El Mundo Transformado: Auge y Consecuencias de la Revolución Industrial

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Definición de Revolución

Es todo proceso de cambio profundo y total que se produce en un corto espacio de tiempo. Las revoluciones económicas tienen transformaciones más profundas y decisivas.

Revolución Industrial

Es el conjunto de cambios económicos y tecnológicos ocurridos a partir del siglo XVIII, iniciándose en Gran Bretaña. Se compone de varias etapas (tres).

La primera etapa (c. 1750-1850) se desarrolló principalmente en Inglaterra. La máquina sustituyó progresivamente el trabajo humano. Aparecieron nuevas fuentes de energía, como el vapor. Se desarrollaron nuevos transportes (ferrocarril y barco de vapor) y supuso un fuerte cambio social (aparición de la burguesía industrial y el proletariado).

La segunda etapa (c. 1870-1914) se inició también en Inglaterra pero se extendió rápidamente a otros países de Europa, EE. UU. y Japón. Surgió el capitalismo financiero. Sus fuentes de energía características fueron el petróleo y se comenzó a utilizar masivamente la electricidad. Supuso la entrada a un periodo de mayor competencia económica y tensiones internacionales.

Causas de la Revolución Industrial

Revolución Demográfica

Es el proceso de crecimiento sostenido de la población europea durante los siglos XVIII y XIX, que supuso un aumento drástico de la población, especialmente entre 1750 y 1850. Las causas de este aumento fueron principalmente el aumento de la producción de alimentos y ciertas mejoras en la higiene y la medicina, lo que hizo más resistente a la población ante enfermedades y evitó grandes epidemias. Se produjo una disminución drástica de la mortalidad (especialmente la infantil), un ligero aumento o mantenimiento de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida.

Revolución Agrícola

El aumento de la población creó un aumento de la demanda de alimentos, que se tradujo en un alza de los precios agrícolas y estimuló a los propietarios a aumentar la producción. Esta mejora de la producción se debió a varias transformaciones:

  • La privatización del suelo: Las leyes de cercamiento (Enclosure Acts) en Gran Bretaña pusieron fin al antiguo sistema señorial y a los campos abiertos (open fields), convirtiendo la tierra en propiedad privada en la que sus dueños podían realizar las transformaciones que deseasen para aumentar la rentabilidad.
  • Los nuevos métodos y técnicas de cultivo: El sistema Norfolk (rotación cuatrienal sin barbecho, alternando cereales con plantas forrajeras como nabos y trébol) permitió abandonar el barbecho y aumentar la cabaña ganadera (que aportaba más estiércol). Además, se introdujeron progresivamente nuevas herramientas (sembradoras, trilladoras mecánicas) y nuevos fertilizantes (guano).
  • Los nuevos cultivos: La introducción y difusión de nuevos cultivos como el maíz y la patata, junto con la expansión de la ganadería (gracias a las plantas forrajeras), ofrecieron a la población una dieta más rica y variada.

Revolución de los Transportes

Fueron una serie de mejoras e innovaciones que transformaron radicalmente los sistemas de transporte y estimularon enormemente el comercio. Inicialmente, el ferrocarril se usaba en las minas para el transporte de minerales. En 1829, George Stephenson perfeccionó la locomotora de vapor. La primera línea de pasajeros importante se creó en 1830 (Liverpool-Manchester). En las décadas posteriores, se construyó una extensa red ferroviaria en Gran Bretaña y Europa, lo que impulsó el comercio interior al ser un medio rápido, seguro y relativamente barato. Más tarde, el vapor se adoptó en el transporte marítimo con los barcos de vapor, que comenzaron a funcionar eficazmente desde principios del siglo XIX (el primer servicio regular transatlántico data de 1838), lo que supuso un gran aumento del comercio exterior gracias a su mayor velocidad y capacidad de carga.

Revolución del Comercio

Como consecuencia de la mejora de los transportes y el aumento de la producción, se produjo un importante auge del comercio. La Revolución Industrial provocó el paso de una economía agraria y rural a una industrial y urbana, y el cambio a una economía de mercado (donde se produce para vender), impulsado por el crecimiento de la población, el aumento de la producción y la mejora relativa del poder adquisitivo de algunos sectores populares. El comercio interior se vio favorecido gracias a la mejora de las carreteras y canales, y sobre todo, a la aparición del ferrocarril. Se creó un mercado nacional integrado. El comercio exterior creció considerablemente gracias a la mejora del transporte marítimo y a la capacidad industrial para producir excedentes. Mientras unos países defendían la libertad de comercio entre países (librecambismo), otros aplicaban políticas proteccionistas para defender su industria nacional frente a la competencia exterior.

