Valores Subterráneos y Desviación Social: Estrategias de Justificación de Conducta

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Valores Convencionales y Subterráneos en la Sociedad

En la sociedad, coexisten dos tipos de valores: los convencionales, que son ampliamente aceptados y seguidos por la mayoría de la población por ser bien vistos y comúnmente aceptados; y los subterráneos, compartidos por muchos, aunque a menudo entren en conflicto con los primeros. Estos últimos incluyen:

  • El amor al dinero, sobre todo al fácil.
  • La búsqueda de aventura y de peligro.
  • La atracción por la agresividad.

Paradójicamente, la sociedad convencional apoya en determinados momentos y con ciertos límites este tipo de valores. De hecho, vivimos en un mundo competitivo donde se estimula la creatividad, lo que puede fomentar indirectamente algunos de estos valores subterráneos.

Esta ambivalencia moral, que apoya oficialmente determinados valores (generalmente asociados al estilo de vida de la clase media), a menudo es incapaz de disimular su íntima conexión con los valores subterráneos. Esta conexión deriva de la complejidad inherente a las sociedades y culturas modernas.

La Desviación Social y los Valores Subterráneos

Los sujetos desviados son aquellos que aceptan y actúan conforme a los valores subterráneos. Sin embargo, el mundo desviado no es un cuerpo extraño en el seno social; más bien, lo que hace es situar en la superficie aspectos que ya están presentes en la cultura dominante.

Según esta perspectiva, no existe una contradicción intrínseca entre los valores subterráneos y los convencionales. Ambos grupos —ciudadanos respetuosos con la ley y delincuentes— comparten, en esencia, los mismos valores. La diferencia radica en que los segundos justifican sus acciones desde la óptica de los valores subterráneos.

Para llevar a cabo sus acciones, los individuos han de neutralizar previamente los preceptos valorativos comúnmente aceptados y justificar su adhesión a los valores subterráneos. Esto se logra mediante diversas estrategias de autojustificación.

Técnicas de Neutralización o Autojustificación

Negación de la responsabilidad

El individuo no admite la culpa de sus acciones, atribuyéndola a fuerzas que están más allá de su control (malos padres, pobreza, etc.). Se presenta a sí mismo como el tipo de persona que se ve obligado a delinquir dadas las circunstancias que le rodean, justificando su conducta con frases como: “Todos somos humanos”, “O eso o morirme de hambre”, “Estoy enfermo” o “No tenía otra opción”.

Negación del daño o del delito

El individuo puede no negar el acto, pero mantiene que nadie fue dañado física ni económicamente. Ejemplos de justificación incluyen: “Si es poca cantidad no es robar” o “No pasa nada por aparcar en un paso de peatones”.

Negación de la víctima

El sujeto justifica su acción argumentando que la víctima “se lo merecía”.

Negación de la existencia de víctimas

El individuo niega que sus acciones causen daño a alguien. Por ejemplo, el defraudador al Fisco dirá: “No hago daño a nadie”, y el atracador de bancos responderá: “Nunca maté a nadie”.

Condena de los juzgadores y apelación a lealtades superiores

El individuo desaprueba a quienes lo juzgan, considerándolos hipócritas o desviados ocultos. Además, apela a lealtades superiores, argumentando que las demandas inmediatas de su grupo están por encima de las normas generales. Conscientes de que las leyes tienen excepciones legítimas, extienden, modifican y distorsionan estas justificaciones legales, adaptándolas a su propia situación. Ejemplos de estas justificaciones son: “Cumplía órdenes”, “Lo hice por Dios”, “por la Patria”, “por la Revolución”, “Lo maté por una causa justa” o “No era una persona honesta”.

Condena de quienes condenan

El sujeto invierte la acusación, señalando la hipocresía o la ilegitimidad de quienes lo juzgan. Frases comunes incluyen: “Quien hizo la ley hizo la trampa” o “Ellos —los poderosos— son los verdaderos ladrones”.