Revolución liberal en el reinado de Isabel II: Carlismo, guerras carlistas y evolución del Estado liberal
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Introducción
En el reinado de Isabel II tuvo lugar en España el proceso de revolución liberal. En la primera mitad del siglo XIX se destruyeron definitivamente las estructuras políticas y socioeconómicas del Antiguo Régimen. Durante el reinado de Isabel II se consolidaron en España el sistema político liberal y los dos partidos básicos del siglo XIX: el moderado y el progresista. El período comenzó con una larga guerra civil entre carlistas e isabelinos. Muere Fernando VII y le sucede su hija Isabel. Durante la minoría de edad de la reina, el poder estuvo en manos de los regentes.
María Cristina se enfrentó a conservar las prerrogativas del poder absoluto frente al liberalismo y a defender los derechos sucesorios de Isabel II frente a Carlos María Isidro. La guerra civil entre liberales y carlistas frustró la primera aspiración y obligó a la regente a una apertura política hacia el liberalismo con el fin de obtener el apoyo de los liberales. El triunfo de los liberales hizo posible la transformación de la antigua monarquía absoluta en una monarquía constitucional y parlamentaria.
El carlismo: la Guerra Civil Carlista (1833-1839/40)
El mismo día de 1833 en que muere Fernando VII, don Carlos se proclamó rey, iniciándose así la Primera Guerra Carlista. Podríamos pensar que se trataba de un conflicto dinástico, pero fue algo más profundo, porque este enfrentamiento se replanteó en otras guerras durante el siglo XIX. En ellas lucharon partidarios del nuevo régimen (liberales-isabelinos) contra los del Antiguo Régimen (carlistas-absolutistas).
Políticamente, el carlismo se caracterizó por una ideología tradicionalista y antiliberal que negaba el principio de la soberanía de la nación. Abogaba por la monarquía absoluta, la preeminencia de la Iglesia y el mantenimiento de los fueros territoriales. Su apoyo social procedía, en buena medida, del clero, la pequeña nobleza agraria y los campesinos. La causa isabelina buscó la adhesión de los liberales, es decir, la burguesía y los sectores populares urbanos, que exigían el fin del absolutismo y del Antiguo Régimen.
Los carlistas se organizaron en grupos armados —las llamadas partidas carlistas—, que utilizaron el sistema de guerrillas.
Fases del conflicto
- 1ª (1833-1835): caracterizada por éxitos carlistas (Tolosa, Vergara…), aunque nunca pudieron conquistar una ciudad importante. El general al mando de las tropas norteñas, Zumalacárregui, no pudo tomar Bilbao, donde murió, quedando los carlistas privados de su mejor estratega. Otro de los líderes carlistas más destacados fue Cabrera.
- 2ª (1836-1840): destaca la victoria del general liberal Espartero en Luchana, que puso fin al sitio de Bilbao. Entre las expediciones carlistas destacó la expedición real (1837), que llegó hasta las puertas de Madrid sin resultado alguno.
Se produjo una división del carlismo entre los transaccionistas (Maroto), partidarios de un acuerdo con los liberales, y los intransigentes (Cabrera), que deseaban continuar la guerra. El Convenio de Vergara (1839) entre Espartero y Maroto puso fin a este primer conflicto. Cabrera continuó en el Maestrazgo hasta su derrota.
Sin embargo, el carlismo se mantendría vivo durante generaciones y volvería a tomar las armas en posteriores ocasiones (segunda y tercera guerras carlistas, y ya en el siglo XX en la Guerra Civil).