Platón: La Metáfora del Sol y la Idea de Bien en la Filosofía Griega
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El Ascenso del Alma y la Analogía del Sol en Platón
El ascenso al mundo de arriba y el sol equivalen al movimiento psicagógico de la dialéctica ascendente. Este proceso implica que la mente alcanza gradualmente niveles de objetividad, universalidad y abstracción, que la acercan a la Verdad. Dicho movimiento hace posible el retorno del alma al mundo inteligible, "iluminado" por una luz de carácter racional-divino: la Idea de Bien.
Platón propone una comparación estructural y sistemática entre, por un lado, el Bien, la Verdad y las Formas inteligibles, y por otro lado, el sol, la luz y lo visible. La utilización de esta analogía o metáfora heliológica es necesaria debido al desfase que existe entre las capacidades intelectuales de los hombres y la cuestión inaccesible, por elevada, del Bien.
De ahí la necesidad de que el filósofo alcance el conocimiento del Bien de acuerdo con su programa político-filosófico (la tesis del rey-filósofo), mediante la vía de la dialéctica. Pues solo a través del filósofo tienen acceso al Bien aquellos que nunca han visto la Justicia, la Belleza, la Virtud en sí...
Los Dos Mundos y el Símbolo del Sol
Para introducir el sol como símbolo del Bien, Platón da por supuesto que hay dos mundos o dos esferas diferentes:
- El mundo inteligible, constituido por las Formas, las Ideas o estructuras esenciales de las cosas.
- El mundo sensible, es decir, el mundo característicamente móvil e inestable, dado inmediatamente a la sensibilidad.
Dentro del ámbito sensible, se destaca la visión como un tipo relativamente superior de sensación. Como se ha dicho: "este ojo ve en aquella luz su propia naturaleza, sus propios orígenes. El ojo es celestial por su propia naturaleza. De aquí que el hombre se eleve por encima de la tierra solo con el ojo; de aquí que la teoría comience por la contemplación de los cielos" (ver nota 2 al pie). La visión precisa del ojo y del objeto visible, pero, además, de un tercer elemento: la luz. La luz es la condición de posibilidad de la visión.
El Alma, el Conocimiento y el Bien como Causa
La analogía se extiende: el ojo es el alma. Y si el ojo necesita de la luz para ver, también el alma precisa que sus objetos estén "iluminados" por la Verdad y el Ser, de modo que devengan estructuras estables, esto es, Formas o Ideas, sobre las que es posible el conocimiento, alejadas de la oscuridad que rodea a todo lo que está sujeto a continuo cambio.
El alma solo puede producir opiniones sujetas a cambio. El verdadero conocimiento se encuentra no en el alma, sino en las Ideas que esta contempla. Y de la misma manera que la causa de la luz es el sol, la causa de la inteligibilidad de las esencias o de las Ideas es el Bien.
La Dimensión Ontológica y Teológica del Bien
Pero el sol no es solo la causa de la visión del ojo, sino que es la causa de la existencia de la luz, del ojo y de lo que el ojo ve (los objetos). El sol es el principio de la generación, crecimiento y alimentación del universo.
Así, llevando hasta el final la lógica o el sistema de la metáfora heliológica, el Bien sería también, por su parte, causa del Ser de lo Inteligible. Es la causa tanto ontológica como epistemológica de todo cuanto existe. El Bien, como principio de todo, está más allá de toda esencia, es trascendente a todo; esto es, la Idea de Bien adquiere una dimensión teológica y es como la Idea de Dios en Platón.