La Restauración Borbónica en España: Constitución de 1876, Partidos y Turnismo

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Características Principales de la Constitución de 1876

  • Responsabilidad del Gobierno ante las Cortes: Los Gobiernos eran responsables de sus actuaciones ante las Cortes.
  • Cortes Bicamerales: Formadas por el Senado (compuesto por senadores natos de derecho propio, senadores elegidos por el Rey, y elegidos por las Corporaciones del Estado y mayores contribuyentes) y por el Congreso de los Diputados (electivo cada cinco años).
  • Sufragio: Inicialmente, la ley de 1878 estableció el voto censitario. En 1890, con Sagasta en el gobierno, se estableció el sufragio universal masculino.
  • Confesionalidad Católica: El Estado era confesionalmente católico, aunque se permitían otros cultos en privado.
  • Declaración de Derechos: Similar a la de 1869 (seguridad personal, inviolabilidad del domicilio, libertad de expresión y reunión, etc.), aunque sujetos a regulación del gobierno.

La Constitución de Mayor Duración

La Constitución de 1876 ha sido la de mayor duración de la historia de España, pues estuvo en vigor desde 1876 hasta 1931 (con excepción de la suspensión en 1923 por la dictadura de Primo de Rivera). Permitió una estabilidad de la vida política antes desconocida, si bien se fue produciendo un desfase entre la constitución formal y la realidad social de una España mayoritariamente campesina y analfabeta, lo que dará lugar a un funcionamiento anómalo del sistema y al progresivo desprestigio del régimen a partir de 1898.

El Sistema Canovista y su Funcionamiento

Los Partidos Políticos

Cánovas admiraba el sistema parlamentario inglés y concibió el régimen de la Restauración basado en dos partidos políticos que aceptaran la legalidad constitucional y la monarquía: el Partido Liberal Conservador, liderado por el propio Cánovas y apoyado en las clases superiores, y el Partido Liberal Fusionista, dirigido por Sagasta y sostenido por la burguesía industrial y las clases medias urbanas. Ambas formaciones fueron partidos de cuadros, de notables, que practicaron el bipartidismo, es decir, la alternancia periódica en el gobierno.

De este modo, en la Restauración, el poder quedó en manos de las élites políticas, sociales y económicas, imposibilitando prácticamente la participación en los asuntos públicos al resto de la ciudadanía. Esto fue posible por la debilidad de las fuerzas de la oposición, que, situadas a la izquierda y derecha de los dos partidos dinásticos, carecieron de capacidad de gobierno:

  • Derecha: Carlistas o tradicionalistas, seguidores del pretendiente Carlos VII, e integristas de Cándido de Nocedal, también en la órbita del carlismo y del conservadurismo.
  • Izquierda: Republicanos, muy divididos tras el fracaso de la Primera República (posibilistas de Castelar, centralistas de Salmerón, federalistas de Pi y Margall…).
  • Movimiento Obrero: Situado aún más a la izquierda, muy perseguido, que actuará a través del anarquismo y el socialismo. Los ideales socialistas, difundidos en España por Paul Lafargue, darán origen a la formación del PSOE (1879), que no logrará su primer diputado hasta 1910. El anarquismo, predicado en España por el italiano Fanelli, y tras la represión contra la A.I.T., se orientó en gran medida hacia la lucha revolucionaria.
  • Fuerzas Emergentes: Nacionalismos catalán y vasco, que estaban en proceso de formación. El nacionalismo catalán, impulsado por dirigentes como Valentín Almirall, realizó su primera formulación política en las Bases de Manresa (1892) y será canalizado desde 1901 por la Lliga Regionalista. Es un movimiento político surgido a partir del catalanismo, movimiento cultural nacido en la Renaixença que quería recuperar el uso de la lengua catalana como lengua literaria y de cultura, materializado en los Juegos Florales. El nacionalismo catalán tuvo mucho que ver con el despegue industrial y económico de Cataluña de finales de siglo XIX, sobre todo a raíz de la repatriación de capitales que trajo el "desastre del 98", que también fue aprovechado por el nacionalismo para desprestigiar, aún más, la imagen de España. Por su parte, el nacionalismo vasco será impulsado por Sabino Arana con la formación del Partido Nacionalista Vasco (1895). Tras la Guerra Carlista de 1839, el gobierno liberal suprimió el poder judicial y legislativo del País Vasco. La tercera guerra en defensa de los fueros (1872) terminó con la derrota de los carlistas. El 21 de julio de 1876 Cánovas del Castillo suprimió definitivamente todos los fueros. Como consecuencia de esta nueva situación, comenzó a desarrollarse un sentimiento netamente nacional fruto del cual surgió el Partido Nacionalista Vasco, inspirado por Sabino Arana (1894). Provenía de una familia de empresarios industriales de filiación carlista y de la clase media alta. Arana-Goiri hizo de la lengua vasca la piedra angular de su movimiento. El Partido Nacionalista Vasco (P.N.V.), fundado en 1894, se basó en el concepto de que existía una diferencia racial y regional casi absoluta entre los vascos y el resto de los españoles.

La Alternancia Pacífica de Partidos

Para gobernar en el sistema canovista se necesitaba contar con una doble confianza: de la Corona y de la mayoría del Congreso que, al menos teóricamente, era proporcionada por el voto. Sin embargo, en realidad, la dinámica de la alternancia de los partidos funcionó "de arriba abajo": los partidos conservador y liberal, por desgaste de gobierno o mutuo acuerdo, se cedían el poder, con lo que el partido encargado de formar nuevo gobierno convocaba elecciones que siempre ganaba. Los medios para ello consistían, de acuerdo con los gobernadores civiles y caciques locales, en el "encasillado" (decidir los diputados que serían elegidos en cada circunscripción electoral) o incluso en el "pucherazo" (alteración del resultado de las votaciones), que daban origen a un fraude electoral.

Desde 1876 a 1881, Cánovas del Castillo presidió los sucesivos gobiernos de la monarquía, y a partir de esta última fecha hasta 1897 se mantuvo de manera ininterrumpida el sistema de la alternancia pacífica de los dos partidos preponderantes. Bajo los gobiernos de Cánovas se consiguió finalizar la tercera guerra carlista, obligando al pretendiente Carlos VII a huir a Francia (1876) y se finalizó también la guerra de Cuba mediante el Convenio de Zanjón (1878).

En 1885 falleció inesperadamente Alfonso XII, pero por el Pacto de El Pardo liberales y conservadores se comprometieron a mantener el turno de ambos partidos en el gobierno (turnismo) y apoyar a la regente María Cristina durante la minoría de edad de Alfonso XIII.

En el periodo 1885-1890, los liberales de Sagasta impulsaron una importante obra legislativa y reformadora con diversas medidas para modernizar el Estado: la Ley de Asociaciones, que favoreció la actividad sindical, la abolición de la esclavitud, un nuevo Código Civil, ampliación de la libertad de prensa, establecimiento del sufragio universal masculino...