ESCUELA Valencia
En Justicia Cordial (2010) Adela Cortina propone un liberalismo intercultural. En este liberalismo entiende
Que la autonomía de las personas es irrenunciable, pues ellas deben decidir sobre su propia vida.
Cualquier
Restricción interna sería intolerable. Hay que poner atención a lo que “humaniza” o “deshumaniza”. ¿Cómo saberlo?:
Las cuestiones de justicia, que componen un mínimo deontológico (de los deberes) de acuerdo, y las cuestiones de
Vida buena, sobre las que existen discrepancias en sociedades pluralistas. Las primeras, las de justicia, son exigibles
A todos los grupos, de tal modo que, si dejaran de mantenerlas, perderían a sus propios ojos en humanidad. Por otro
Lado, sostiene Cortina, las opciones de vida buena en su conjunto, sean religiosas o filosóficas, son las que
Proporcionan a cada persona y a cada grupo los fundamentos motivadores para aceptar los mínimos de justicia
(Cortina, 1997, p. 210)
En términos generales los mínimos de justicia, según
Rawls, que proceden de la cultura pública política de
Una sociedad con democracia liberal. Pero el diálogo que se genera al interior de la sociedad no puede quedar
Solamente en las instituciones políticas, según Adela. Este diálogo también debería darse con la cultura social de la
Sociedad, entendiendo ésta como la propia de la vida cotidiana, la de sus asociaciones (iglesias, universidades,
Movimientos), la compuesta por doctrinas comprehensivas de bien de todo tipo (religiosas, filosóficas y morales)
Que forman parte del “trasfondo cultural” de la sociedad civil. (Cortina, 1997, p.211)
La ética del discurso se inscribe en la tradición que confía en la palabra, el diálogo, como fuente cooperativa
De la verdad y la justicia. Con mayor profundidad, no es difícil descubrir, según Cortina, tres “jalones” que ayudan a
Dar forma a la ética del discurso: la primera es la convicción cristiana de que el discernimiento se hace en
Comunidad. La segunda y tercera, de raigambre filosófica, son la afirmación kantiana de que solo pueden ser
Exigencias morales aquellas que pueden ser universalizadas, y la hegeliana –que ya hemos visto en Taylor- de que
Cada individuo deviene persona a través del reconocimiento de los otros. Inscrita en el contexto de estas tradiciones,
Descubre la ética del discurso un rasgo al menos de la moralidad humana: que no podemos tener por justa una
Norma si no podemos presumir que todos los afectados por ella estarían dispuestos a darla por buena tras un
Diálogo celebrado en condiciones de simetría (Cortina, 1997, p. 213). En el nivel de la racionalidad, en el de los
Argumentos, parece difícilmente superable la afirmación de que las normas son justas cuando favorecen intereses
Universalizables. El diálogo se convierte, así, en una exigencia, para cualquiera que desee averiguar qué normas,
Regulaciones e instituciones son justas. La razón humana, a pesar de Kant, no es una razón “pura” sino impura. Ya
Esto significa que está mediada –por lo menos- por nuestros presupuestos culturales y hace un llamado a la
Prudencia frente a nuestros propios presupuestos. Los mínimos de justicia serían entonces, pues, aquellos que
Precisamos potenciar para que los interlocutores puedan dialogar en pie de igualdad, y cualquier rasgo cultural que
Ponga en peligro la defensa de esos mínimos pertenecen al ámbito de lo rechazable y denunciable.