Relación entre Fe y Razón: Fundamentos de la Filosofía Cristiana
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La necesaria relación entre fe y razón
Es necesaria la filosofía para la comprensión de la fe. Ante la respuesta contundente de ciertos tertulianos que sostenían que la razón no aporta nada a la fe, San Agustín de Hipona prioriza la fe y afirma que la razón la complementa. Esta no se propone describir el estado real, sino cómo debería ser una organización social basada en principios cristianos.
Existe razón en la fe y fe en la razón. Ambas, al igual que el conocimiento, tienen un camino con un mismo destino: Dios. Según el sabio, este camino pasa directamente por el interior del ser humano: su propia alma.
Colaboración entre fe y razón
- La razón ayuda a comprender que creer o aceptar la fe no es absurdo.
- La fe descubre una auténtica realidad que es inaccesible a la sola razón.
- La razón se esfuerza en hacer inteligibles los contenidos de la fe.
Mientras los maniqueos sostenían que es posible alcanzar verdades de la fe basándose solo en el conocimiento racional, San Agustín argumenta que la fe no anula la razón, sino que la enriquece y perfecciona.
El pensamiento de Santo Tomás de Aquino
Por otro lado, Santo Tomás de Aquino se sirve de la filosofía aristotélica. Sostiene que el conocimiento tiene su origen en lo que podemos captar a través de los sentidos; el objeto adecuado de nuestro conocimiento es la realidad sensible. Por ello, no podemos lograr un conocimiento directo de Dios, al ser una realidad inmaterial.
Tomás propone que existen dos ámbitos de conocimiento con contenidos propios: el de la razón y el de la fe. No obstante, hay conocimientos comunes, denominados preambula fidei (como la inmortalidad del alma o la existencia de Dios). Razón y fe son autónomas e independientes, pero no pueden contradecirse, ya que la verdad es única.
El argumento ontológico de Anselmo de Canterbury
Anselmo de Canterbury sostiene que el ser humano posee dos fuentes de conocimiento: fe y razón. Sin embargo, la verdad es una, revelada por Dios y alcanzada por la fe. Se procura primero creer para después entender (credo ut intelligam).
El argumento ontológico parte de la existencia de la idea de Dios en nuestra mente. Por Dios se entiende un ser tal que no puede pensarse otro más perfecto; por tanto, tiene que existir, porque si no existiera, no sería el más perfecto al carecer de la existencia. San Anselmo se basa en lo que es (ontos) para demostrar la existencia de Dios.
El problema del mal
San Agustín se interesó por el origen y naturaleza del mal. Tras abandonar el maniqueísmo, adoptó la explicación de Plotino: el mal no tiene identidad propia. Es una carencia de ser, una privación del bien. En cuanto al mal moral, a diferencia del intelectualismo griego que lo atribuía a la ignorancia, el pensamiento cristiano lo sustenta en la libertad: el ser humano es responsable de sus actos y, por tanto, culpable.
Las cinco vías de Santo Tomás de Aquino
Para demostrar la existencia de Dios, Tomás de Aquino ofrece cinco vías:
- Primer motor: Todo lo que se mueve es movido por otro; debe existir un primer motor inmóvil.
- Prueba causal: Todo efecto tiene una causa; debe existir una causa incausada.
- Contingencia: Todo lo que existe puede dejar de existir; debe existir un ser necesario.
- Grados de perfección: Existe una jerarquía de perfecciones que remite a un ser sumamente perfecto.
- Gobierno del mundo: Los seres carentes de conocimiento tienden a un fin, lo que implica una inteligencia ordenadora.
Filosofía griega y cristianismo
El cristianismo ofrece una nueva interpretación de la realidad que, en muchos aspectos, se opone a la tradición filosófica clásica:
- La Verdad: Para la filosofía se sustenta en el logos; para el cristianismo, la verdad ha sido revelada por Dios.
- Monoteísmo: Dios es el único ser necesario que creó el universo de la nada.
- Antropología: El ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios, dotado de un alma inmortal.
El neoplatonismo se revela como la escuela más afín a la nueva religión, coincidiendo en la división de la realidad en dos ámbitos (mundo sensible e inteligible) y la afirmación de un ser supremo.