Nietzsche: La Moral del Resentimiento y la Rebelión de los Esclavos
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La Rebelión de los Esclavos y la Moral del Resentimiento
La moral de los esclavos, según Nietzsche, surge cuando el resentimiento se vuelve creador y engendra nuevos valores. Imposibilitados de la acción directa, su resentimiento les lleva a desquitarse con una venganza imaginaria. Mientras la moral noble nace de la autoafirmación, la de los esclavos está impulsada por el resentimiento y la negación de lo ajeno. En esencia, no actúa, reacciona.
El Hombre Noble frente al Hombre del Resentimiento
El hombre noble se caracteriza por ser franco, ingenuo, honesto y veraz. No actúa contra nadie ni siente odio, sino un cierto desprecio negligente y despreocupación por lo distinto, sin considerarlo enemigo. Nietzsche señala que la inconsciencia heroica fue la causa cultural del final del heroísmo, de la extinción de la moral heroica y del tipo de mundo que la posibilitaba. Por el contrario, el hombre del resentimiento es todo lo opuesto: venera la inteligencia, caricaturiza lo diferente, lo concibe como enemigo y lo define como “malvado”, juzgando como bueno su antítesis.
La Victoria de la Moral de los Esclavos y sus Consecuencias
Nietzsche no niega que los hombres “nobles”, mostrando entre ellos delicadeza, fidelidad, orgullo, amistad y respeto, actúen fuera de su círculo como animales de rapiña. Sin embargo, la victoria de los esclavos supone un retroceso para la humanidad. Siempre será preferible temer y admirar que no temer y sentir náuseas del hombre actual, manso, mediocre y envenenado.
Hemos perdido el miedo al hombre porque también hemos perdido el respeto, el amor, la fe y la esperanza en él. Estamos cansados del hombre plácido, manso, prudente, mediocre, chino, cristiano… El empequeñecimiento y la nivelación del hombre europeo hacen perder la fe en el hombre y nos abocan al nihilismo. El débil interpreta su debilidad (su bondad) como un acto de libertad e imputa al fuerte la responsabilidad de no querer ser débil. Es absurdo pretender que el fuerte no manifieste su fuerza, al igual que el débil su debilidad. Un claro ejemplo es la relación entre las aves de rapiña y los corderos.
Los débiles se consideran mejores que los poderosos porque han elegido libremente ser lo que son y porque les irá mejor al haber sido “elegidos” por Dios. Estos artistas del lenguaje y pérfidos maestros del engaño no dicen odiar a su enemigo, sino la maldad; no esperan venganza, sino la victoria de la justicia, y tratan de convertir su miseria en felicidad con la espera del Juicio Final.
La Verdadera Aspiración de los Débiles
Pero no nos dejemos engañar: los débiles aspiran únicamente a ser fuertes, aunque para ello tengan que esperar mucho, incluso más allá de la muerte, para poder ver recompensado su odio eterno con el dolor eterno del enemigo, sirviéndoles la fe ya como anticipo de felicidad.
El Legado Histórico y la Esperanza de Cambio
La lucha entre lo bueno y lo malo, entre Roma y Judea, hace tiempo que se ha decantado a favor de la segunda, aunque en algunos lugares sigue librándose. La esperanza renacentista de una vuelta del ideal clásico, de una manera “noble” de valorar, desapareció con la Reforma Protestante y la Revolución Francesa. La última manifestación de esa otra vía, auténticamente redentora, la encontramos en Napoleón, esa síntesis de inhumanidad y Superhombre. ¿Hay esperanza de cambio? ¿No debemos desearlo con todas nuestras fuerzas?