Poemas in vita garcilaso

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3.La lírica en el primer Renacimiento

Durante el primer Renacimiento, la lírica experimenta una importante evolu­ción, tanto en sus temas como en sus formas. El impulsor de esta revolución lite­raria fue, como sabes, Garcilaso de la Vega.

  1. Garcilaso de la Vega

La obra de Garcilaso -breve, pero de gran calidad- está formada por tres églo­gas, treinta y ocho sonetos, dos elegías, cuatro canciones y una oda.

Garcilaso introdujo con enorme éxito las formas italianas en la poesía espa­ñola. Es un poeta petrarquista, tanto en la forma (nuevos versos y estrofas como el soneto)
Como en el contenido, de acusado neoplatonismo. El poeta aprendió de la poesía italiana que la forma -muy cuidada, rozando la perfección- no de­bía ser más importante que la emoción lírica. Eso le convierte en nuestro primer poeta moderno.

Contenido

La producción de Garcilaso es casi exclusivamente de temática amorosa. El es­critor presenta dos actitudes ante el amor (al igual que ocurría ya en Petrarca):

  • Poemas in vita, escritos en vida de Isabel, su amada:
    Nos muestran un amor desengañado ante el rechazo de la dama. Aparecen los celos en al­gunas composiciones.

Poemas in morte, compuestos tras la muerte de Isabel: nos transmiten un amor dolorido por su definitiva imposibilidad. A veces se recuerda con nos­talgia el tiempo pasado, como si la relación hubiese llegado a ser plena en al­gún momento.

Estilo

Garcilaso destaca por la búsqueda de la perfección. Entre las características más representativas de su poética sobresalen la musicalidad, la suavidad (sobre todo en la adjetivación -casi siempre por medio de epítetos: verde prado, cristalino río-) y la elegancia. En su estilo se aúnan elementos retóricos procedentes de la tradición literaria castellana (anáforas, paralelismos...) con otros de origen italiano (parado­jas, antítesis y epítetos). Veámoslo en los siguientes sonetos.


El soneto V se divide en dos partes claramente diferenciadas. Los cuartetos presentan un tono aún muy cercano a la lírica cancioneril precedente: muestran la imagen del ges­to de la amada, que ha sido grabado en el alma del poeta. Este no acaba de entender, pe­ro lo acepta por fe, dando cuenta de la naturaleza divina de la dama. Los tercetos, contundentes, exponen la idea de la fidelidad del enamorado, que cifra toda su vida en su amada. La declaración de amor es poderosísima, con un ritmo esticomítico (cada idea se expone en un verso independiente) que refuerza las afirmaciones.

Escrito está en mi alma vuestro gesto y cuanto yo escribir de vos deseo: vos sola lo escribisteis; yo lo leo tan solo que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto, que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, de tanto bien lo que no entiendo creo, tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir, y por vos muero.

Poesía lírica del Siglo de Oro. Cátedra, Madrid, 1995.

El soneto XIII presenta la metamorfosis de la ninfa Dafne en laurel. Apolo ha desa­fiado a Cupido y éste, en venganza, manda flechas de amor a Apolo y de desdén a Daf­ne, que rechaza al dios. Apolo la persigue, pero ella pide auxilio a Peneo, quien la transforma en laurel. Apolo llorará la pérdida de su amada y adoptará el laurel como símbolo. La his­toria mitológica se aplica a la propia vivencia del poeta, que sufre una situación similar. El poema es notable por su musicalidad, conseguida con la aliteración y la similicaden- cia; recoge tan solo la transformación de la ninfa.

A Dafne ya los brazos le crecían, y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que el oro oscurecían.

De áspera corteza se cubrían los tiernos miembros, que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía el árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!

¡Que con llorarla crezca cada día la causa y la razón por que lloraba!

Garcilaso de la Vega: Poesía castellana completa.

Cátedra, Madrid, 2002.