El Sistema de la Restauración Borbónica: Cánovas, Sagasta y el Bipartidismo

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El Sistema Canovista: La Restauración Borbónica

Tras la dictadura de Serrano, el ejército y la iglesia buscaron una solución a la problemática política del momento, tomando como referencia las situaciones internacionales. La opción que más convenció fue la restauración monárquica en la figura de Alfonso XII.

El Ascenso de Cánovas y el Partido Alfonsino

Tras el destronamiento de Isabel II en 1868, el trono fue ofrecido a su hijo. En este contexto, Cánovas aprovechó para crear un partido alfonsino que gozó de un favorable contexto internacional. Su programa inicial se basaba en un liberalismo y fidelidad a Alfonso, aunque evolucionó hacia posturas más conservadoras con el apoyo de los moderados, ganando así numerosos adeptos. Para restaurar el trono, Cánovas apostó por un papel predominante del poder civil, aunque existía la preferencia por una restauración a través de la vía civil. Este plan contó con el apoyo de los terratenientes de las Antillas, quienes habían sido despojados de su poder sobre la mano esclava durante el Sexenio Democrático.

En 1874, se publicó el Manifiesto de Sandhurst, en el que Cánovas y Alfonso exponían las ideas de su futuro gobierno:

  • Carácter abierto e integrador de la monarquía constitucional.
  • Necesidad de que la tradición católica fuera compatible con la libertad.
  • Superación de las constituciones de 1845 y 1869.

El proyecto defendía un sistema basado en partidos al servicio de la monarquía, que se opondrían a republicanos y carlistas. Estos partidos fueron principalmente dos: el Partido Conservador, liderado por Cánovas, y el Partido Liberal, liderado por Sagasta.

El Partido Conservador

Se formó sobre las bases del partido moderado y los progresistas. Su objetivo era dar apoyo al nuevo régimen de Alfonso XII y satisfacer a los sectores más conservadores. A este partido se unió la Unión Católica, consolidando así las fuerzas conservadoras en un único partido.

El Partido Liberal

Se basaba en el partido constitucional e integró a progresistas de derechas y sectores avanzados de la Unión Liberal, defendiendo la Constitución de 1869. Posteriormente, se unieron al centro constitucional, formando el partido liderado por Sagasta, con el que pretendían llegar al gobierno. Sus puntos clave eran garantizar la monarquía liberal y apoyar al rey en el desarrollo de las reformas propuestas.

Bases del Sistema de la Restauración

El artífice del sistema fue Cánovas, mediante una mezcla de influencias:

  1. Pragmatismo.
  2. Soberanía compartida entre el rey y las Cortes, abarcando la soberanía nacional, la tradición española y el carácter hereditario.
  3. Pesimismo, basado en el estudio de la historia de la decadencia española.

Se buscó que el ejército quedara al margen de la política para acabar con los pronunciamientos y la excesiva implicación militar en la vida política. Por otra parte, el sistema electoral era un fraude que favorecía a los grupos dominantes, donde los votantes eran meras marionetas controladas por los caciques.

La Constitución de 1876

Fue una de las constituciones más longevas y se trataba de un texto que surgió como una síntesis y moderación entre las constituciones anteriores. Este texto fue aprobado por las Cortes mediante sufragio universal. La forma en que se elaboró muestra el espíritu de partida: el pacto, que explicaba su durabilidad, y su escasa concreción dejaba gran margen de maniobra al partido gobernante. Sus rasgos definitorios eran:

  • La soberanía era compartida entre el rey y las Cortes.
  • Derecho de sufragio y libertad religiosa.
  • Declaración del estado confesional y encomienda del mantenimiento del culto.
  • La monarquía se concebía como un papel central en el sistema, constituyendo el Estado.
  • Se basaba en la continuidad histórica y la garantía de orden social.
  • El monarca era la piedra angular del sistema y jefe del ejército.

