Crisis, Fuerismo y Emigración: La Navarra del Siglo XIX

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Crisis Política y el Conflicto Carlista

La Iglesia se opuso a la Constitución por considerar que sus ideas atacaban a la Iglesia católica. Amadeo I de Saboya sustituyó a Isabel II y tuvo que abdicar por falta de apoyo del pueblo, tras lo cual se impuso la Primera República (1873-1874), que apenas duró 10 meses y tuvo cuatro presidentes.

En 1872 empezaron las primeras revueltas, aunque solo tuvieron éxito en Vascongadas y Navarra. La Primera República llegó en 1873; Carlos VII se instaló en Estella mientras las grandes ciudades se resistían. Pamplona sufrió un asedio a principios de 1875. La ofensiva final acabó con la toma de Estella, capital del carlismo, y Carlos VII abandonó España en 1876.

Avatares Políticos de Fin de Siglo

Con la Restauración de Alfonso XII apareció un movimiento político, el fuerismo, del que surgirá el nacionalismo vasco. Contó con intelectuales como Juan Iturralde y Suit o Arturo Campion. En 1878 se unieron en torno a la Asociación Euskara; aunque no formaron un partido, tenían procedencias ideológicas muy distintas. Algunos participaron en listas electorales y Campion salió elegido diputado en 1893. En ese momento se inició el desarrollo de la prensa periódica en Navarra.

La Gamazada

El mayor encontronazo se produjo en 1893, cuando Germán Gamazo proyectó acabar con la autonomía fiscal navarra e imponer el régimen común del resto de España. La Diputación, los representantes en Cortes y la prensa se movilizaron contra el gobierno. Se recogieron firmas y se organizaron manifestaciones, siendo la más importante la del 4 de junio de 1893. Fue conocido popularmente como la Gamazada; en conmemoración de este suceso se levantó el Monumento a los Fueros.

Tradiciones Sociales e Inquietudes Culturales del Siglo XIX

La demografía y la emigración

La emigración se dirigía hacia América, compuesta casi siempre por hombres jóvenes. Las limitaciones de la agricultura y la ganadería obligaban a los varones a abandonar los pueblos. La institución del mayorazgo también favorecía esta situación, al dejar la casa y la tierra a uno solo de los hijos.

El destino más habitual era la zona del Río de la Plata (Argentina, Uruguay), aunque también acudían a México, Venezuela o Cuba. La mayor parte no se hizo rica y más de uno se mantuvo como se había ido, pero la imagen que llegaba de América era la del indiano que había hecho fortuna y regresaba para disfrutar en una lujosa casona de estilo inconfundible. Los enganchadores eran agentes de las compañías navieras dedicadas al transporte de emigrantes.