Desarrollo de la Revolución Industrial

Primera Etapa (c. 1750-1850)

En el Reino Unido, a partir de 1750, a los factores ya mencionados (revolución demográfica, agrícola, de transportes y comercio) se sumó un proceso clave de innovaciones tecnológicas. Este consistió en la sustitución de las energías tradicionales (humana, animal, hidráulica, eólica) y las herramientas y máquinas antiguas por otras nuevas que aumentaban la producción y disminuían los costes, lo que suponía un mayor beneficio para los empresarios. El invento clave será la máquina de vapor de James Watt en 1769, que permitió usar la energía del vapor para mover máquinas de forma eficiente. A partir de este momento se produjo una progresiva mecanización de la producción. Sus consecuencias son la aparición del sistema fabril (factory system): la concentración de máquinas y trabajadores (obreros) en grandes edificios, las fábricas. Esto implicó una nueva organización del trabajo, caracterizada por la división de tareas y la disciplina horaria, donde el obrero realizaba un trabajo a menudo monótono y repetitivo bajo el ritmo impuesto por la máquina.

El sector textil algodonero fue uno de los primeros en los que se aplicaron estas mejoras e innovaciones. Entre las innovaciones destacaron la lanzadera volante de Kay (1733), las máquinas de hilar como la Spinning Jenny de Hargreaves (c. 1764) y la Water Frame de Arkwright (1769), y el telar mecánico de Cartwright (1785). Estas máquinas, cada vez más perfeccionadas y movidas por energía hidráulica o vapor, aumentaron drásticamente la producción de hilo y tejido de algodón.

La siderurgia (producción de hierro) también fue un sector pionero. La producción de hierro se disparó gracias al uso del carbón de coque (un carbón mineral de alto poder calorífico), a partir del proceso de Darby (1709, aunque generalizado más tarde). Más tarde, Henry Cort inventó la pudelación y el laminado (1784) para producir hierro de mayor calidad. Ya en la segunda etapa, Henry Bessemer inventó un convertidor (1856) que permitía fabricar acero (hierro con carbono, más resistente y elástico) de forma masiva y barata. Para hacer frente a la creciente demanda se crearon nuevos procesos de tratamiento del mineral y se aumentó la extracción en las minas.

Segunda Etapa (c. 1870-1914)

Esta segunda fase del proceso de industrialización mundial comenzó hacia 1870. Se caracterizó por la consolidación de nuevas potencias industriales (Alemania, EE. UU., Japón) junto a las ya existentes (Gran Bretaña, Francia, Bélgica), y por la aparición y aplicación de nuevas fuentes de energía: la electricidad y el petróleo, que complementaron y en algunos sectores sustituyeron al carbón y al vapor.

El uso de la electricidad se generalizó gracias a inventos como la dinamo (Gramme, 1869), el alternador y el transformador, que permitieron su producción y transporte eficientes. La electricidad fue usada en la industria (motores eléctricos), los transportes (tranvías, metros), la iluminación (bombilla de Edison, 1879), las comunicaciones (telégrafo, teléfono, radio) y permitió el desarrollo de numerosos aparatos domésticos.

El uso del petróleo comenzó a usarse masivamente a finales del siglo XIX, impulsado por la invención del motor de explosión (o de combustión interna). Este fue usado en automóviles (Daimler y Benz, 1885), barcos y, más tarde, en la aviación (hermanos Wright, 1903).

La metalurgia experimentó grandes avances con la producción masiva de acero (convertidor Bessemer, horno Martin-Siemens) y el desarrollo de nuevos metales como el aluminio. Gracias a esto, la industria automovilística consiguió una gran expansión.

La industria química se desarrolló enormemente por la aparición de nuevos productos de todo tipo (colorantes sintéticos, explosivos como la dinamita, abonos químicos, fibras artificiales), especialmente los derivados del petróleo (gasolina, plásticos). El cemento armado permitió la construcción de grandes infraestructuras y los primeros rascacielos.

Consecuencias de la Revolución Industrial

La Nueva Organización Empresarial y del Trabajo

A finales del siglo XIX surgió un nuevo modelo de empresa y de organización del trabajo. Se define por los nuevos métodos de trabajo y producción (taylorismo, fordismo) y por la concentración empresarial (cártel, trust, holding).

Dentro de los nuevos métodos de trabajo surgieron sistemas para aumentar la productividad. La organización científica del trabajo o taylorismo (por F.W. Taylor) buscaba eliminar tiempos muertos mediante la división del proceso productivo en tareas muy específicas y cronometradas. El obrero quedaba reducido a realizar movimientos mecánicos y repetitivos. Sería Henry Ford el que la aplicó de forma sistemática en sus fábricas de automóviles con la introducción de la cadena de montaje (fordismo), que permitía la producción masiva y estandarizada (fabricación en serie).

