El Turnismo en la Restauración Borbónica: Estabilidad y Fraude Electoral en la España del Siglo XIX
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Para conseguir estabilidad en la Constitución, se necesitó el turnismo: un sistema de alternancia política entre el Partido Conservador y el Partido Liberal. Esto puso fin al exclusivismo y a la eliminación del pronunciamiento militar o la insurrección como vías de acceso al poder.
El Partido Conservador de Cánovas
El Partido Conservador, dirigido por Antonio Cánovas del Castillo hasta su asesinato, se formó gracias a la confluencia de moderados, unionistas y progresistas. Su ideario se basaba en la defensa de la sociedad, la Monarquía y la propiedad.
El Partido Liberal de Sagasta
El Partido Liberal, formado en 1880 y dirigido por Práxedes Mateo Sagasta hasta 1903, aglutinó a progresistas, demócratas y republicanos. Sus miembros aceptaron la Constitución y la Monarquía para poder participar en la vida política. Defendían la libertad, el sufragio, la libertad religiosa y la libertad de cátedra.
Mecanismos de Funcionamiento y Consolidación del Sistema
Para que el sistema de turnismo funcionara, era necesario el acuerdo entre ambos partidos y que la Corona asegurara el compromiso.
Este sistema se puso en marcha en 1881, cuando Sagasta sustituyó a Cánovas en el gobierno. Sin embargo, se consolidó definitivamente en 1885, tras la muerte de Alfonso XII y la firma del Pacto de El Pardo. Desde entonces, el turnismo se mantuvo hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Cuando un partido sentía presiones internas o se desgastaba, el rey mandaba a gobernar al otro partido, contando con su apoyo, pero sin el respaldo previo de las Cortes.
El monarca les otorgaba la disolución de las Cortes, preparando nuevas elecciones que eran manipuladas para asegurar la formación del nuevo gobierno y su mayoría parlamentaria.
El rey actuaba como árbitro de ambos partidos, decidiendo la sustitución de uno por otro.
El Fraude Electoral: Pilares de la Falsa Democracia
Para garantizar la alternancia y la estabilidad, se falseaban las elecciones, creando las mayorías parlamentarias necesarias.
Estas manipulaciones eran principalmente de dos tipos:
- El Encasillado: Las fuerzas políticas se repartían los distritos electorales. Los puestos eran asignados a sus candidatos, dejando una minoría al otro partido y unos pocos a las minorías.
- El Pucherazo: Se manipulaban los votos comprándolos, intimidando a los electores, utilizando el nombre de difuntos e incluso colocando urnas en hospitales en cuarentena.
El Caciquismo: La Red de Control Local
Esta manipulación era posible gracias al caciquismo, una relación política clientelar entre una persona (el cacique) y sus clientes. Un cacique era un jefe de un partido político que actuaba a nivel local, utilizando medidas escandalosas, intimidando a la población e incluso contando con la ayuda de la Guardia Civil.
El pueblo no tenía una repercusión real en los votos y, gracias a que la mayoría de la población española era analfabeta, el sistema se mantuvo. Además, la oposición no supuso problemas significativos durante gran parte del periodo. Sin embargo, esta realidad se rompía a veces en las ciudades, donde el voto era más libre y menos susceptible a la manipulación.
Impacto y Legado del Turnismo
El turnismo se mantuvo, como se ha mencionado, hasta la Primera Guerra Mundial. Antonio Cánovas del Castillo presidió los primeros gobiernos de Alfonso XII. Sus medidas incluyeron: poner fin a las guerras (como la Tercera Guerra Carlista y la Guerra de Cuba), establecer un control en las aduanas, la expansión de la ley electoral, la promulgación de la ley de los derechos individuales, y también recortó la libertad de cátedra, de expresión y de asociación. Su propósito era acallar a la oposición (demócratas, socialistas, etc.) y asegurar la estabilidad del régimen.
La llegada de los liberales al poder entre 1883 y 1885 fue breve e impidió a Sagasta desarrollar importantes mejoras, como la ampliación de la libertad de expresión y la atención a los problemas de los obreros. En 1883 fueron sustituidos por los conservadores y, en 1885, tras la muerte de Alfonso XII y la firma del Pacto de El Pardo, se permitió la estabilidad política hasta que Alfonso XIII alcanzó la mayoría de edad en 1902. Durante este periodo, María Cristina de Habsburgo regentó la Corona.
La Restauración permitió el dominio de la burguesía y proporcionó una notable estabilidad política al país, además de impulsar el desarrollo industrial. Sin embargo, tras la desaparición de algunos líderes clave, se vieron las primeras crisis, donde los partidos opositores intervinieron contando con un creciente apoyo popular, como por ejemplo el PSOE de Pablo Iglesias.