La Constitución de Cádiz de 1812 y el Reinado de Fernando VII: Absolutismo y Liberalismo en España
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Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
En 1810, se reunía en Cádiz el Consejo de Regencia, que convocó una reunión de Cortes. Cádiz era el lugar idóneo, ya que se mantenía independiente del dominio francés y defendida por la flota británica. A Cádiz llegaron intelectuales, abogados, entre otros, que adoptarían el nombre de liberales. Sin embargo, Cádiz estaba sitiada y sin contacto directo con el pueblo. Estas gentes que habían llegado a la ciudad redactarían la primera de las constituciones españolas, la de 1812, conocida como La Pepa, por aprobarse el día de San José.
La Constitución de 1812: Principios y Decretos
La Constitución de 1812 estableció que el rey ya no sería un monarca absoluto, sino que gobernaría con un Parlamento más o menos elegido por el pueblo. Por ello, la monarquía se conocería como parlamentaria. Se instauró la separación de poderes (detalle: el rey Fernando VII estaba preso en Francia).
Las ideas básicas de una constitución liberal habían nacido con la Declaración de Independencia de los EE. UU. y la Revolución Francesa. En ambos casos, se recogían las ideas de los ilustrados del siglo XVIII (división de poderes, poder del parlamento...). Esta constitución supuso el ascenso al poder de la burguesía, que tenía todo el poder económico y reclamaba el político, en manos del rey.
Principales decretos aprobados:
- Reunión en una sola cámara y votación de manera individual.
- Soberanía nacional.
- Se deroga la monarquía absoluta y tradicional (no puede haber un parlamento si el rey tiene todos los poderes).
- Libertad de imprenta.
- Quedan abolidos todos los privilegios señoriales y la Inquisición.
- Los ministros del rey tendrían responsabilidad ante las Cortes.
- Los tributos se pagarían por todos los españoles sin distinción.
La España de Fernando VII (1814-1833)
La primera etapa: de 1814 a 1820
Acabada la guerra, las Cortes se trasladaron a Madrid y dictaminaron que para aceptar a Fernando VII como rey, este debía jurar la Constitución. Fernando VII llegó a España y fue a Zamora y Zaragoza, y de allí a Valencia, donde recibió el Manifiesto de los Persas, un escrito de algunos diputados instándole a que implantara el Antiguo Régimen y, por tanto, la monarquía absoluta. Fernando VII suprimió la Constitución y dio órdenes para restaurar el absolutismo, entrando en Madrid como rey absoluto.
El comandante Rafael del Riego se sublevó en Cabezas de San Juan (Sevilla) en 1820 con las tropas que se concentraban para sofocar la rebelión en América. Él y otros militares sublevados exigieron al rey que jurara la Constitución de 1812. El rey, asustado, juró la Constitución.
El Trienio Liberal (1820-1823)
Con el juramento de Fernando VII, España se convirtió en una monarquía parlamentaria. Regresaron los exiliados que estaban en Inglaterra y se intentó transformar el país. Dentro de los liberales, vamos a encontrar dos tendencias: por una parte, los doceañistas, partidarios de la Constitución de 1812; y por otro, los exaltados, liberales radicales que querían ir más allá de lo redactado en Cádiz.
Al igual que algunos guerrilleros se alzaron en armas en la etapa anterior, en esta sucedió lo mismo. Al final, Fernando VII solicitó la intervención de la Santa Alianza para restaurar el absolutismo. Un ejército, Los Cien Mil Hijos de San Luis, entró en España y sin oposición proclamó a Fernando VII como rey absoluto.
La Década Absolutista (1823-1833)
Se produjo una oleada de persecución contra los liberales exaltados. El gobierno del rey no satisfizo a nadie, ni a liberales ni a absolutistas, que lo consideraban muy débil con los liberales. Fue una época de conspiraciones liberales y muchos de los líderes que las encabezaron murieron ajusticiados: Riego, Torrijos, Mariana Pineda.
Los absolutistas tampoco estaban de acuerdo con la postura blanda del rey y se agruparon en torno a Carlos María Isidro, hermano del rey y su sucesor al no tener el rey descendencia. Este grupo radical se conocería con el nombre de Apostólicos.
En 1829, Fernando VII se casó con doña María Cristina y en 1830 nació una niña, la futura Isabel II. Para que ella gobernara, Fernando tuvo que derogar la Ley Sálica, que impedía el acceso de las mujeres al trono. Los apostólicos, dirigidos por Carlos María Isidro, no reconocieron la derogación de esta ley. A la muerte de Fernando VII, estalló una guerra entre los partidarios de Isabel (isabelinos) y los partidarios de Carlos María Isidro (carlistas), nombre que también se utiliza para designar a esas guerras.