La poesía española de posguerra: de la poesía oficial a la poesía social y el grupo del 50

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La poesía española de posguerra

Tras la Guerra Civil, la poesía española atravesó una etapa marcada por la censura, la represión y la búsqueda de nuevas formas de expresión. Durante los años 40 y 50 se produjo una fractura entre la poesía que tenía mayor prestigio en el régimen franquista, representada por autores como Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Luis Cernuda, y la poesía de intención, que se desarrolló en otros ámbitos.

La lírica del exilio (1939-1975)

En la lírica del exilio, el tema clave es la pérdida de la patria. Al principio, se expresa con un sentimiento apasionado, desgarrado y visionario por la pérdida de la patria; más tarde, aparece un sentimiento nostálgico, meditativo e idealizado. Los poetas más destacados del exilio son Jorge Guillén, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre, y un poeta peculiar con antecedentes de la generación fue León Felipe.

La lírica del interior

En la lírica del interior aparecen dos tendencias:

La poesía oficialista

Por un lado, la poesía oficialista, que exaltaba los valores de la nación y el régimen franquista. Destaca la revista poética Escorial, financiada por la Falange, y poetas como Dionisio Ridruejo y Leopoldo Panero. Esta poesía era optimista, con temas patrióticos y familiares, de estilo clasicista y con predilección por el soneto.

Las estéticas marginales y minoritarias

Por otro lado, se encontraban las estéticas marginales y minoritarias, que enriquecieron un panorama poético estancado. Los tres grupos más representativos fueron:

  • El culturismo esteticista del grupo Cántico de Córdoba, que conectaba con el modernismo y la Generación del 27. Defendían la sensualidad y los temas eróticoamorosos, dentro de un estilo muy refinado. Destacan Pablo García Baena y Juan Bernier.
  • El vanguardismo irracionalista, con el Postismo y el neosurrealismo de Miguel Labordeta.
  • La poesía existencial, que fue la reacción de mayor alcance contra la poesía oficialista, ya que puso las bases de la poesía social de la siguiente década. Los temas que trata son el sufrimiento humano y la protesta contra el caos y las injusticias del mundo. Destacan Dámaso Alonso (Hijos de la ira), Victoriano Crémer, Eugenio de Nora (de la revista poética Espadaña) y Gloria Fuertes.

La poesía social (años 50-60)

En la década de 1950-1960 se impuso la poesía social, de corte comprometido o socialrealista. El poeta social es el portavoz del sufrimiento colectivo y de los males sociales. Esta poesía trata temas como la denuncia del dolor y las injusticias sociales que había en la España de la posguerra. En cuanto a su estilo, el lenguaje es poético con tono narrativo, cotidiano y coloquial, a veces deliberadamente prosaico. Los poetas sociales más destacados son Blas de Otero y Gabriel Celaya. El primero destaca por la maestría formal de sus poemas y por la permanencia en ellos de un fondo meditativo y existencial; una obra suya es Pido la paz y la palabra. Celaya destaca por su aguda conciencia política y poética, y por su expresión conversacional, llena de vitalidad y hedonismo; destaca su obra Cantos íberos. Otros poetas sociales importantes fueron Ramón de Garciasol y López Pacheco.

El grupo poético de los 50 (años 60-70)

En la década de 1960-1970 surge el llamado grupo poético de los 50, con autores como Ángel González, Jaime Gil de Biedma y Francisco Brines. Estos poetas conservan la intencionalidad crítica de los autores sociales, pero para ellos la poesía no es un altavoz que comunique a los lectores los males sociales, sino un instrumento de conocimiento y de meditación acerca de ellos mismos y del mundo que los rodea. Los temas que más aparecen son el intimismo, lo cotidiano (infancia, amistad, paraíso, familia) y el recuerdo. Usan un tono reflexivo y melancólico, pero también irónico. En cuanto a estilo, el poema suele presentarse como una charla o diálogo implícito con el lector. Destacan Moralidades de Gil de Biedma y Aún no de Brines.