Tratado de Alcáçovas (1479): Paz Ibérica, Reparto Atlántico y Consolidación de los Reyes Católicos

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El Tratado de Alcáçovas (1479): Un Hito en la Expansión Atlántica y la Paz Ibérica

El Tratado de Alcáçovas, también conocido como Paz de Alcáçovas, fue un acuerdo fundamental en la historia de la península ibérica y la expansión atlántica. Fue firmado en la villa portuguesa del mismo nombre el 4 de septiembre de 1479. Este trascendental pacto se celebró entre los representantes de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, por un lado, y del rey Alfonso V de Portugal y su hijo Juan II, por el otro. El tratado fue posteriormente ratificado por el monarca portugués y por los Reyes Católicos en Toledo, razón por la cual también se le conoce como Tratado de Alcáçovas-Toledo.

Cláusulas Principales del Tratado de Alcáçovas

El acuerdo estableció tres cláusulas principales que redefinieron las relaciones y los territorios de las coronas ibéricas:

  • Fin de la Guerra de Sucesión Castellana: Puso término a las hostilidades tras la cruenta Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). En virtud de este acuerdo, Alfonso V renunció definitivamente al trono de Castilla, y a cambio, los Reyes Católicos renunciaron a cualquier pretensión sobre el trono portugués.
  • Reparto de los Territorios del Atlántico: Se procedió a la delimitación de las zonas de influencia en el océano Atlántico entre ambos reinos. Portugal mantuvo el control sobre sus posesiones de Guinea, la Mina de Oro, Madeira, las Azores, Flores y Cabo Verde. A Castilla, por su parte, se le reconoció la soberanía exclusiva sobre las Islas Canarias.
  • Reconocimiento de la Conquista del Reino de Fez: El tratado reconoció a Portugal la exclusividad para la conquista del Reino de Fez, consolidando así su esfera de influencia en el norte de África.

Acuerdos Paralelos: Las Tercerías de Moura

En paralelo al Tratado de Alcáçovas, se negociaron las denominadas Tercerías de Moura. Estos acuerdos resolvieron la espinosa cuestión dinástica castellana, imponiendo a Juana la Beltraneja, la principal rival de Isabel I por el trono de Castilla, la renuncia a todos sus títulos castellanos. Este paso fue crucial para la consolidación del poder de los Reyes Católicos.

La Bula Aeterni Regis: Confirmación Papal

La bula Aeterni Regis fue otorgada por el papa Sixto IV con fecha de 21 de junio de 1481. Esta bula papal confirmó la validez de tres documentos fundamentales:

  • La bula Romanus Pontifex.
  • La bula Inter Caetera.
  • El artículo 8 del Tratado de Alcáçovas, que establecía el reparto de los territorios del Atlántico entre los reinos de Portugal y Castilla tras la Guerra de Sucesión Castellana.

El manuscrito original de esta importante bula se conserva en los Archivos Nacionales de Lisboa.

Contenido Detallado del Tratado de Alcáçovas

El Tratado de Alcáçovas englobó un total de cuatro acuerdos firmados, que abordaban diversas cuestiones de gran relevancia:

  • Reparto de las Zonas de Influencia en el Atlántico: Este fue uno de los puntos más cruciales, estableciendo las bases para la futura expansión marítima de ambas potencias.
  • Destino de la Reina Juana: Se estipuló el destino de la reina Juana en caso de que decidiera abandonar el convento, una medida preventiva para evitar futuras disputas dinásticas.
  • Contrato de Matrimonio: Se acordó un contrato de matrimonio entre Alfonso, el heredero portugués, e Isabel, la primogénita de los Reyes Católicos, buscando sellar la paz con lazos familiares.
  • Perdón a los Castellanos Juanistas: Se concedió el perdón a los nobles castellanos que habían apoyado a Juana la Beltraneja durante la guerra, facilitando la reconciliación interna.

El Reparto del Atlántico: Un Precedente Histórico

Con respecto al primer acuerdo, referente al reparto del Atlántico, cabe destacar que el tratado incluye un recordatorio del acuerdo firmado en 1431 entre Juan I de Portugal y Juan II de Castilla. A continuación, se procedió a la distribución de los territorios atlánticos entre Portugal y Castilla, quedando la gran mayoría para Portugal, con la excepción de las Islas Canarias.

En cambio, los territorios reconocidos a Castilla y León fueron: Lanzarote, La Palma, Fuerteventura, La Gomera, El Hierro, La Graciosa, Gran Canaria, Tenerife y todas las demás islas de Canarias, tanto las ya conquistadas como las por conquistar. Este reparto sentó un precedente fundamental para la futura delimitación de esferas de influencia en la era de los descubrimientos.