La Segunda República Española: Reforma Agraria, Bienio Radical-Cedista y Revolución de 1934

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La Reforma Agraria y las Reformas Sociales en la Segunda República Española

La agricultura jugaba un papel importantísimo en la economía española de la época, tanto por su contribución a la renta nacional como por la mano de obra que empleaba. De los 8.5 millones de habitantes que tenía España, unos 4 millones trabajaban en la agricultura, siendo jornaleros unos 2 millones de ellos. En el caso de Andalucía, más del 50% de la propiedad pertenecía a los grandes latifundistas.

La ley más ambiciosa con la que se pretendía encarar y dar soluciones a los graves problemas del campo fue la de Reforma Agraria de 1932, cuyos objetivos fueron fundamentalmente expropiar los grandes latifundios y asentar a los campesinos sin tierras. Las tierras de la nobleza podían ser expropiadas, en parte, sin pagarse indemnización; las tierras mal cultivadas, arrendadas sistemáticamente o no regadas, pudiendo serlo, podían ser expropiadas, pero pagándose una indemnización.

Esta ley, que contribuyó a acentuar la tensión social, tuvo un alcance muy limitado, debido a la complejidad técnica de su aplicación, la falta de presupuesto, la lentitud burocrática y la resistencia de los propietarios.

La Ley de Reforma Agraria terminó alineando frente a la República tanto a los latifundistas, que contaban con gran fuerza económica y poder, como a sectores importantes del campesinado, que, frustrados ante la falta de resultados y defraudados con las posibilidades de cambio social ofrecidas por la República, se reorientaron hacia posiciones de carácter revolucionario.

Las Reformas Sociales

El socialista Largo Caballero fue el impulsor de una serie de medidas destinadas a mejorar las condiciones laborales: Ley de Contratos de Trabajo y de Jurados Mixtos, establecimiento de la jornada laboral de 40 horas, aumento de los salarios. Se impulsaron los seguros sociales. Las organizaciones patronales se opusieron a todas estas medidas.

La Reforma Educativa

En materia educativa se potenció la universalización de una educación laica, liberal, mixta, obligatoria y gratuita. El objetivo principal fue la educación primaria. Se levantaron 10.000 nuevas escuelas y se contrataron 7.000 maestros. Asimismo, se pusieron en marcha misiones pedagógicas, con el objeto de llevar la cultura a las zonas rurales, creando bibliotecas, cines, etc.

El Bienio Radical-Cedista y la Revolución de 1934

Las elecciones de noviembre de 1933 dieron la victoria a los partidos de centro-derecha. El nuevo ejecutivo procedió con el desmantelamiento de la obra reformista del anterior gobierno. Las principales fuerzas políticas fueron el Partido Radical de Alejandro Lerroux y la CEDA de Gil Robles.

El nuevo gobierno dirigido por Lerroux procedió con la paralización de las reformas. En el campo se fijó la devolución de tierras a la nobleza y se dio total libertad de contratación, lo que provocó la caída de los jornales. El campesinado respondió con la huelga.

La reforma religiosa también fue frenada. Se estableció un presupuesto para el culto y el clero y se intentó firmar un concordato con la Santa Sede.

Se concedió la amnistía a los sublevados en el golpe de Sanjurjo y a los colaboradores de la dictadura de Primo. La reforma militar, sin embargo, siguió adelante, al igual que la reforma de la educación, aunque con un recorte en el presupuesto disponible.

Ante este giro hacia el conservadurismo, la CNT y la UGT respondieron radicalizando sus posturas. Francisco Largo Caballero, líder del sector socialista más radical, propuso la ruptura con la República y con las fuerzas burguesas e iniciar la revolución. Por su parte, Indalecio Prieto, representante del socialismo moderado, defendía la colaboración con los republicanos de izquierda para tratar de estabilizar la República y acometer las necesarias reformas.