La Unificación de Italia y Alemania: Nacionalismo y Cambio en la Europa del Siglo XIX

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El Legado del Congreso de Viena y los Primeros Movimientos Nacionalistas

Las fronteras establecidas en el Congreso de Viena (1815) no satisficieron las aspiraciones nacionales de muchos pueblos europeos:

  • El pueblo alemán: Deseaba un estado unificado, pero quedó dividido en numerosos estados.
  • Los italianos: Quedaron fragmentados en 8 estados.

En 1820, 1830 y 1848, los nacionalistas intentaron cambiar esta situación mediante revoluciones, pero no lo consiguieron en la mayoría de los casos. Solo los belgas (independizándose de Holanda) y los griegos (del Imperio Turco) lograron sus objetivos de independencia en este periodo temprano.

Las Unificaciones Nacionales (1859-1871)

Entre 1859 y 1871, el mapa de Europa fue modificado significativamente debido a la unificación de los distintos estados alemanes e italianos.

Unificación de Italia (1859-1870)

Las revoluciones a favor de la unidad italiana en 1830 y 1848 fueron sofocadas por el Imperio Austriaco.

Hacia 1859, las esperanzas del pueblo italiano se centraron en los planes de Víctor Manuel II, rey de Piamonte-Cerdeña, y de Camilo Cavour, su primer ministro. Cavour inició en 1859 un proceso de unificación tras la guerra con Austria. Italia estuvo liderada por el reino de Piamonte-Cerdeña.

Se celebraron consultas populares (plebiscitos) donde el pueblo votó a favor de formar el Reino de Italia y que su rey fuera Víctor Manuel II. El proceso culminó en 1870.

Unificación Alemana (1864-1871)

Los estados alemanes iniciaron un proceso de unificación que comenzó en el ámbito económico y luego pasó al político. En 1834 se puso en marcha el Zollverein, una unión aduanera que facilitaba el comercio entre los estados alemanes.

El Imperio Austriaco y el Reino de Prusia eran rivales por la hegemonía en el espacio alemán. A partir de 1850, Prusia se convirtió en una gran potencia industrial y desarrolló el ejército más poderoso de la región.

En 1862, el rey Guillermo I de Prusia nombró canciller a Otto von Bismarck. Este declaró célebremente que "la unidad alemana no se hará con discursos o votaciones, sino a sangre y hierro".

Fases de la Unificación Alemana bajo Bismarck:

Guerra de los Ducados (1864)

Bismarck pidió la colaboración de Austria para que los alemanes recuperaran dos territorios (ducados) bajo control danés. Una fulminante campaña militar arrebató los ducados a Dinamarca: Schleswig quedó bajo administración prusiana y Holstein bajo administración austriaca.

La Guerra Austro-Prusiana (1866)

Prusia venció decisivamente al Imperio Austriaco. Tras la victoria, los estados alemanes del norte pidieron unirse a Prusia. Bismarck pensó que la amenaza de un país exterior incitaría los sentimientos nacionalistas en los estados del sur, unificándolos con el norte. Necesitaba un país que actuara como agresor y calculó que Napoleón III de Francia intervendría si encontraba el pretexto adecuado.

La Guerra Franco-Prusiana (1870-1871)

Napoleón III cayó en la trampa de Bismarck y declaró la guerra a Prusia. En apenas un mes, Prusia derrotó a Francia en la decisiva Batalla de Sedán, en la que el propio Napoleón III cayó prisionero. Como consecuencia, el Segundo Imperio Francés se hundió y se proclamó la Tercera República en Francia.

Nacimiento del Imperio Alemán

El 18 de enero de 1871, en el Palacio de Versalles, mientras Francia se rendía, los estados alemanes proclamaron Emperador (Káiser) de Alemania a Guillermo I de Prusia. Francia tuvo que ceder a la nueva Alemania los territorios de Alsacia y Lorena.

Surgía así el Segundo Reich (Imperio Alemán). Bismarck se convirtió en el árbitro de la política europea durante los veinte años siguientes.