De la Sublevación Militar a la Guerra Civil Española: Causas y Desarrollo (1936)

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La Sublevación Militar de Julio de 1936

El alzamiento militar contó con el respaldo de un heterogéneo conjunto de militares conservadores, destacando los africanistas. El fracaso de la sublevación militar y de los intentos del gobierno dio paso a una sangrienta guerra civil de casi tres años.

De acuerdo con el general Emilio Mola, director técnico del levantamiento, el golpe militar debía realizarse con extremada violencia. Primero se declararía el estado de guerra y luego se procedería a la detención y eliminación de los principales dirigentes políticos y sindicales de izquierdas. El plan consistía en una serie de sublevaciones que deberían hacerse con el poder en sus respectivas zonas. Una vez tomada la capital, se formaría una junta de generales que sustituiría al gobierno.

La sublevación militar contra la República se inició de modo imprevisto en Melilla el 17 de julio, y de inmediato se extendió al resto de las tropas del Protectorado español de Marruecos. Los jefes sublevados enviaron un telegrama a Francisco Franco, quien, al día siguiente, se trasladó en un avión alquilado por los conspiradores monárquicos para ponerse al mando de las tropas mejor preparadas del ejército español.

Entre los días 18 y 20 de julio, el alzamiento militar se extendió al resto del territorio español con resultados muy diversos. En Andalucía, Queipo de Llano se hizo con el poder en Sevilla. También se sublevaron las guarniciones de Cádiz, Córdoba y Granada. Mola ocupó Navarra, el centro de la conspiración. En Zaragoza, Cabanellas logró dominar la mayor parte de Aragón.

En Madrid, Barcelona y Valencia se abortó la sublevación militar. La Guardia de Asalto y la Guardia Civil se mantuvieron fieles a la República. En Barcelona, la rebelión fue dominada y el general Goded fue detenido. En Madrid, los rebeldes se hicieron fuertes en el Cuartel de la Montaña. En Valencia, la indecisión de los rebeldes facilitó que el gobierno dominase la situación en toda la región, que militarmente incluía Murcia y el puerto clave de Cartagena.

La rebelión triunfó en el noroeste (Galicia), centro (Castilla y León y parte de Extremadura), sudoeste de Andalucía, Canarias y Baleares, excepto Menorca. Fracasó en la mayoría de las grandes ciudades del norte, centro y este de España.

La División de España en Dos Zonas

Desde el 20 de julio, el país quedó dividido en dos zonas enfrentadas. Las principales ciudades y zonas industriales quedaron en poder del gobierno y de las organizaciones políticas y sindicales del Frente Popular, y las zonas agrarias más conservadoras y de mayoría católica, en manos de los militares sublevados.

Aproximadamente la mitad del ejército, buena parte de la marina y de la aviación, dos tercios de las fuerzas de seguridad y más de la mitad de la Guardia Civil se mantuvieron fieles al gobierno republicano. Las tropas del ejército de tierra mejor dotadas y preparadas para el combate, las del Protectorado de Marruecos, así como los oficiales más jóvenes, se inclinaron a favor de la sublevación. La superioridad inicial del gobierno en medios aéreos y navales pronto fue superada por los rebeldes por la rápida llegada de aviones italianos y alemanes mucho más modernos.

Tras la dimisión del presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga, las medidas del nuevo gobierno de José Giral tuvieron un efecto contrario al esperado. El ejército de la República quedó desarticulado, debilitando al Estado republicano. En los primeros meses de la guerra, el poder en la zona republicana quedó en manos de las milicias y de multitud de comités locales y provinciales. Se propició una situación revolucionaria que sumió a muchos territorios en el caos.

Se estableció un aparente equilibrio de fuerzas que ocultó que la República careció durante varios meses de unidad en la dirección política y militar de la guerra.

A finales de julio de 1936, la sublevación había derivado en una auténtica guerra civil, que dividió al país en dos bandos:

  • Sublevados: contra la República, que se llamaron a sí mismos los nacionales. Justificaron su acción como el único medio para acabar con la anarquía, restablecer el orden y exterminar a los enemigos de la patria (los rojos). Contaron con el apoyo de las oligarquías tradicionales, pequeños propietarios agrarios, clases medias católicas, partidos de derechas como la CEDA y de organizaciones de la extrema derecha y de la Iglesia católica.
  • Republicanos: defendieron la República democrática y sus logros frente al fascismo. Entre ellos fueron ganando posiciones los sectores radicales, anarquistas y comunistas; los primeros, partidarios de la desaparición de todas las instituciones del Estado, y los segundos pretendían instaurar un régimen de tipo soviético.