Reinado de Fernando VII: Absolutismo, Liberalismo y la Emancipación Hispanoamericana
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Fernando VII: Absolutismo, Liberalismo y la Emancipación de la América Española
Mientras Fernando VII permanecía prisionero en Francia, las Cortes de Cádiz habían redactado la Constitución de 1812, que acababa con el Antiguo Régimen y recortaba los poderes del rey. Sin embargo, los diputados absolutistas, y buena parte de la Iglesia y del pueblo, no aceptaban el nuevo régimen.
Fernando VII, tras su liberación por el Tratado de Valençay, llegó a Valencia en 1814, donde le esperaban un representante de la Regencia con la Constitución y un diputado absolutista con el Manifiesto de los Persas, rechazando las Cortes liberales. El 17 de abril, el general Elío invitó al monarca a recobrar sus derechos, poniendo tropas a su disposición. Fernando VII declaró nulas la Constitución y todas las leyes de las Cortes de Cádiz, restaurando las viejas instituciones. Los liberales comenzaron a ser perseguidos y muchos de ellos se exiliaron. Consciente de que los tiempos estaban cambiando, Fernando VII optó por dejarse aconsejar por sus secretarios.
El Trienio Liberal y la Década Ominosa
En 1820 el teniente coronel liberal Rafael del Riego se alzó en Cabezas de San Juan (Sevilla) logrando la adhesión de numerosas ciudades. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812.
El Trienio Liberal (1820-1823)
Este periodo se caracterizó por una agitación política y la oposición al gobierno liberal. El rey utilizó todos los recursos disponibles para obstaculizar las reformas liberales, al tiempo que, en secreto, solicitaba una intervención extranjera. Los propios liberales se dividieron en:
- Moderados (“doceañistas”): dispuestos a reformar la Constitución para hacerla más conservadora.
- Exaltados (“veinteañistas”): partidarios de un desarrollo constitucional progresista.
Los miembros de la Santa Alianza (Austria, Prusia, Rusia y Francia) se reunieron en el Congreso de Verona (1822) y encargaron a Francia enviar un ejército, Los Cien Mil Hijos de San Luis, que apenas encontró resistencia cuando invadió el territorio español. Fernando VII recuperó sus plenos poderes, siendo la Constitución de 1812 nuevamente abolida.
La Década Ominosa (1823-1833)
Comenzó con la reanudación del gobierno absolutista y una dura represión contra los liberales. Los absolutistas más radicales (“apostólicos”) se agruparon en torno a Carlos, hermano del rey y heredero de la Corona hasta que en octubre de 1830 nació Isabel, primera hija de Fernando VII, quien poco antes había promulgado la Pragmática Sanción que, al eliminar la Ley Sálica, permitía la sucesión femenina.
En 1833 el rey moría e Isabel era reconocida como heredera; y su madre, María Cristina, ejerciendo la regencia, comenzó a gobernar apoyándose en los liberales. Los carlistas no aceptaron la situación y pusieron en marcha una guerra civil.
La Emancipación de la América Española
En la América española había culminado el proceso de emancipación. La sublevación estuvo dirigida por los criollos, que constituían una minoría enriquecida gracias a sus extensas propiedades agrícolas y al comercio. Se sentían discriminados, ya que el Gobierno de Madrid les excluía de los principales cargos políticos, al tiempo que les impedía el libre comercio. Las nuevas ideas ilustradas del siglo XVIII y el ejemplo de la independencia de las colonias norteamericanas avivaron el descontento.
Fases del Proceso Independentista
En Buenos Aires los criollos depusieron al virrey y crearon una junta, con el liderazgo de José de San Martín (1810). Los mismos sucesos se reprodujeron en 1811 en Nueva Granada, con Simón Bolívar, y en otras zonas, salvo en Perú y Nueva España.
En 1814, tras el regreso de Fernando VII, se mandaron soldados al mando del general Morillo. Consiguieron controlar todo el territorio, excepto el Río de la Plata. Pero en 1816:
- Bolívar conquistó Venezuela y Colombia.
- San Martín cruzó los Andes y tomó Chile.
Morillo solicitó el envío de tropas desde España, pero el pronunciamiento de Riego (1820) lo impidió. Bolívar y San Martín convergieron en Perú, derrotando a las tropas españolas en la batalla de Ayacucho (1824).
En México, los criollos controlaron la rebelión de las clases populares y lideraron el movimiento separatista; tras la monarquía de Agustín de Iturbide, el país se convirtió en una república independiente (1824). Este proceso afectó de manera negativa al comercio español y supuso la pérdida de una importante fuente de ingresos para la Hacienda Real. Cuando acabó el reinado de Fernando VII (1833), del antiguo imperio colonial sólo quedaban Cuba, Puerto Rico y Filipinas.