Paralelamente, se produjo una fuerte concentración empresarial para controlar los mercados, eliminar la competencia y maximizar beneficios. Esta adoptó diversas formas:

  • Cártel: Acuerdo entre empresas del mismo sector para fijar precios o cuotas de producción.
  • Trust: Fusión de varias empresas bajo una misma dirección para dominar un sector.
  • Holding: Sociedad financiera que posee acciones de diversas empresas y controla sus actividades.

El Nuevo Modelo Económico: Capitalismo Industrial y Financiero

La Revolución Industrial consolidó el capitalismo industrial, un sistema económico que surgió en Gran Bretaña y se expandió por Europa, EE. UU. y Japón durante el siglo XIX. Estaba apoyado doctrinalmente por el liberalismo económico. Sus principios básicos fueron definidos por el economista escocés Adam Smith en su obra La riqueza de las naciones (1776). Sus principios básicos son:

  • La búsqueda del máximo beneficio individual como motor de la economía.
  • El mercado se regula por sí mismo mediante la interacción de la oferta y la demanda (ley de la oferta y la demanda), que fija los precios.
  • El Estado no debe intervenir en la economía (laissez faire, laissez passer) y debe practicar el librecambismo (libre comercio entre países).
  • Los medios de producción (fábricas, máquinas, capital) son propiedad privada de un grupo reducido (la burguesía) que emplea a obreros (el proletariado) a cambio de un salario.

En este sistema se producen periódicas crisis económicas, debidas a menudo a desajustes entre oferta y demanda que llevaban a la quiebra de empresas por el exceso de producción (crisis de sobreproducción).

Bancos y Finanzas

Los bancos cobraron una gran importancia durante el desarrollo del capitalismo industrial y, especialmente, en el capitalismo financiero de la Segunda Revolución Industrial. Los bancos captaban el ahorro de los particulares y lo canalizaban hacia la industria mediante préstamos a empresas o invirtiendo directamente en ellas (compra de acciones). A causa del aumento de la competitividad y el tamaño de las empresas, un solo propietario a menudo no era capaz de hacerse cargo de la alta inversión que requerían. Por ello aparecieron y se generalizaron las Sociedades Anónimas (S.A.). En ellas, el capital necesario se divide en pequeñas partes llamadas acciones, que pueden ser compradas y vendidas por inversores en la Bolsa de valores.

La Expansión del Capitalismo Industrial

Durante el siglo XIX, la industrialización y el capitalismo se expandieron desde Gran Bretaña. Los primeros países en seguir el modelo británico fueron Bélgica y Francia (first comers). Más tarde, durante la Segunda Revolución Industrial, se industrializaron con fuerza Alemania, EE. UU. y Japón, y de forma más tardía e incompleta, Rusia e Italia (latecomers). El modelo que adoptaban estos últimos a menudo implicaba una gran concentración empresarial, una mayor importancia de los bancos, una fuerte base tecnológica y, en algunos casos (como Alemania o Japón), un mayor papel impulsor del Estado. La industrialización, sin embargo, no llegó de forma significativa a gran parte del sur y el este de Europa hasta bien entrado el siglo XX.

La Nueva Sociedad Urbana

Las ciudades tuvieron un crecimiento espectacular durante el siglo XIX. Este crecimiento se debió a la concentración de fábricas, mano de obra, transportes y servicios en los núcleos urbanos, atrayendo a población del campo. Se produjo un gran éxodo rural, lo que provocó un enorme aumento de la población urbana.

Se produjo una intensa modernización y remodelación urbana: se derribaron murallas, se abrieron amplias avenidas y calles (planes de ensanche), se construyeron nuevos edificios públicos y privados (estaciones de tren, mercados, teatros, edificios gubernamentales), y se instalaron servicios como alcantarillado, agua corriente, iluminación (primero de gas, luego eléctrica) y transporte público (tranvía, metro).

La ciudad se dividió claramente en barrios según clases sociales (segregación espacial):

  • Los barrios burgueses o ensanches, planificados, con viviendas de calidad, amplias avenidas arboladas, comercios elegantes y servicios abundantes.
  • Los barrios obreros, surgidos de forma desordenada cerca de las fábricas o en la periferia, con viviendas pequeñas, insalubres, calles estrechas y sin pavimentar, y con escasez o ausencia de servicios básicos.

Como consecuencia de este crecimiento y para facilitar la movilidad, surgieron nuevos medios de transporte urbano (tranvía, ferrocarril metropolitano o metro, y a finales de siglo, los primeros automóviles...).

