Resumen y sinopsis de La última niebla: Un amor entre la realidad y el sueño
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Resumen de La última niebla
La última niebla, narrada en primera persona a modo de diario íntimo, nos presenta la historia de una mujer, a quien denominaremos ELLA para facilitar la lectura. ELLA acaba de casarse con su primo Daniel, viudo desde hace menos de un año. Ambos creen conocerse a la perfección, pero el matrimonio se celebra de forma precipitada, sin que Daniel avise a su familia.
La llegada de Regina y el amante misterioso
Ese mismo día, Daniel informa a ELLA que su hermano Felipe y su cuñada Regina vendrán de visita desde la ciudad. Durante un paseo al día siguiente, ELLA nota cómo una sutil neblina envuelve el paisaje. Daniel le comunica que Felipe, Regina y un amigo ya han llegado. Al entrar en el salón, ELLA observa a Regina en brazos de un hombre desconocido, pero no dice nada. Al día siguiente, los hombres salen de caza y Regina no deja de quejarse por las decisiones impulsivas de sus maridos.
Al caer la noche, ELLA, sintiendo un dolor punzante, sale a refrescarse. Los hombres regresan con sus trofeos de caza y el amante de Regina le sonríe a ELLA, quien se siente intimidada y lo examina con la mirada, tratando de memorizar sus rasgos físicos.
El encuentro en la ciudad
La madre de Daniel invita a sus hijos a pasar una temporada en la ciudad. La pareja se aloja en una posada. Una noche, ELLA se despierta con una sensación de ahogo y sale a pasear. Daniel, profundamente dormido, la deja ir. Durante su caminata, ELLA se entristece al pensar en volver a la monotonía del campo y a su marido. No se ve capaz de huir y la muerte le parece una opción más viable. Entre la oscuridad y la niebla, llega a una pequeña plaza y se sienta en un banco. De repente, un hombre joven de ojos claros y rostro moreno se acerca a ella. ELLA siente que lo estaba esperando y lo sigue. Se abrazan, se besan y se dirigen a una casa en una calle estrecha y oscura, donde pasan la noche juntos, llenos de pasión.
A la mañana siguiente, ELLA despierta y su amante sigue dormido. Sin saber su nombre ni su voz, se viste sigilosamente y regresa a la posada. Al ver a Daniel, siente compasión, pero decide no confesarle lo sucedido.
Diez años después
Han pasado diez años desde el encuentro con su amante. ELLA sigue fantaseando con aquella noche e imagina nuevos encuentros. Una tarde, mientras nada en el estanque, ve pasar un carruaje en el que reconoce a su amante. Él le sonríe desde la distancia. ELLA, incrédula, le pregunta a Andrés, el cuidador del estanque, si ha visto al hombre y su sonrisa. Andrés lo confirma.
ELLA siente la cercanía de su amante, pero él no la llama. A menudo, escucha sus pasos y una cabalgata de perros, pero luego vuelve el silencio. Una semana después, Andrés le informa que ha visto la carroza de su amante alejarse hacia la ciudad.
La traición y la duda
Una noche, Daniel y ELLA tienen relaciones íntimas. Daniel, que siempre había deseado que ELLA se pareciera a su difunta esposa, parece estar realmente con ella. ELLA se siente miserable por haber traicionado a su amante.
Con el tiempo, ELLA olvida los rasgos de su amante y decide escribirle una carta. Entonces, ocurre un segundo encuentro íntimo con Daniel, similar al anterior, pero con una dulce sonrisa de ambos. ELLA concluye en su carta que lo sucedido con su amante fue solo un capricho de verano.
Una noche, ELLA le pide permiso a Daniel para salir a caminar. Él se extraña, ya que nunca antes lo había hecho. ELLA le recuerda su paseo nocturno en la ciudad años atrás y su encuentro con un hombre. Daniel afirma que esa noche habían bebido demasiado y que seguramente ELLA lo soñó o habló con fantasmas.
ELLA duda de la veracidad de aquella noche. Busca a Andrés para confirmarlo, pero no lo encuentran. Al día siguiente, hallan su chaqueta flotando en el agua y, tres días después, su cuerpo sin vida. Se ahogó, ya que no sabía nadar.
La búsqueda desesperada y la revelación
ELLA desea olvidar. Anhela una enfermedad que la aleje de la duda. Intenta vivir más despacio y ocuparse en diversas actividades, pero su amor la persigue. Todo le recuerda a él: el bosque, el estanque, el fuego de la chimenea.
ELLA comprende que su vida solo es soportable a través del prisma de su pasión. Su amante es su razón de ser, su pasado, su presente y su futuro.
Una madrugada, llega un telegrama: Regina está grave en el hospital. ELLA y Daniel viajan a la ciudad. ELLA se alegra, pues espera encontrar la casa de su amante.
En la clínica, Felipe les informa que Regina se ha disparado, pero probablemente sobrevivirá. En privado, Felipe le dice a ELLA que encontraron a Regina herida en casa de su amante.
ELLA no siente piedad por Regina. Comprende que tras su acto hay un intenso sentimiento de pasión. Se siente más desdichada que Regina por no tener a su amante y haberse privado de una vida apasionada. Llora desconsoladamente y la acuestan en un sofá para que se recupere.
ELLA sale a buscar la casa de su amante. Recuerda que estaba en un callejón cerca de una plazoleta, pero la niebla se lo impide. Finalmente, encuentra la plazoleta y recuerda el camino.
Al llegar a la casa, toca el timbre. Un sirviente le abre y sube a buscar a la señora. ELLA pregunta por el señor, pero el sirviente le informa que el señor murió hace más de quince años. Era ciego, resbaló por la escalera y falleció.
ELLA cree haberse equivocado de casa y sigue buscando en una ciudad fantasmal. Todo, la casa, su amor y su aventura, se han desvanecido en la niebla.
El final
De vuelta en el hospital, ELLA y Daniel visitan a Regina. Se ve demacrada. Regina se incorpora, cae de nuevo y vocifera contra su amante. Desea morir, pero a la vez quiere vivir para verlo. ELLA envidia su dolor y su trágica aventura.
Al salir de la habitación, entra una ambulancia con un joven atropellado. ELLA piensa en esa posibilidad, pero dos manos la salvan. Tambalea y se apoya en el pecho de quien creyó salvarla. Al levantar la cabeza, ve a un extraño y se aparta al reconocer a su marido. Hace años que lo miraba sin verlo. Lo encuentra envejecido, aunque tienen la misma edad. Piensa en el suicidio, pero lo descarta por considerarlo inútil y repugnante a su edad. Un destino implacable le ha robado hasta el derecho a la muerte, llevándola a una vejez sin recuerdos ni pasado.
Daniel la toma del brazo y camina con naturalidad. ELLA lo sigue, dispuesta a cumplir con sus deberes, a sonreír por obligación y a vivir y morir correctamente. A su alrededor, la niebla confiere a las cosas un carácter de inmovilidad definitiva.