La Naturaleza y el Destino del Alma en la Filosofía de Platón
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Las tres partes del alma
Para Platón, el alma consta de tres partes, entendidas como funciones: la parte racional, la irascible y la concupiscible. La parte racional, viene representada en el mito del carro alado por el cochero, y consiste en conocer, dirigir y guiar a las otras dos. La parte irascible está representada por el caballo bueno y hermoso que se deja conducir fácilmente. La parte concupiscible está representada por el caballo malo, difícil de guiar. Por eso, es fácil que el cochero, aun estando apoyado por el caballo dócil, pierda el equilibrio debido al caballo malo.
Platón está tratando de resolver el problema de lo racional (alma intelectiva) y lo irracional (alma irascible y concupiscible) en el hombre, y está aludiendo a la necesidad de que lo racional gobierne sobre lo irracional.
La inmortalidad del alma
Platón demuestra la inmortalidad del alma con varios argumentos:
Sucesión de contrarios
A cada cosa le sucede su contrario. A la muerte debe suceder la vida.
Participación del alma en la idea de la vida
Cada cosa, en cuanto participa en una idea, no puede acoger en sí la idea contraria. El alma participa de la idea de la vida, por lo que no puede tener en sí su contrario, la muerte.
La semejanza con las ideas
Mientras está unida al cuerpo, tiende constantemente hacia el mundo de las ideas. Es semejante a las ideas y, por lo mismo, es inmaterial, simple e indivisible; por tanto, no se puede descomponer.
La reminiscencia
Para Platón, conocer es recordar. El alma conoce después de nacer, lo que significa que recuerda, y esto implica que preexiste antes de nacer. Si preexiste, también sobrevive después de la muerte.
El dominio sobre el cuerpo
Si el cuerpo y el alma se destruyen con la muerte, aquellos que no hayan dominado las pasiones y hayan cometido maldades quedarían perdonados al morir; entonces el bien y el mal quedarían sin premio ni castigo, lo que sería injusto.
El destino último del alma
Las almas que se dejan guiar por lo que es justo y recto, las que filosofan y conocen el mundo ideal, vuelven a su lugar de origen, en donde preexistían.