La Ciencia, la Acción y la Prudencia en el Pensamiento de Aristóteles
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La ciencia y lo necesario
En su obra Analíticos, Aristóteles sostiene que la ciencia estudia lo necesario y, por ello, es eterna, ingénita e indestructible. Se ocupa de realidades y principios inteligibles e inmutables. En esto, Aristóteles sigue a Platón, quien también considera que lo propio de la ciencia es el estudio de realidades universales y necesarias. El razonamiento de la ciencia es la demostración.
Aristóteles distingue entre dos procesos fundamentales:
- Inducción: Es el proceso de ir de lo particular a lo general.
- Silogismo: Parte de lo universal, de lo establecido por la inducción, y es de carácter deductivo.
La acción y la producción
Para Aristóteles, la vida práctica y productiva del ser humano requiere formas específicas de conocimiento. Defiende la existencia de una razón práctica y una razón productiva como modos de conocimiento intelectual distintos de la ciencia.
La acción y la producción son dos géneros de actividad humana:
- Producción: Se reconoce en el producto, en lo que queda después de haber realizado la actividad.
- Acción: No deja tras de sí ningún efecto constatable y solo puede ser calibrado por la perfección en el realizarse de la acción misma.
A cada género de actividad corresponde una virtud intelectual distinta: a la acción, la prudencia; y a la producción, el arte.
Prudencia y moderación
La prudencia es una virtud intelectual, es decir, un hábito permanente, voluntario y adquirido, enfocado al descubrimiento de la verdad. Se diferencia porque medita sobre acciones que son contingentes. Es el hábito de razonar por medio de deliberaciones que concluyen en una decisión siempre contingente.
Por otro lado, la moderación es una virtud ética, no intelectual. Es un hábito de actuar conforme al término medio de las acciones y pasiones.
La relación entre prudencia y moderación
La prudencia hace posible la moderación, ya que esta se realiza en el ejercicio habitual de nuestras acciones, eligiendo el término medio adecuado; dicha elección tiene lugar por medio de la prudencia. Por tanto, la prudencia no es solo una virtud intelectual, ya que es también una virtud moral cuyo ejercicio modela de manera permanente el carácter.