El Movimiento Obrero

El movimiento obrero fue el conjunto de acciones colectivas, conflictos y reivindicaciones sociales, económicas y políticas llevadas a cabo por el proletariado industrial en Europa y otras áreas industrializadas durante el siglo XIX y principios del XX. El obrero tomó conciencia de su explotación y de sus duras condiciones de trabajo y vida (largas jornadas, bajos salarios, inseguridad, trabajo infantil, viviendas insalubres) y de su pertenencia a una misma clase social con intereses comunes (conciencia de clase). Surgió así la necesidad de organizarse y actuar para mejorar su situación.

Primeras Manifestaciones y Organizaciones

Las primeras acciones obreras fueron a menudo espontáneas y violentas, como la destrucción de máquinas (ludismo), a las que culpaban del desempleo y los bajos salarios. Destruían máquinas y fábricas durante las primeras décadas del siglo XIX.

Desde finales del siglo XVIII, los trabajadores comenzaron a crear asociaciones, como las Sociedades de Socorro Mutuo, para ayudarse mutuamente en caso de enfermedad, accidente o desempleo. Fueron frecuentemente perseguidas e ilegalizadas por el Estado liberal, que defendía la no intervención en las relaciones laborales. Además, estas asociaciones no contribuían a solucionar el problema de fondo de la explotación laboral.

A partir de 1825, año en que Gran Bretaña legalizó las asociaciones obreras (Trade Unions), se crearon los primeros sindicatos modernos. Estos sindicatos agrupaban a obreros de un mismo oficio o sector y utilizaban la negociación, la manifestación y la huelga como herramientas para conseguir mejoras laborales (aumento del salario, disminución de la jornada laboral, regulación del trabajo infantil, mejora de las condiciones de seguridad e higiene, etc.).

Ideologías Obreras

Junto a las organizaciones sindicales, surgieron ideologías que criticaban el capitalismo y proponían modelos sociales alternativos:

Marxismo

Es una teoría social, económica y política desarrollada a mediados del siglo XIX por Karl Marx y Friedrich Engels. Sus ideas principales, expuestas en obras como el Manifiesto Comunista (1848) y El Capital, son:

  • Análisis de la historia como una lucha de clases entre opresores y oprimidos (en el capitalismo, burguesía vs. proletariado).
  • Crítica a la explotación capitalista a través de la plusvalía (parte del valor del trabajo del obrero no pagada por el capitalista).
  • Defensa de la necesidad de una revolución obrera organizada para conquistar el poder político (estableciendo temporalmente una dictadura del proletariado).
  • Objetivo final: establecer una sociedad comunista, sin clases sociales, sin propiedad privada de los medios de producción y sin Estado.

Esta ideología inspiró la creación de partidos socialistas y comunistas en toda Europa, que buscaban organizar al proletariado para la toma del poder político.

Anarquismo

Es una corriente ideológica diversa, con pensadores como Pierre-Joseph Proudhon, Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin. Sus principios fundamentales incluyen:

  • La defensa de la libertad individual absoluta como valor supremo.
  • El rechazo a la propiedad privada y defensa de la propiedad colectiva o comunal.
  • El rechazo a toda forma de autoridad impuesta, especialmente el Estado, considerado incompatible con la libertad. También rechazaban la Iglesia y el Ejército.

Los anarquistas se oponían a la participación en la política parlamentaria (no creían en partidos ni elecciones). Proponían métodos de lucha diversos para destruir el Estado y el capitalismo, desde la acción directa y la huelga general revolucionaria hasta, en algunos casos (anarcocomunismo), la violencia individual (terrorismo o "propaganda por el hecho"). Fomentaron la creación de sindicatos revolucionarios (anarcosindicalismo) como base para la futura sociedad sin Estado.

El Internacionalismo Obrero

La principal consecuencia organizativa a nivel supranacional del movimiento obrero fue la creación de las Internacionales Obreras: asociaciones que buscaban unir a los trabajadores de todo el mundo para coordinar la lucha contra el capitalismo.

  • La Primera Internacional fue creada por Marx en Londres en 1864 (Asociación Internacional de Trabajadores - AIT), pero desapareció en 1876 debido a las profundas discrepancias ideológicas y estratégicas entre marxistas y anarquistas (liderados por Bakunin).
  • La Segunda Internacional fue creada en París en 1889 y agrupó principalmente a partidos socialistas marxistas de distintos países. Tenía como objetivo coordinar la acción de estos partidos y debatió grandes cuestiones como la postura ante el colonialismo o la guerra. La II Internacional creó símbolos importantes del movimiento obrero, como el himno de La Internacional y la celebración del Primero de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores. Entró en crisis y se disolvió con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.