Moderados y Progresistas: Dos Visiones del Liberalismo Español en el Siglo XIX
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Diferencias entre el Partido Moderado y el Partido Progresista
El sistema político liberal configurado por la Constitución de 1837 se articuló a través de dos grupos, el moderado y el progresista. Aunque no eran grupos con una ideología y un programa definidos, sino más bien camarillas o círculos de personalidades establecidos alrededor de líderes civiles o militares con los que compartían ciertas ideas políticas, podemos distinguir algunas características comunes en cada uno de ellos.
Liberales Moderados
Los liberales moderados (entre los que se encontraban terratenientes, grandes comerciantes, intelectuales conservadores y miembros de la alta nobleza, el alto clero y la jerarquía militar) eran partidarios de una fórmula intermedia entre el absolutismo y la soberanía popular o nacional. Consideraban que la corona debía contar con amplios poderes y que el sufragio debía ser muy limitado, con un carácter censitario de lo más restringido.
Eran partidarios de la limitación de los derechos y libertades de los ciudadanos, siendo su lema “personas de orden” (lo que significaba hacer políticas que anteponían la autoridad y el orden a todo lo demás). Además, defendían un estado centralizado que limitara el poder local de ayuntamientos y diputaciones, defendiendo la supresión de la Milicia Nacional. En cuanto a la relación con la Iglesia, la confesionalidad católica del Estado será uno de sus puntos clave.
Liberales Progresistas
Los liberales progresistas, entre los que predominaba la pequeña y mediana burguesía, la oficialidad media del ejército y las clases populares urbanas (artesanos, comerciantes y profesionales liberales), eran partidarios de la soberanía nacional y, por tanto, de aumentar la potestad legislativa de las Cortes y de una profunda reforma social y política que limitase el poder del rey en favor de estas. De ahí que su lema sea su definición como “defensores de la libertad”.
En su programa político defendían un sufragio censitario más amplio y menos restringido, la ampliación de los derechos individuales y colectivos (como el de imprenta y el de expresión), y un estado menos centralizado en el que ayuntamientos y diputaciones fuesen elegidos por sufragio, sirviéndose de la Milicia Nacional para garantizar esta autonomía. En cuanto a la relación con la Iglesia, serán partidarios del estado aconfesional. Y en lo que respecta a la política económica, serán partidarios del librecambismo (o liberalismo económico) y de la aplicación de desamortizaciones como forma de financiación de sus políticas reformistas progresistas.