Crisis de las democracias liberales: ascenso del fascismo en Italia y del nazismo en Alemania (1918-1939)
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La crisis de las democracias liberales
Consecuencias de la Primera Guerra Mundial
La victoria de los Estados democráticos en la guerra provocó la desmembración de los imperios autoritarios y el nacimiento de nuevos países que eran repúblicas y tenían un sistema político liberal parlamentario.
La década de 1920 fue un período de difíciles circunstancias económicas: se produjo inflación, muchas producciones ligadas a la guerra se detuvieron, aumentó el paro y se acumularon stocks. Todo esto estuvo ligado a la crisis social que condujo a la fuerte oposición hacia las democracias.
Las democracias ante la crisis
Allí donde la agitación social y la crisis económica golpearon a países con fuerte arraigo del parlamentarismo y con la mejor organización de las fuerzas democráticas, se logró integrar en el sistema al socialismo emergente gracias al sufragio universal y a la formación de coaliciones políticas amplias. Esto permitió aislar a los partidos más radicales y consolidar la democracia parlamentaria.
Aparición de regímenes autoritarios
En países donde el sistema liberal-parlamentario tenía poca tradición, y donde los partidos liberales o conservadores veían que eran impotentes frente a la crisis económica y la revuelta social, se establecieron sistemas políticos autoritarios (dictaduras que prometían restablecer el orden, exaltaban el nacionalismo y se apoyaban en los grandes propietarios con el objetivo de frenar el avance de las ideas socialistas y comunistas).
La Italia fascista (1922-1939)
Crisis de la posguerra
El coste de la vida en Italia había aumentado más rápido que el salario. El movimiento huelguista alcanzó una gran virulencia y a menudo presentaba objetivos revolucionarios. En el campo se desarrolló el movimiento de ocupación de tierras de los grandes propietarios. Todos estos movimientos se reprimieron por temor a la bolchevización y al estallido de la revolución social, que se extendió entre la burguesía.
La monarquía se encontraba en inestabilidad y ningún partido obtenía mayorías estables ni gobiernos estables. El régimen constitucional se apoyaba en la coalición de los partidos liberales de centro, que empezó a verse fuertemente contestada por los partidos socialista y popular. A ello había que sumar el nacionalismo exaltado tras la guerra.
Formación del Partido Nacional Fascista
En 1919, Mussolini fundó los Fasci di Combattimento. En noviembre de 1921 el movimiento cambió de nombre al Partido Nacional Fascista, con un nuevo programa que mezclaba un discurso populista en lo social con un nacionalismo fuerte y un proyecto expansionista y militarista en la política exterior.
Este partido se nutrió de sectores obreros descontentos con la situación política y social, y de la pequeña burguesía. Tuvo ayuda financiera de la Confindustria. Las escuadras fascistas protagonizaron numerosos actos de violencia social.
Marcha sobre Roma y llegada al poder
El poder llegó con la marcha sobre Roma en octubre de 1922. Los fascistas anunciaron que, si el gobierno era incapaz de restablecer el orden, irían a la capital y pedirían el poder. Los "camisas negras" ocuparon edificios públicos de la capital y comenzaron a controlar las instituciones y las comunicaciones del norte de Italia.
Víctor Manuel III pidió a Mussolini, el 30 de octubre, que formara un nuevo ejecutivo. Un gobierno de coalición entre distintas fuerzas políticas mantuvo formalmente la vida parlamentaria. Después de Matteotti, Mussolini consiguió ganar las elecciones, asumió plenos poderes y silenció a toda la oposición.
Dictadura fascista
Mussolini atrajo a la Iglesia católica y firmó los Pactos de Letrán (1929), que supusieron el reinicio de las relaciones entre el Estado y la Iglesia romana. También contribuyeron a su popularidad su política expansionista y nacionalista.
Se promovió la remilitarización y se inició una campaña con el fin de recuperar territorios irredentos. La política expansionista fascista implicaba la posesión de territorios coloniales en África y Europa.
