Las Cinco Vías de Santo Tomás y el Problema del Mal en San Agustín
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Las Cinco Vías de Santo Tomás de Aquino
- Vía del movimiento: Todo lo que se mueve es movido por otro.
- Vía de la causalidad eficiente: Dios se presenta como la causa incausada; origina todo lo que existe, pero Él no es causado por nada anterior.
- Vía de la contingencia: Los seres existen pero podrían no existir; requiere un ser necesario.
- Vía de los grados de perfección: Existe una escala de valores que remite a una perfección absoluta.
- Vía de la finalidad: El orden del universo apunta a una inteligencia ordenadora.
El problema del mal y la libertad en San Agustín
Para comprender la antropología agustiniana, debemos considerar dos conceptos teológicos fundamentales:
- Traducianismo: El pecado original se transmite de generación en generación.
- Monogenismo: Todos los seres humanos procedemos de una misma pareja original.
¿Es el ser humano libre?
Sí, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Si Dios es libre, otorgó esa misma condición al ser humano. El hombre debe elegir lo que le hace bien para alcanzar la felicidad; por tanto, debería elegir el bien absoluto (Dios) para ser plenamente feliz.
El problema: Nuestra capacidad de elegir se ve debilitada y optamos por bienes inferiores en vez del bien mayor. Así, la libertad se transforma en libre albedrío: el mal uso de la libertad al preferir bienes finitos sobre el bien supremo.
¿Qué es el mal?
No existen "cosas malas" en sí mismas, ya que todo lo creado por Dios es bueno. Sin embargo, no todos los seres poseen la misma categoría. El mal se define como la privación del bien.
Tipos de males:
- Mal moral: Mal uso de la libertad. Elegir lo menos bueno en lugar de lo mejor. Es evitable.
- Mal natural: Corruptibilidad, desastres naturales, muerte y dolor. Es inevitable.
Filosofía de la Historia: Ciudad Terrena y Ciudad de Dios
San Agustín divide a la humanidad en dos grupos:
- Ciudad terrena: Quienes desprecian a Dios y se aman solo a sí mismos.
- Ciudad de Dios: Quienes aman a Dios sobre todas las cosas, hasta el punto de despreciarse a sí mismos.
Ser cristiano no garantiza automáticamente ser habitante de la Ciudad de Dios. Los ciudadanos de la Ciudad de Dios utilizan los valores mundanos como medio para acceder a Dios, mientras que los de la ciudad terrena convierten las realidades mundanas en su fin último.
Durante la historia, ambos grupos viven mezclados. La distinción definitiva solo se revelará en el Juicio Final. Por lo tanto, la reflexión de San Agustín es esencialmente moral más que política: es una lucha de amores entre el amor a Dios y el amor a uno mismo. La Iglesia, en este plano temporal, está formada por santos y pecadores; en ambas ciudades existen luces y sombras.