Nietzsche: Contexto Histórico, Social y Cultural del Siglo XIX

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Contexto Histórico, Social y Cultural de Nietzsche en el Siglo XIX

a) Contexto histórico y cultural. El filósofo alemán Friedrich Nietzsche vivió durante la segunda mitad del siglo XIX (1844-1900). Este es un período convulso en el que culminan grandes procesos de transformación político-social, como el proceso de industrialización creciente en Europa, los conflictos sociales entre burguesía y proletariado cada vez más violentos, o el auge de los nacionalismos. En definitiva, una época en la que empiezan a entrar en crisis los grandes ideales de la Ilustración, y de la que N. será uno de sus mayores críticos.

Economía y Sociedad

Durante el período indicado, en el aspecto social, como respuesta a la progresiva industrialización se desarrollan los grandes movimientos obreros europeos así como la politización de éstos en torno a las ideas anarquistas, socialistas y comunistas. Sin embargo, N., a diferencia de Marx, apenas prestó atención a estos movimientos y, cuando lo hizo, fue para descalificarlos en tanto que doctrinas partidarias de la moral de esclavos. Ya en el último cuarto de siglo se va consolidando la segunda Revolución industrial, marcada por el progreso que supuso el descubrimiento de la electricidad y su uso técnico, y que situará a Alemania en poco tiempo como primera potencia económica, hecho que tampoco escapará a la crítica de nuestro filósofo. De esta forma, si el siglo XIX se caracteriza por fuertes movimientos sociales y políticos, N. defiende el individualismo y la heterogeneidad. En definitiva, el pensamiento nietzscheano se enmarca en el contexto de una sociedad que el autor considera decadente.

Política

Desde los comienzos del siglo XIX, Europa fue agitada por ideas nacionalistas e imperialistas que, aun desarrollándose de manera diferente en cada país, llevará, en un lapso de pocas décadas, a un trágico desenlace común: la Primera Guerra Mundial (1914- 1917). En esta época de transición, N. tuvo una capacidad premonitoria de la inminencia de las catástrofes que cambiarían los valores y el modo de vivir de los europeos del siglo siguiente. Desde el punto de vista histórico, en la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar la unificación política de Alemania (1862-1866), teniendo como eje el reino de Prusia, de donde N. es originario. Este nuevo Estado con tendencias expansionistas se aglutina en torno a un ensalzamiento del espíritu alemán que N. siempre repudió. [A este respecto Alemania llevó a cabo diferentes intervenciones políticas y bélicas que contribuyeron a romper el mapa europeo fijado por el Congreso de Viena (1815), tras las guerras napoleónicas. Alemania entró en guerra contra los austriacos y los franceses obteniendo la victoria de Sadowa -en la que participó el propio Nietzsche en tareas auxiliares-, por la que se anexionó diversos territorios, antes independientes y bajo dominio austriaco, y las de Sedán y Metz, con las que se completó la unificación alemana.]. Paralelamente, se va introduciendo en Alemania la democracia parlamentaria, sistema que N. considera decadente porque favorece el ascenso social de los mediocres, los hombres de partido, e impide el desarrollo de los espíritus fuertes y libres, como su admirado Napoleón Bonaparte. De hecho, N. critica incluso el Estado, que es creado, según él, por los débiles para protegerse y defenderse de los fuertes, así como los procesos electorales, que permiten decidir a los ignorantes. A pesar de esto N. no es ningún anarquista, él defiende una aristocracia de los doctos y fuertes.

Cultura

En cuanto a la cultura, se asiste a la continuación del Romanticismo (desde la primera mitad de siglo) y de otros ísmos en pintura, música y literatura. Para Alemania el movimiento romántico supuso, sobre todo en la música, el apogeo de un arte nacional. En este campo tiene una especial relevancia Richard Wagner, muy admirado por N. y durante un tiempo amigo personal suyo, cuyas ideas de regeneración moral y rendición por el sacrificio están patentes en sus grandes óperas. En Italia, Giuseppe Verdi tendrá un papel semejante al de Wagner como símbolo de la conciencia nacional. Pero también comienza, en paralelo con la pintura, el impresionismo musical con Debussy. En la pintura surgen el naturalismo, que intenta reflejar con fidelidad la realidad tanto social como natural, y el impresionismo, que busca en la descomposición de la luz y el color impresionar nuestras retinas. En la literatura se imponen el naturalismo y el realismo con autores como Balzac, Stendhal, Emile Zola, Galdós, Tolstoi o Dostoievski, quien apasiona a Nietzsche por su perspicacia psicológica. La arquitectura, sin embargo, carece de originalidad, basándose en movimientos anteriores como el gótico o el barroco.