El Caciquismo

En la Restauración, el caciquismo fue considerado un sistema corrupto e incapaz de aplicar las demandas democratizadoras de la sociedad de la época. El sistema estaba dominado por la burguesía y la democracia era una fachada. El sistema se basaba en el modelo de las relaciones entre patrón y cliente, que recibían favores a cambio de fidelidad. El sistema se garantizaba gracias a tres instituciones clave: los altos cargos, que mandaban sobre los gobernadores civiles, y estos sobre los caciques en las provincias. Estos tres grupos, cada uno encargado de su labor, recibían favores como puestos de trabajo en el Estado o dinero a cambio de conseguir los votos solicitados para el apoyo político. En este sistema destacan dos instrumentos: el clientelismo y el populismo, que fueron grandes herramientas para la participación masiva en la política, haciendo que el pueblo se sintiera parte del sistema.

El Mecanismo del Sistema Bipartidista

Cánovas basó el sistema en un bipartidismo en el que se alternaban el Partido Conservador y el Partido Liberal. Ambos partidos presentaban una indefinición ideológica, con Cánovas más cercano a los conservadores y Sagasta al progresismo. Aparte de estos dos grandes partidos, surgieron otros, pero excluidos de alcanzar el poder:

  1. Republicanos: Unitarios de Castelar y unitarios de Pi y Margall.
  2. Carlismo: Pertenecientes a la derecha y divididos.
  3. Movimientos obreros: Socialistas y anarquistas, que empezaron a tener gran peso y representación a través del PSOE, la UGT y la CNT.
  4. Movimientos regionalistas.

Los dos grandes partidos políticos establecieron un sistema de turnos en el que se alternaban pacíficamente en el poder. El primer partido en gobernar fue el de Sagasta, que podía ser cesado cuando el rey lo considerara conveniente, evitando así pronunciamientos. Cuando el gobierno presidido no funcionaba bien y existía descontento social, el cambio se producía de forma inminente, mediante un acuerdo entre los dos partidos y con el apoyo de la monarquía. Esta alternancia se realizaba a través del pucherazo, un sistema que, aunque parecía democrático, en la práctica no lo era. El proceso consistía en que el rey llamaba a gobernar al partido que consideraba conveniente en ese momento; después, el nuevo gobierno debía ganarse el apoyo de las Cortes, y finalmente, el partido formaba gobierno. Esta alternancia estaba respaldada por el Pacto del Pardo, que establecía el acuerdo entre Cánovas y Sagasta con el fin de evitar partidos que se opusieran a la Corona.

Para llevar a cabo el fraude, se eliminó el sufragio universal masculino y se reformó hacia un carácter más conservador, limitando el número de votantes. El proceso de votación fraudulenta implicaba que, a través del Estado y el Ministerio de Gobernación, se elaboraba el encasillado y se elegía al candidato que se quería que votara. Este proceso lo llevaban a cabo los caciques. Si el resultado no se conseguía, se modificaban actas e incluso se votaba por personas fallecidas para obtener los votos deseados, lo que se denominó pucherazo. En 1890 se introdujo el sufragio universal masculino, pero la práctica no cambió significativamente, ya que seguía siendo igual en la realidad. La alternancia, por lo tanto, continuó siendo un fraude electoral que se mantuvo hasta el siglo XX.

La Práctica Política y las Reformas

La presencia de Cánovas se prolongó como una dictadura que garantizaba la consolidación de la monarquía política y un sistema político centralizado. Llevó a cabo una reforma educativa que presionaba a los docentes para jurar fidelidad a través de sus explicaciones. También se recortaron libertades, como la de imprenta, y se reprimió cualquier conspiración. Para asegurar el control, promulgó una ley que definía qué partidos eran legales y cuáles no, además de establecer un carácter selectivo sobre los votantes. Con estas medidas, logró finalizar conflictos:

  • Con los carlistas, mediante la abolición de los fueros y la victoria en la Tercera Guerra Carlista, aunque esto no frenó el nacionalismo.
  • Con Cuba, firmando la paz, lo que supuso el fin del conflicto y algunas mejoras, pero sin reconocerla como provincia.

