Transformación Urbana: Industrialización y Éxodo Rural en España
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El Impacto de la Industrialización en el Siglo XIX
El impacto de la industrialización durante el siglo XIX.
En la segunda mitad del siglo XVIII, tuvo lugar una gran transformación económica en Inglaterra: la Revolución Industrial. Pronto este fenómeno comenzó a expandirse por Europa, y ya a comienzos del XIX llegó a España.
Sus repercusiones sobre las ciudades fueron inmediatas y espectaculares. Al amparo de la industrialización, miles de personas comenzaron a abandonar las zonas rurales y a dirigirse a las grandes urbes en busca de un lugar mejor donde vivir.
Las consecuencias de este proceso fueron muy importantes. Las ciudades más industrializadas comenzaron a aumentar rápidamente su población, y esta tuvo que asentarse en buena medida en la periferia cercana a las industrias, hacinándose en casas de muy baja calidad y, en frecuentes ocasiones, en barrios de chabolas que poblaron los arrabales de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona.
Pero a la vez que se degradaban las zonas exteriores, las interiores, por el contrario, experimentaban también cambios considerables, aunque desde una perspectiva muy distinta. Una nueva clase social emergía de forma destacada: la burguesía industrial. Los nuevos ricos o la pujante clase media, solicitaban espacios de mayor calidad que los existentes hasta entonces para vivir, y de esta manera comenzaron a surgir los ensanches, nuevos barrios planificados para absorber el gran crecimiento demográfico de las ciudades decimonónicas.
Las ciudades industriales se transformaron radicalmente. La llegada del ferrocarril, el derribo de las murallas, los parques y jardines, las amplias avenidas o bulevares, las grandes industrias, los barrios de chabolas, etc., le dieron una imagen completamente distinta de la que tradicionalmente las había caracterizado.
El Éxodo Rural y la Explosión Urbana en España (1950-1980)
La "explosión" del fenómeno urbano en España entre 1950 y 1980.
A mediados de siglo, la coyuntura socioeconómica cambió en nuestro país. Los efectos de la guerra fueron desapareciendo paulatinamente y se inició una clara tendencia hacia el crecimiento económico. Las consecuencias de este crecimiento se dejaron sentir inmediatamente sobre las ciudades.
La mejora de las condiciones de vida en las mismas propició un proceso a gran escala de abandono de las zonas rurales y la emigración hacia las capitales, es lo que se denomina el Éxodo rural. En solo tres décadas, el campo fue despoblándose a la vez que las grandes ciudades experimentaron un crecimiento enorme, como nunca lo habían sufrido a lo largo de la Historia.
Su población se duplicó o incluso se triplicó en pocas décadas y este crecimiento vertiginoso implicó grandes cambios en un corto espacio de tiempo, lo que generó una problemática hasta entonces desconocida y a la que se tuvieron que enfrentar con bastantes dificultades.
Era muy difícil dar cobijo a semejante masa de población al ritmo que se desplazaba hacia las zonas urbanas. De ahí que pronto surgiera de forma grave y acusada la problemática de la vivienda. Faltaban casas para alojar a los recién llegados y para solucionar esta cuestión, comenzaron a construirse gigantescos polígonos de viviendas en los que los bloques de pisos o apartamentos escalaban verticalmente hacia el cielo como una forma más barata de construir y, por lo tanto, de habitar.
Surgen así enormes barriadas en la periferia sin que apenas haya una planificación de las mismas, ya que la premura por construir era tan grande, los intereses económicos tan elevados y la capacidad de los ayuntamientos por controlar ese proceso no era demasiado grande, por lo que el resultado es el desorden que todavía puede verse en numerosas ciudades españolas, en especial en las capitales de provincia.