en la causalidad. Descubre que es imperfecto, pero posee algunas perfecciones, y se pregunta por el origen de dichas perfecciones. Afirma que no provienen de él, pues así podría ponerse más, u otras. Por tanto, solo pueden proceder de Dios, de quien procede y depende todo lo que hay.
  3. Argumento ontológico: igual que no podemos pensar en un triángulo sin pensar al mismo tiempo que sus ángulos miden dos rectos, tampoco puedo pensar en un ser perfecto sin pensarlo al mismo tiempo como existente, pues la existencia está incluida en la idea de Dios como ser perfecto.

3. Descartes y Santo Tomás

A nivel ontológico, ambos autores reconocen en Dios a la sustancia infinita, que es perfecta y la causa de todo cuanto existe. Pero difieren en la forma de llegar a ella y de demostrar su existencia:

  • Las pruebas de Santo Tomás son a posteriori (a partir de la experiencia). Son las cinco vías tomistas, y parten de los efectos sensibles para llegar a una causa primera necesaria.
  • Las pruebas de Descartes son a priori (independientes de la experiencia). Son argumentos racionales que no recurren a la aportación de los sentidos y se apoyan en tres tipos de pruebas.

En síntesis, ambos coinciden en la naturaleza de Dios, pero se diferencian en el método: Santo Tomás parte de la experiencia sensible, mientras que Descartes parte de la razón y de la idea innata de perfección.