La URSS bajo Stalin: Industrialización y Colectivización
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Stalin, Dueño del Poder
El sistema estalinista impuso la ideología comunista dentro del Estado y la sociedad soviéticas. El Partido Comunista se convirtió en un ente monolítico que no permitía el debate, sino que exigía la sumisión de todos sus miembros a la línea oficial. A partir de entonces, Stalin ejerció una dictadura personal apoyada en los resortes del Partido Comunista y que persiguió, encarceló o aniquiló a todo aquel que se le opuso o podía hacerle sombra.
Stalin se sirvió de la burocracia para fortalecer el partido y el Estado, creando una nueva clase social privilegiada: la nomenclatura. Formaban parte de la nomenclatura los planificadores de la economía, directores de empresa, gerentes de las cooperativas agrarias, arquitectos responsables de las obras públicas y un sinfín de dirigentes del Partido vinculados a la organización y administración del Estado.
En un Estado que se proclamaba igualitario, estas élites tenían acceso a prebendas que resultaban inasequibles a la mayoría de la población. El carácter exclusivista de este grupo fomentó la creación de numerosos vínculos de clientelismo dentro del PCUS, que contribuyó a perpetuar la ineficacia y la corrupción dentro del sistema.
El pensamiento socialista se redujo a una serie de dogmas y se propició el culto a la personalidad de Stalin, que era venerado como líder y gran benefactor de la URSS. También se impuso una rígida censura en la que el Estado marcaba las pautas a seguir en todos los ámbitos, incluidas la vida cultural y las corrientes estéticas.
El llamado realismo socialista se convirtió en el arte oficial de la Unión Soviética. A partir de 1934, se prohibió el arte vanguardista de los primeros años de la revolución y se impuso una estética que exaltaba el trabajo y la solidaridad del régimen comunista.
La Planificación y Colectivización de la Economía
A nivel económico, la política de Stalin se orientó hacia la construcción de una sociedad sin propiedad privada a partir del control de todos los medios económicos por parte del Estado. El control estatal pasó por una rígida planificación de la economía, que se concretó en unos planes quinquenales de obligado cumplimiento, que eran elaborados y supervisados por el gran organismo directivo de la planificación (Gosplan). Su objetivo era doble: convertir a la URSS en un país plenamente industrial y hacer de su sector agrario un extraordinario núcleo de producción a través de la explotación colectivizada. Sin embargo, los objetivos lanzados por la planificación raramente se conseguían y los resultados acostumbraban a situarse por debajo de lo esperado.
El primer plan quinquenal estuvo vigente durante el periodo 1929-1933 y fue seguido por otros dos. Durante el primer plan, en las ciudades fueron colectivizados los bienes inmuebles (edificios, tierras, caminos…), los transportes y los instrumentos financieros. Toda la industria fue socializada, y también se pretendió suprimir la economía de mercado y distribuir los recursos desde el Estado.
La colectivización masiva de la agricultura comenzó en 1929, cuando en las grandes zonas cerealistas del país, como Ucrania, los campesinos fueron instados a agruparse en granjas colectivas y estatales. La colectivización fue el fin de los kulaks, los propietarios acomodados, que fueron expropiados y a menudo aniquilados.
Los capitales necesarios para el crecimiento industrial se extrajeron de la agricultura, la minería y otras actividades primarias, lo que generó una importante desigualdad entre la ciudad y el campo, donde el nivel de vida de los campesinos se mantuvo bajo. La agricultura fue uno de los puntos débiles de la economía y el sector donde la planificación obtuvo sus mayores fracasos, lo que dio lugar a periodos de escasez en el suministro de alimentos. Además, la prioridad a la industria pesada comportó un desabastecimiento de productos de consumo y la sociedad soviética a menudo se encontró privada de productos básicos. En consecuencia, el nivel de vida de la población no mejoró sustancialmente.
La planificación comportó la industrialización de la URSS en diez años y transformó rápidamente la estructura económica del país. La producción industrial creció enormemente, especialmente en hierro y acero, así como la producción de energía (carbón e hidroelectricidad) y la construcción de infraestructuras (ferrocarril). A finales de la década de 1930, la URSS se había situado entre las grandes potencias industriales del mundo.