Las Revueltas Irmandiñas en Galicia: Crisis Feudal y Rebelión Campesina en la Edad Media

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Crisis y tensiones en el mundo rural

En el mundo rural, la gran mortalidad provocada por el hambre, la peste y la guerra dejó despobladas muchas aldeas, con el consiguiente abandono de las tierras de cultivo debido a la falta de mano de obra, seguido de una reducción de la producción agrícola y una subida de los precios.

En esta situación, la necesidad de la nobleza de retener a los campesinos en sus señoríos y el descenso de las rentas obtenidas debido a la crisis global hicieron más duras las relaciones feudales. Para compensar la pérdida de beneficios, los señores exigieron a los reyes mayores concesiones territoriales e incrementaron los impuestos y las sujeciones feudales a los campesinos.

En este marco destacan importantes revueltas rurales de un feudalismo en crisis, entre las que sobresalen las protagonizadas por los campesinos catalanes, que aspiraban a poder abandonar la tierra en la que vivían sin tener que pagar a los señores por su redención, y, en el caso gallego, las revueltas irmandiñas.

La Irmandiña: una federación campesina

El movimiento irmandiño gallego constituyó una federación de campesinos, villas y parroquias que organizaron milicias que asaltaron las propiedades de los señores laicos, pero también eclesiásticos, ya que estos buscaban resarcirse de la crisis económica incrementando la presión tributaria sobre los campesinos.

Primera etapa: la Irmandade Fusquenlla (1431)

La Irmandade Fusquenlla se originó en 1431 en las tierras de Pontedeume y Betanzos ante la dureza de Nuño Freire de Andrade contra los campesinos de sus señoríos. Estos, capitaneados por el hidalgo Roi Xordo, asaltaron y destruyeron varios castillos, pero serán derrotados por las fuerzas de los Andrade y del arzobispo de Santiago.

Segunda etapa: la gran guerra irmandiña (1467-1469)

Años después, entre 1467 y 1469, tuvo lugar una gran guerra irmandiña, cuando la mayor parte de la población gallega se unió en una hermandad dirigida por miembros de la baja nobleza. Este levantamento arrasó con cerca de 130 castillos y fortalezas, ante lo que la monarquía adoptó una posición ambigua.

La represión y la coalición nobiliaria

Una coalición nobiliaria, leonesa y castellana, dirigida por Pedro Álvarez de Soutomaior, inició una intensiva campaña militar que sofocó la rebelión, seguida de una durísima represión contra los campesinos.

Interpretaciones historiográficas

El movimiento ha sido valorado de forma diferente por los historiadores. Para unos, fue un simple movimiento de protesta frente a los abusos. Para otros, los irmandiños pretendían llevar a cabo una revolución que acabase con el poder feudal.