Un fuerte dirigismo económico
La economía se caracterizó por el intervencionismo estatal, la tendencia a la autarquía económica y el proteccionismo a la industria nacional. En 1933 se creó el IRI. En 1934 el Estado adoptó políticas proteccionistas y estableció un control de los intercambios. La política autárquica condujo a la renovación de la industria nacional. El fascismo invirtió en obras públicas.
El estrecho vínculo entre el sector privado y el estatal tuvo como principal beneficiaria a la oligarquía.
Un estricto control social
En la educación primaria, los profesores tenían que vestir la camisa negra, y en la universidad debían jurar fidelidad al régimen. El catolicismo fue la religión oficial, se prohibió el divorcio, la enseñanza religiosa era obligatoria y se exaltó el papel de la madre y de la familia. Todo ello favoreció el control de los medios de comunicación.
La República de Weimar (1918-1933)
La debilidad de la República de Weimar
La nueva república no fue capaz de formar un sistema político estable. En 1919 se produjo el levantamiento de la Liga Espartaquista. En 1920, el golpe de los grupos nacionalistas radicales se tradujo en un conato de ocupación de Berlín; el golpe de Estado fracasó gracias al estallido de la huelga general.
La situación económica era muy difícil. La crisis llegó a su punto álgido en 1923, cuando Alemania no podía pagar las deudas a Francia y las tropas galas ocuparon el territorio minero del Ruhr.
Formación del Partido Nazi
Hitler inició su carrera política en el NSDAP. En 1921 se puso al frente del partido, reorganizándolo y creando las SA. En 1923 fue detenido y pasó seis meses en la cárcel por el intento de golpe de Estado. Hitler defendía el antisemitismo, la superioridad de la raza aria y la formación de una gran Alemania.
Al salir de la cárcel, su posición dentro del partido y su liderazgo político eran más fuertes. En 1925 creó las SS. La mejora de la situación económica y social entre 1924 y 1929 provocó la pérdida de terreno de los nazis.
La Alemania nazi (1933-1939)
La llegada al poder del nazismo
En enero de 1933 Hitler fue nombrado canciller en un gobierno de coalición. Su nacionalismo radical le hizo ganar adeptos entre los militares, los antiguos combatientes y la burguesía. Para algunos, Hitler era eficaz en defender el orden frente al comunismo. Contaba con el apoyo de importantes personas de las finanzas y la industria, y con ayudas económicas.
Camino hacia la dictadura
El 27 de febrero se produjo el incendio del Reichstag, en el que se inculpó falsamente a los comunistas. El partido nazi no obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones. Hitler consiguió el apoyo de los diputados del Centro Católico, pues el parlamento le concedió plenos poderes y la facultad de promulgar leyes sin necesidad de trámites. La concentración de poderes en sus manos se completó en agosto de 1934, cuando fue presidente y canciller a la vez.
Construcción de un régimen totalitario
Solo estaba autorizado el NSDAP. La administración pública fue depurada mediante la ley que autorizaba el despido por razones raciales y políticas. Comenzó la identificación entre partido y Estado, que se constituyó como un Estado único y centralizado.
Bajo la autoridad incontestable de Hitler, un grupo de dirigentes del partido formó el nuevo Estado. Los ejecutivos luchaban por ganar más influencia y poder en la gestión del régimen. La justicia se sustituyó en las tareas de control y represión por las SS. En 1934 se creó la Gestapo. En 1933 se abrieron los primeros campos de concentración. La neutralización de la oposición llegó con la Noche de los Cuchillos Largos (1934). En ese momento, Hitler y el partido nazi tenían el poder absoluto del Estado.
Autarquía económica y rearme
Querían convertir a Alemania en la gran potencia mundial. Para ello se implantó un dirigismo estatal, se formó un plan cuatrienal de autoabastecimiento económico y se fomentó la industria de sustitución de importaciones. El Estado tenía un control sobre los precios y los salarios con el fin de frenar la inflación, y se dio prioridad a la industria pesada.
En 1939 Alemania era la segunda potencia industrial mundial, pero fue necesaria la anulación absoluta de los derechos sindicales, con salarios bajos y largas jornadas laborales. Se reafirmaron algunos de los rasgos característicos del capitalismo alemán: se aceleró el proceso de concentración de capital y aumentaron los beneficios de las empresas y de la banca.