Por solicitud del monarca, se cambió de gobierno y se llamó a Sagasta, con quien surgieron libertades no vistas en el Sexenio. Se modernizó el ejército y la marina, así como la hacienda, optando por una economía librecambista que mejoró el comercio y suprimió el proteccionismo. Se limitó la libertad de prensa y educación, y no se pudo disminuir el carácter representativo de la iglesia en estas instituciones. Sin embargo, Sagasta fue cesado debido a una crisis con Francia y una sublevación militar que fue reprimida, siendo sustituido por Cánovas en el gobierno. El rey murió en 1885, dejando como regente a María Cristina, quien ocupó el cargo hasta que Alfonso XIII cumplió la mayoría de edad. Tuvo que afrontar problemas económicos, inestabilidad política y la pérdida de colonias. Ante la incertidumbre sobre el sexo del futuro heredero y la posibilidad de que Isabel II reclamara el trono, los dos partidos acordaron mantener un sistema de turnos pacífico y que la regente se mantuviera al margen.

El gobierno de Sagasta fue el de mayor duración y de carácter liberal, con reformas como la Ley de Asociaciones (que permitía la reunión de la UGT y el PSOE), la Ley de Jurados (que suprimía la censura), el sufragio universal, el Código Civil y la reforma del ejército, que supuso un cambio en los mandos militares.

En 1898, Sagasta se enfrentó a una crisis provocada por las colonias, las cuestiones sociales y los nacionalismos, incrementándose los movimientos independentistas de Cuba y Filipinas. La sublevación cubana dio lugar a una guerra que culminó con su independencia. En 1897 se produjo el asesinato de Cánovas, tras lo cual Sagasta asumió el poder, afirmando la estabilidad del sistema hasta que Silvela impulsó el regeneracionismo. También contribuyó a la revuelta el debate entre proteccionismo y librecambismo, y la imposición del arancel, que favoreció al textil catalán.

El Desastre del 98

A finales del siglo XIX, los movimientos emancipadores coincidieron con el auge del imperialismo europeo y el creciente expansionismo de Estados Unidos. Tras su fracaso en la campaña de Melilla, Maura inauguró una crisis que se extendió por todo el Caribe. Puerto Rico tuvo dos corrientes: una españolista y otra más radical que dio lugar al nacionalismo y al partido autonomista. En Cuba, se abolió la esclavitud y aumentó el censo; unas palabras de Mara provocaron su dimisión, y el gobierno tuvo que ceder cierta autonomía, lo que finalmente condujo a la independencia con el Partido Revolucionario Cubano. Se formaron tres tendencias: españolista, autonomista e independentista. Miría Labra apostó por una Cuba española pero libre, con un grado de autonomía. En Filipinas, debido a la escasa presencia española y las revueltas campesinas por falta de reformas, surgieron movimientos emancipadores dirigidos por José Rizal. Esto permitió a Maura introducir cambios que mejoraban la administración de la hacienda y una reforma del régimen municipal autonomista.

En 1895 se produjo la última guerra de Cuba, que se desarrolló con España y posteriormente con la intervención directa de Estados Unidos, lo que llevó a un enfrentamiento entre ambos países. Las razones aducidas por EE. UU. fueron la explosión de un acorazado estadounidense, aunque ya existían indicios de que querían comprar la isla en varias ocasiones. La paz llegó con la derrota de España y la firma del Tratado de París, mediante el cual se entregaba Cuba, Puerto Rico, la isla de Guam, las Islas Carolinas, las Marianas y Palaos. Esto tuvo consecuencias desastrosas y fue presidido por Francisco Silvela y el general Polavieja.

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